El misterio que rodea a la actriz Julie Gayet, pareja del presidente de la república, François Hollande, fascina a los franceses. Ya duerme cuatro noches por semana en el Elíseo. Pero su presencia es uno de los secretos mejor protegidos. El político sabe que el futuro de su carrera depende de cómo juegue sus cartas sentimentales.Por valentina grao

El destino de Julie Gayet, de 43 años, dio un giro de 180 grados el 10 de enero del año pasado, cuando la revista francesa de cotilleo ‘Closer’ reveló su relación con el presidente de la república francesa, François Hollande.

Entonces, la actriz -divorciada y con dos hijos- se refugio en su loft del centro del París. Y casi no ha vuelto a salir. Ha tenido que pasar casi un año para que retome su carrera de actriz y, en cuanto a sus apariciones como primera dama en la sombra, Hollande las administra en dosis homeopáticas, gota a gota. En los manuales de política está todo escrito sobre cómo afrontar una crisis de gobierno. Pero no dice nada sobre qué hacer cuando el presidente tiene una crisis sentimental. Los asesores de Hollande le aconsejaron que dejara pasar el tiempo. Y eso ha hecho. Trata de que el recambio de la despechada periodista Valérie Trierweiler por esta actriz comprometida sea un fait accompli ante una opinión pública inmunizada. Política de hechos consumados.

El amor que le ha costado caro al presidente

Hollande el asunto le está costando caro en términos de imagen. Y esto, para un presidente que ya arrastraba los índices de popularidad más bajos de la historia reciente de Francia, es como decir que se vaya olvidando de la reelección, por lo menos así opina el 46 por ciento de los franceses, que creen que Gayet es un lastre para su carrera.

El ciclón Trierweiler lo arrasó todo. Al enterarse de que Hollande y Gayet se veían a escondidas, Trierweiler perdió la cabeza. Reviento. Voy corriendo al baño. Cojo una bolsa de plástico con somníferos. François me ha seguido. Intenta cogerme la bolsa. Corro a la habitación. Me coge la bolsa, que se rompe. Las pastillas se esparcen por la cama y el suelo. Recupero algunas. Me trago las que puedo -escribe en unas memorias descarnadas que se han convertido en best seller. Lo peor, el golpe que asestó a la reputación de político de izquierdas de Hollande-. Se presenta como el hombre que no ama a los ricos. En realidad, el presidente no ama a los pobres. Los llama ‘los sin dientes’ .

La furia desatada por la mujer que acompañó a Hollande en su asalto al Elíseo fascina a los franceses, pero les encandila aún más el misterio que rodea a Gayet. Un misterio que nace de una paradoja. ¿Cómo es posible que sepan tan poco de una actriz que lleva 70 películas a sus espaldas? De acuerdo con que la mayoría de sus apariciones han sido en papeles secundarios, pero la carrera de Gayet se extiende 22 años ¿por qué les resulta tan desconocida?

Al contrario que Trierweiler, es como si Gayet anduviese de puntillas por la vida. Procura no hacer ruido, pero pisa fuerte. La lista de las causas defendidas por la actriz es tan larga como una guía telefónica. ciegos, enfermos de sida, víctimas de Boko Haram Gayet lleva el compromiso en el ADN.

Es hija de un prestigioso cirujano, Brice Gayet, cofundador de Médicos sin Fronteras, y de la anticuaria Anne Faure, heredera de una dinastía industrial. Familia burguesa, pero que siempre frecuentó los círculos socialistas. De pequeña quiso ser cantante de ópera, pero a los 17 años se marchó a Londres para estudiar interpretación. La actriz estuvo casada ocho años, hasta 2006, con el escritor argentino Santiago Amigorena, con quien tuvo a sus dos hijos, hoy adolescentes. Por eso habla español. Amigorena escribió una novela con aroma autobiográfico, llena de respeto hacia su ex, nada que ver con los torpedos de Trierweiler contra Hollande.

Su filmografía incluye decenas de papeles de segunda fila. Pero es una habitual de los festivales de San Sebastián y Cannes. Su paso por la alfombra roja en la última edición fue la comidilla. Se la vio por fin relajada, después de haber soportado todo tipo de rumores. Que si habían roto, que si le había dado un ultimátum a Hollande para que se casase con ella El presidente es un soltero recalcitrante, a pesar de tener cuatro hijos con su compañera de partido Ségolène Royal, que fue su pareja antes de Trierweiler y quien en la actualidad es ministra de Ecología en su gabinete. Gayet bromeó incluso, quejándose entre risas de que ahora solo le ofrecían papeles ‘gubernamentales’. diplomática, mujer policía

La increíble agenda de contactos de la actriz. Lo cierto es que Gayet ha tenido más éxito en el networking que en la pantalla, y puede presumir de una agenda de contactos envidiable, con François Pinault, el monarca del lujo (Gucci, Yves Saint-Laurent ), entre sus mecenas. Tiene su propia productora, Rouge International (el nombre no es casual), que va camino de convertirse en un holding, lo que levanta suspicacias. Cine de izquierdas, bienpensante. Para mí, el cine es político. Siempre he sido una persona comprometida, aunque no esté inscrita en un partido político , dijo en una de las raras entrevistas que ha concedido en los últimos meses, siempre fuera de Francia.

Cine y más cine. Es de lo que más habla con Hollande, gran cinéfilo. Según la revista Elle, uno de los hijos del presidente, Thomas, novio de una amiga de Gayet, propició un encuentro entre ambos, que ya se conocían de una campaña política. Y el resto es historia. Van al cine, hablan de cine, y entre película y película, amour fou. Primero en un apartamento cerca del Elíseo y después, cuando advirtieron que el portero del inmueble intentaba fotografiarlos, en un discreto loft de un barrio bohemio. El paparazzi que cazó a la pareja, la víspera y el primer día de Año Nuevo de 2014, dijo que llegaban de noche y se marchaban a las once de la mañana. Entre medias, Hollande celebró la Nochevieja con Trierweiler y miembros de su gobierno, entre ellos el primer ministro Manuel Valls, el gran beneficiado por el affaire, según los comentaristas políticos y la propia Trierweiler, que pronostica que Hollande llegaría en posición de debilidad a unas hipotéticas primarias en 2017. Quizá no, si Hollande consigue normalizar su relación con Gayet a ojos de los franceses. Al fin y al cabo, Sarkozy ya hizo lo propio con Carla Bruni, cuyo glamour se convirtió en un activo para el expresidente.

 Fiel a sus asesores, Hollande ha intentado separar su vida política de la privada. De primera dama, y solo en los asuntos protocolarios, ha ejercido la ministra Royal.

 Gayet, mientr sido una ciudadana más. Duerme al menos cuatro noches por semana en el Elíseo. Pero se mueve como una sombra. Nunca accede al palacio por la puerta principal y solo una vez se ha podido fotografiar a la pareja en la residencia presidencial, con un potente teleobjetivo, mientras desayunaban en los jardines. Su presencia es uno de los misterios mejor protegidos. Ni se la ve, ni se la oye ni se la puede mencionar al jefe de Estado, hipersensible con el tema, como afirma un colaborador citado por el semanario L’Express. Hollande no soporta que hablen de Gayet como si fuera la primera dama. Lo pone fuera de sí, es tabú. Para él, el concepto de primera dama es sinónimo de problemas y cualquier estrategia para oficializar la relación está fuera de discusión . Según L’Express, la actriz se ha conformado con redecorar un poco los apartamentos privados, buscando recambios únicamente en las reservas del Patrimonio Nacional -algo que niega, sin embargo, el servicio de comunicación del Elíseo- y procurando no hacer gastos. Su principal presupuesto -bromea alguien de su entorno- es el del agua para sus tés, que bebe en grandes cantidades .

El presidente nunca se ha casado. En las cenas a las que Hollande asiste con ella, el presidente está siempre en guardia. En cuanto Julie Gayet aborda algún tema político, él se pone a hacer bromas y despacha el asunto con cualquier comentario , explica un testigo. Cuando ella critica, por ejemplo, a un embajador francés, él la interrumpe de inmediato, con sorna. Lo nombré yo , suscitando las carcajadas de los comensales.

Tras años de vida en común con una figura de la izquierda (Ségolène Royal) y una periodista política aficionada a los tuits vengativos (Trierweiler), Hollande quiere universos totalmente estancos entre su vida privada y su vida política. El presidente, que no se ha casado nunca, no parece dispuesto a renunciar al estado de soltería. El asunto Gayet muestra que la cuestión de la primera dama no es importante en Francia , subraya un ministro. Los viajes oficiales o las cenas de Estado con un presidente soltero no plantean ningún problema . Una amiga de Julie Gayet confiesa. Si lo hacen oficial, ella no sabe muy bien lo que hará. No está claro que sea bueno para su relación. Viven una historia de amor en la que nadie toma decisiones a corto plazo. Hay demasiada gente pidiendo cosas, presionando .La actividad profesional de Gayet como productora podría ser explotada por los rivales políticos de Hollande. Su proximidad con el poder en un oficio muy subvencionado con dinero público puede alimentar sospechas. Ella quiere conservar su independencia a toda costa y vivir su vida. Y suspira por el modelo alemán. ¿alguien conoce al marido de Angela Merkel