Abu Abdullah ocupaba un puesto clave en el Estado Islámico. Era el responsable de organizar los atentados suicidas en Bagdad. Ahora es uno de los poquísimos líderes de este grupo terrorista que ha sido capturado con vida. Hablamos con él en una cárcel de máxima seguridad en la capital iraquí.

La pesada puerta se abre con lentitud después de que los guardias hayan confirmado nuestra identidad. En el interior hay unas paredes en zigzag de cuatro metros de altura con dos Hummer equipados con ametralladoras en cada esquina

Esta prisión de máxima seguridad se encuentra en Bagdad, pero no estamos autorizados a revelar su nombre o emplazamiento concreto. Son las condiciones que hemos aceptado a cambio de entrevistar al preso más ‘célebre’ de todos aquí, un hombre demacrado de casi cuarenta años y conocido por un apodo. Abu Abdullah. Durante año y medio fue el logista en jefe de los atentados suicidas llevados a cabo por el Estado Islámico en Bagdad. Es uno de los pocos líderes del Estado Islámico que ha sido capturado vivo. La mayoría se autoexplosionan o engullen las cápsulas con veneno que llevan encima para no ser apresados. O mueren acribillados a tiros. Ser capturados con vida no forma parte de los planes del grupo terrorista.

Pero Abu Abdullah fue reducido tan rápidamente que no pudo matarse. Hacía algún tiempo que estaba siendo vigilado, y la detención se produjo a finales de julio de 2014. Su fábrica de bombas, camuflada como un taller de reparación de coches, estaba intacta cuando las autoridades se hicieron con ella. En contra de todo pronóstico, el hombre hoy está contando cosas a sus captores. El Estado Islámico es una organización donde existe una división y hasta una compartimentación de las responsabilidades internas. Cada militante tan solo sabe de las operaciones lo justo; es una simple pieza en la máquina, susceptible de ser reemplazado en cualquier momento. La mayoría de los militantes del Estado Islámico únicamente tiene información limitada sobre la estructura general del grupo. Abu Abdullah, sin embargo, ocupaba un cargo clave en Bagdad, un puesto vital en lo referente a los atentados terroristas que se sucedían en la ciudad. Era el hombre encargado de escoger los escenarios de los atentados y de equipar a los terroristas suicidas, a los que acompañaba personalmente poco antes de que saltaran por los aires.

Alto riesgo de fuga. Los funcionarios han hecho lo posible por mantener en secreto la situación geográfica y los horarios del recluso. Como otros presos de importancia, Abu Abdullah está siendo constantemente trasladado de una prisión a otra a fin de prevenir posibles intentos de fuga , explica el capitán Safar, de la policía criminal.

Durante la administración del ex primer ministro Nouri al-Maliki, la corrupción en Irak era tan omnipresente que hasta los terroristas más peligrosos del Estado Islámico se escapaban de las cárceles. Los jueces, políticos y mandos policiales que aceptaban sobornos eran otro problema. Por entonces, lo que queríamos era ejecutar cuanto antes a los terroristas encarcelados para que no se largaran de la cárcel delante de nuestras narices , recuerda un investigador del servicio secreto. Este hombre afirma que la situación ha mejorado un poco bajo el gobierno del nuevo primer ministro, Haider al-Abadi, y que algunos de los funcionarios corruptos han sido cesados. En su opinión, la única razón para no eliminar a los miembros del Estado Islámico capturados es que proporcionen información. Abu Abdullah nos ha dado nombres, conoce datos sobre los sospechosos, coopera con cuentagotas, pero coopera , dice el investigador. Mientras siga hablando no será condenado a muerte.

Tanto la policía como el servicio secreto insisten en que no han recurrido a la tortura para hacerle confesar. Ha estado cooperando desde el primer día. Porque es su única forma de seguir con vida , asegura Safar. El propio Abu Abdullah va a decirnos que le han estado tratando más o menos bien, pero no tenemos manera de confirmarlo. Sus interrogadores lo describen como un fanático con la cabeza fría. ¿Se arrepiente de lo que hizo? No, no demasiado , responde un investigador.

La entrevista se desarrolla en una celda vacía vigilada por un policía. Cuando lo conducen al interior, Abu Abdullah lleva puesta una venda marrón en los ojos, que tan solo le quitan una vez que se ha sentado en la silla. Durante gran parte de la conversación tiene la venda en las manos esposadas y juguetea con ella mientras habla con voz monótona.

XLSemanal. ¿Qué criterio seguía a la hora de escoger el lugar de un atentado?

Abu Abdullah. La idea era la de matar a cuantas más personas mejor, sobre todo a policías, soldados y chiíes. 

XL. ¿Qué tipo de lugares escogía?

A.A. Controles policiales, mercados, mezquitas Lugares frecuentados por chiíes, naturalmente.

XL. ¿Se arrepiente de haber matado a todas esas personas?

A.A. ¡Eran infieles! Los chiíes son infieles, eso siempre lo he tenido claro.

XL. Pero también eran musulmanes, lo mismo que usted.

A.A. Más a mi favor; siempre tenían oportunidad de arrepentirse y convertirse al sunismo.

XL. ¿Cuántos atentados organizó en total? ¿Y de dónde sacó los explosivos para llevarlos a cabo? 

A.A. No me acuerdo del número exacto, pero durante los tres meses anteriores a mi detención fueron 15 no, 19, en total. En el caso de los coches bomba, empleábamos explosivo plástico del tipo C4 y bombas fabricadas a partir de proyectiles de artillería. Y con los cinturones explosivos, lo que hacía era perforar los cascos de proyectiles antiaéreos, pues el efecto de la pólvora así era más intenso. Y luego confeccionaba los cinturones y chalecos en tallas distintas.

XL. ¿Cómo escogía a los hombres que saltarían por los aires?

A.A. No era yo quien los escogía. De eso se encargaban los jefes militares, que estaban por encima de mí en el escalafón. Los hombres que me traían procedían de Faluya en su mayor parte. Yo únicamente me ocupaba de l operación, esto es, de equipar a los hombres en mi taller y llevarlos al lugar seleccionado. Antes de que me los trajeran me daban sus medidas corporales, para que pudiera hacerles cinturones a medida. Pero yo siempre tenía una remesa de cinturones de distintas tallas.

XL. Una vez cometidos los atentados, ¿informaban a las familias de los voluntarios?

A.A. Eso tampoco era mi responsabiliad. La persona que me enviaba al voluntario también se encargaba de notificar lo sucedido a sus familiares.

XL. ¿De qué países procedían estos hombres?

A.A. De Arabia Saudí, Túnez y Argelia, sobre todo. Uno de cada diez solía ser iraquí. También me trajeron a dos occidentales. un australiano y un alemán, Abu al-Qaqa al-Almani. (Ahmet C. fue un alemán de 21 años y origen turco que combatió en las filas del Estado Islámico bajo dicho nombre).

XL. Este militante alemán no hablaba árabe, y usted no habla inglés. ¿Cómo se comunicaban? 

A.A. Sí que entendía algunas palabras, pero por lo general nos entendíamos por señas. Fue el operativo más corto de todos. Le recogí en un punto situado muy cerca del lugar de la explosión. Era la primera vez en su vida que estaba en Bagdad y 45 minutos después estaba muerto. Me dije que ahora estaban viniendo hasta alemanes deseosos de hacerse estallar. Me sentí muy contento al encontrarme con un cristiano [en realidad era musulmán; se había pasado del chiísmo al sunismo] que se había convertido al islam e iba a sacrificarse. Pensé que teníamos cosas en común, porque yo mismo abracé la fe a edad tardía.

XL. ¿Alguno de los voluntarios tuvo dudas de última hora sobre su misión?

A.A. No. En tal caso no la hubieran llevado a cabo. Llevaban tiempo preparándose para el momento. Cuando me los traían se mostraban tranquilos, incluso alegres. Se ponían el cinturón y bromeaban. ¡Hecho a medida! . Abu Mohsen Qasimi, un joven sirio, estuvo haciendo bromas hasta el último minuto, y hasta se despidió alegremente de un amigo cuando se marchó al volante de su coche. En el caso de un joven saudí, nos equivocamos de asiento y yo me encontré sentado frente al volante. Tuvimos que fingir una avería para poder cambiar de asientos; estuvimos empujando el coche un rato. Nadie se fijó. Y a los dos nos entró la risa.

XL. Ha enrojecido un poco al contar esta historia, como si fuera un recuerdo agradable. ¿Volvería a hacer lo mismo?

A.A. Mmm [Es la única vez en la entrevista en que Abu Abdullah titubea. Empalidece, como si le hubiéramos pillado con las manos en la masa. Finalmente dice que prefiere no responder a la pregunta].

XL. ¿Nadie reparó en el continuo flujo de visitantes desconocidos a su taller de reparaciones?

A.A. Siempre nos asegurábamos de que tuvieran un aspecto normal. Iban afeitados o con la barba recortada, en camiseta, con el pelo peinado y con fijador. Yo estaba al mando de un equipo de conductores, y en el taller también había minas explosivas a disposición de los militantes, aunque yo no era responsable de las minas. Tan solo me encargaba de los cinturones y los chalecos para los voluntarios.

XL. ¿Cuántos años tenían estos voluntarios?A.A. El más joven, 21; el mayor, unos 30.XL. ¿Cómo llegó a convertirse en el logista en jefe de Bagdad?

A.A. Los jefes militares del Estado Islámico fueron los que me nombraron. Y pronto les dejé claro que valía para el cargo. Yo no era un simple militante; era un organizador, un pensador.

XL. Y conocía Bagdad perfectamente.

A.A. Sí, esta es mi ciudad. Yo he nacido aquí.

XL. ¿Qué recuerdos tiene de su niñez en esta ciudad?

A.A. Mis padres solían llevarme al parque de Saura o al zoológico los fines de semana. Mi padre me compraba un helado. Otras veces íbamos a los mercados de Shorjah.

XL. ¿Diría que son unos recuerdos bonitos?

A.A. Sí que lo son.

XL. ¿Cómo puede matar a los habitantes de su propia ciudad de forma indiscriminada? ¿Evita los lugares que le traen recuerdos personales?

A.A. ¡Nada de eso! Eso no tiene nada que ver. No hice lo que hice porque estuviera sediento de sangre. Lo hice porque se trataba de la yihad. A veces me decía que ojalá estos chiíes se convirtieran o se fueran de la ciudad para siempre. Yo no soy un carnicero. Lo que hacía era seguir un plan.

XL. Un plan que no dio resultado, por muchas muertes que causara. Su plan solo sirvió para acrecentar los odios.

A.A. Yo me decía que quien hubiera pasado por una explosión empezaría a pensárselo todo bien, que tendría miedo

XL. El plan no dio resultado.

A.A. Eso no importaba. Yo estaba dispuesto a seguir hasta que todos ellos se convirtieran. O emigraran. Más tarde o más temprano. ¡Lo demás no importaba!

XL. ¿Usted mismo estaba dispuesto a hacerse saltar por los aires?

A.A. Nunca pensé en esa posibilidad. No era mi trabajo. A mí me nombraron para planificar las operaciones, no para llevarlas a cabo en persona. Yo era un coordinador, no un ejecutor.

XL. ¿Cómo ve su futuro personal?

A.A. Incierto.

El suicida alemán

Este póster de la propaganda de ISIS muestra al joven alemán Ahmet C. poco antes de inmolarse guiado por Abdullah.

‘Obras de arte’

Cuando los investigadores hablan de los atentados en Bagdad, lo hacen con cierto cinismo. Esos automóviles eran obras de arte , dice el capitán Safar. Eran tan perfectos que lo destruían todo; del coche no quedaba ni rastro. No se podía investigar la carga .