Más de 350.000 sirios han muerto, un millón han resultado heridos y cuatro millones han huido. La mayoría buscan refugio en los países vecinos, Jordania y el Líbano. La saturación de los campos de esos países y la escasa ayuda internacional han hecho que tengan que venir a Europa. Estos son los rostros y sus historias. Cinco entre un millón.

Hammudeh, 6 alos y Amani, 9

Metralla en cuerpo y alma

Hace cuatro años su pueblo fue bombardeado. Era viernes y acababan de terminar sus oraciones. Hammudeh y Amani se refugiaron con su familia en el sótano de casa. En cuanto terminó el estrépito, volvieron a sus tareas. La cosa no había sido para tanto. Un susto, poco más. Instantes después volvieron las bombas. Su madre y otro hermano de 9 meses murieron. Los cuerpos de Amani y Hammudeh se llenaron de metralla. Él tiene 80 puntos en la cabeza; los dedos, paralizados; y cojea. El año pasado huyeron al Líbano con su padre, donde reciben ayuda de la ONU. No van a la escuela, aunque es gratuita. no tienen para el transporte. Amani necesita otra operación, pero no tiene los 700 dólares que cuesta.

Muhammed, 22 años

Salvado por el padre de su amigo

Lo hirieron el 6 de septiembre de 2012. Esa madrugada, varios todoterrenos rodearon la casa donde estaba. Él y un amigo trataron de huir, pero cayeron desde el cuarto piso. Su compañero se rompió la cadera, pero escapó. Muhammed tuvo peor suerte. Una bala del Ejército sirio lo alcanzó. Los soldados le pusieron un saco en la cabeza y lo ataron. Así estuvo hasta que el padre de un amigo sobornó a un oficial para que lo liberaran. Malherido, logró llegar a Jordania. Allí fue arrestado por los servicios secretos jordanos e interrogado. Lo liberaron y marchó a Amán. Antes de la guerra, tenía una tienda y había estudiado informática. Al amigo que escapó con él lo mataron.

Salam, 10 años

Y llegaron los soldados

Un mal día llegaron las tropas de artillería a su pueblo. Era el 1 de julio de 2012. Con la llegada de las tropas empezaron las explosiones. Una le cortó las piernas. Otra le reventó la cabeza a su hermana de 13 años, que quedó en coma. Murió a los 16 días. A Salam la operaron en un hospital provisional. Después de dos meses huyó con su familia al campo de refugiados Zaatari, en Jordania, y de ahí al pueblo de Jeidea, donde viven ahora. La han operado una segunda vez, pero todavía tiene metralla en la cabeza, en los brazos Incluso le organizaron un viaje a Francia, donde le pusieron unas prótesis, que no funcionan bien. Ha dejado la escuela. Sus compañeros se ríen de ella.

Hanadi, 20 años

Una bomba y se hizo la oscuridad

Era por la tarde. Un día de septiembre del año 2011. Hanadi y su familia habían buscado refugio en casa de su tía. La de ellos ya no era segura. las tropas sirias, que habían entrado en el pueblo, habían convertido la escuela cercana en base militar. Pero los soldados de Asad también atacaron la casa de su tía. Una granada casera dio a Hanadi en la cara. La trataron en un hospital, pero quedó ciega. En cuanto pudieron, los 12 miembros de la familia escaparon al Líbano. Allí se instalaron en un garaje. Pagaban 100 dólares, pero les aumentaron el alquiler a 200 y debieron dejarlo. Ahora llevan dos años viviendo en una choza que han construido con ayuda de Naciones Unidas.

Malik, 5 años

El sueño de volver a caminar

Fue herido el 26 de febrero de 2012 durante un ataque del Ejército sirio en la ciudad de Daa’al. Otros cuatro niños también resultaron heridos y su tío de 21 años murió. Malik fue atendido en un hospital de la ciudad, pero enseguida lo llevaron al campo de Zaatari, en Jordania, donde médicos franceses le operaron el estómago y la pierna. Luego fue transferido a un hospital italiano en Amán, donde lo volvieron a operar. Está recuperando el movimiento de su pierna poco a poco. Su padre, Mutas, de 33 años, que era taxista antes de la guerra, tiene otros dos hijos. Su mujer está embarazada. Ahora vive en Jordania por el tratamiento de Malik, pero sueña con volver con su familia.