Cuando se cumplen tres meses de un terremoto que dejó ocho mil muertos y una réplica que sumó mil más, Nepal intenta levantarse de sus ruinas. Por supuesto, con ayuda internacional, pero también con historias de coraje y superación como la de Ansu, una niña de ocho años decidida a que ningún temblor la aparte de su camino.

El 12 de mayo, la tierra volvió a rugir en Nepal. Los 25 niños del centro de acogida para menores con discapacidades de Hetauda comenzaron a precipitarse hacia el patio. A mitad de camino, Ansu decidió correr en dirección contraria. Alguien había preguntado por Kismat, y Ansu entendió en ese mismo momento que su amigo se había quedado dentro del edificio. Y que no iba a poder salir.

Kismat es un niño de ocho años que sufre parálisis cerebral y no se puede mover por sí mismo. Está acogido por la ONG nepalí Helpless, Disabled Child Rehabilitation Center con la colaboración de la ONG española Nepal Sonríe, en Hetauda, una ciudad a unos 80 kilómetros de Katmandú. Ansu es una niña nepalí de su misma edad que fue abandonada por sus padres en 2011. Aquella mañana de mayo, el temblor desató el pánico porque se producía menos de un mes después del terremoto que el 25 de abril segó la vida de más de ocho mil personas.

Pese a que el suelo temblaba bajo sus pies, Ansu agarró al niño de los brazos y lo sacó a rastras de su cuarto para evitar que muriese si se derrumbaba el edificio. La escena se producía ante la mirada atónita de voluntarios y enfermeras, que al verlos fuera del edificio acudieron a su auxilio. Para quienes conocen a Ansu no fue tanta sorpresa. A su corta edad se ha convertido en una madre para Kismat, a quien carga en brazos muchas veces a pesar de que apenas puede con él. Le da de comer y lo cuida, como hace con otros discapacitados, pero con Kismat parece haber conectado especialmente. La niña le dispensa la atención maternal que ella nunca recibió. En Nepal no es inusual que los padres más pobres abandonen a los niños en centros como este para que se hagan cargo de ellos. A Ansu la dejaron con su hermano mayor. A veces, algún pariente regresa para reclamarlos, pero solo para que trabajen y ayuden económicamente a la familia.

Ansu dice que quiere ser enfermera o médica de mayor. Nada le hace más ilusión que cuando le prestan un fonendoscopio para auscultar a los enfermos. Por eso estuvo tan preocupada durante el mes que la escuela permaneció cerrada. Estudiar es para ella la única posibilidad de encontrar una vida mejor. Como lo es para miles de niños nepalíes. De ahí que las ONG internacionales se estén esforzando tanto por reabrir las 25.000 escuelas que quedaron destruidas tras el terremoto. Hay más de un millón de niños que siguen sin colegio.

Tráfico ilegal de niños

Aunque hay amenazas peores. Según denuncia el grupo activista contra la trata de personas Maiti Nepal, se ha producido un incremento del tráfico ilegal de niños hacia la India para obligarlos a trabajar en burdeles o como esclavos. Cada año se estima que unos diez mil menores son víctimas de contrabando en la frontera entre ambos países. Esta cifra se podría multiplicar tras los terremotos. Para intentar controlarlo, el Gobierno nepalí aprobó un decreto el 26 de mayo para que los menores de 16 años que atraviesen la frontera deban estar acompañados por un padre o un tutor legal. Pero el fraude de los documentos es habitual.

Anuradha Koirala, quien se dedica a rescatar víctimas del tráfico sexual, tiene un centro de rehabilitación en Katmandú, que aunque afectado por el terremoto se ha mantenido en pie. Es el hogar habitual de 425 chicas. Ahora ha recogido a 200 huérfanos más. Las niñas son las más vulnerables. Se convierten rápido en objetivo para el tráfico; y en cuanto las ven desprotegidas, en víctimas de abusos y violaciones. No sé cómo, pero acogeré a tantas como pueda .

Los orfanatos están hoy especialmente desprotegidos. Por eso cobran especial relevancia anécdotas como la de Ishwor Ghimire, convertido en héroe nacional tras rescatar a 55 huérfanos en el Nepal Deprived Women and Children Centre de Katmandú. Cuando se produjo el primer y más devastador terremoto, Ghimire estaba rodeado de niños que entraron en pánico. Él, a sus 19 años, fue capaz de mantener la calma y sacarlos sanos y salvos a un patio. Lo más increíble es que él estuviera allí, justo ese día. gracias a una beca internacional, este joven nepalí pudo estudiar en una escuela de Adelaida (Australia) y ahora, antes de ingresar en la universidad, había regresado a Nepal para colaborar con el orfanato en el que él mismo había crecido.

También entre los voluntarios que asistieron a los heridos tras el terremoto ha encontrado Nepal héroes que mitiguen su dolor. Narayan Kumar Shresth, un voluntario de Cruz Roja, rescató a más de cien personas en el distrito de Dhading. A sus 39 años, padre de cuatro hijos, Narayan no dejó de acarrear heridos en las situaciones más complicadas, hasta el punto de que ahora lo llaman Ambulance Uncle, el Tío Ambulancia. Su trabajo con la Cruz Roja comenzó cuando era adolescente. Cuenta que entonces se produjeron las mayores inundaciones que ha vivido el país. Tenía solo 15 años, pero era fuerte y podía sacar a gente del río, gente que era arrastrada. Me di cuenta de que realmente podía hacer algo. Siempre puedes hacer algo .

Amigos para siempre

Ansu, de ocho años, carga con Kismat, de su misma edad y con parálisis cerebral. Ambos residen en un centro de acogida de niños con discapacidades.

Una enfermera en potencia

Ansu, que fue abandonada en un centro de Hetauda, asiste a niños en peor situación que ella. Sueña con ser médica o enfermera de mayor.

Regreso al orfanato 

Ishwor Ghimire, de 19 años, salvó la vida de 55 huérfanos en el mismo orfanato donde él creció. Ahora vive en Aumg src=”/wp-content/uploads/sites/3/2016/06/ad_167780392-590xXx80.jpg” />

El tío ambulancia

Narayan Kumar Shresth, un voluntario de Cruz Roja, llevó a cabo tantas operaciones de rescate tras el terremoto que salvó a más de cien personas. Ahora lo llaman Ambulance Uncle.

Vivir entre los escombros

Más de tres millones de personas están sin techo en Nepal, cifra que podría aumentar con el monzón. Unicef insiste en que un millón de niños necesitan ayudan humanitaria urgente.

Cómo se reconstruye un país

Decepcionante. Así ha calificado el coordinador de la ONU en Nepal, Jamie McGoldrick, la respuesta internacional a la catástrofe. Critica que se haya centrado en la búsqueda de supervivientes y se haya olvidado de la ayuda alimentaria y del cobijo.

Más de ocho millones de personas necesitan ayuda humanitaria. El Gobierno prometió entregar a cada familia sin techo 15.000 rupias (135 euros) para que pudiera comprar chapas con las que protegerse ante la inminente llegada del monzón, pero estas ayudas no están llegando a las zonas rurales.

Son pocas las viviendas de piedra y arena que quedan en pie después de los dos terremotos. El Gobierno ha reaccionado reabriendo los monumentos dañados para reactivar el turismo. Y eso, pese a las advertencias de la Unesco, que insiste en su precaria situación. El responsable del departamento arqueológico afirma que es seguro y que solo es necesario que los turistas lleven casco.

Por si fuese poco, ahora llega el monzón, una de las cinco estaciones que se viven en esa región. Las lluvias suelen dejar un reguero de víctimas -algunas, mortales- cada año. Es inimaginable lo que puede ocurrir este año, cuando ni siquiera hay techos para cubrirse y, aun menos, agua potable que pueda evitar la propagación del cólera.