Ha vendido más de 30 millones de libros, sus aventuras se han traducido a 15 idiomas y ahora da el campanazo con ‘El regreso del Catón’ (Planeta), la segunda parte de uno de sus mayores ‘best sellers’. A pesar de su éxito, esta antigua periodista ha sabido guardar en secreto las claves de su vida privada. Sin embargo, en esta ocasión ha hecho una excepción.

Contesta rápido, como una ametralladora, y hace que una hora de conversación parezca una entretenidísima velada hasta el amanecer; eso sí, siempre que tenga una cajetilla de Ducados a mano y un par de coca-colas light, porque ella nunca bebe alcohol. Matilde Asensi [Alicante, 1962] fue la primera mujer best seller en nuestro país. De varios de sus libros se vendieron millones de ejemplares, hasta sumar casi los 30 millones. Es una escritora activa en las redes sociales y muy entrevistada en todos los medios; sin embargo, poco o casi nada se sabe de su vida. Con su nuevo libro recién salido del horno, ‘El regreso del Catón’ (Editorial Planeta), la escritora alicantina nos cita en su ciudad natal y nos muestra su lado más oculto. Eso sí, con mucho sentido del humor, siempre que no hablemos de política.

XL Semanal. Es su novela número 13, ¿supersticiosa?

Matilde Asensi. ¡No me lo gafes! No había caído.

XL. En 15 años, 13 novelas

M.A. Pero me las he currado todas. Con ‘El regreso del Catón’ han sido casi tres años.

XL. Dejó su trabajo como periodista de informativos en la radio e hizo una oposición de administrativa al Centro Valenciano de Salud para tener más tiempo libre y poder escribir.

M.A. Tenía clarísimo que me tiraba a la piscina, pero también que no podía seguir siendo periodista porque quería escribir novelas.

XL. Dos novelas sin encontrar quien se las publicara y empezó a escribir la tercera ¿Era rica por su casa?

M.A. ¡Nooo! Mi padre era ATS; mi madre, ama de casa, y éramos cuatro hermanos. no sobraba el dinero. Mi abuelo fue periodista y quiso ser escritor, pero su sueño quedó roto por la guerra y eso quedó en la mitología de la familia.

XL. ¿Y usted decidió cumplirlo? 

M.A. Fue mi madre la que quería que yo fuera escritora. ¡Es alucinante cómo se van cumpliendo los sueños de las madres! Ella me jaleaba mucho cuando ganaba todos los premios infantiles de literatura ¡La manipulación materna!

XL. He leído que lo que realmente quería ser es espía.

M.A. Sííí, yo quería ser Mata Hari.

XL. No se enfade, pero ¡nada más lejos! [Risas].

M.A. Es que no le añadía yo el componente erótico-sexual que tenía Mata Hari, solo veía que era una espía mujer.

XL. Pero ¿cómo iba a ser Mata Hari una alumna piadosa del colegio de las teresianas del padre Poveda? 

M.A. Es que en Alicante solo había dos colegios de chicas Jesús María y teresianas y mi madre, que era muy religiosa, se quedó deslumbrada cuando conoció a unas monjas modernas y vestidas de calle; entonces decidió que cuando tuviera una hija la llevaría allí. ¡Soy el resultado de las decisiones de mi madre! 

XL. Ahora, usted se declara abiertamente atea.

M.A. Es que las teresianas nos dieron la opción de dudar y yo he tenido la suerte de que mi madre era, a la vez que muy devota, una mujer muy dialogante a la que le gustaba hablar mucho con sus hijos, algo que no hacía mi padre. Aunque a ella no le sentaba nada bien que yo fuera tomando la derrota de la duda y del ateísmo, lo respetaba. Luego, me siguieron mis hermanos, y mi madre se resignó. Ella sigue siendo muy creyente, muy devota, muy de misa, pero los hijos no hemos tirado ninguno por ahí.

XL. Dejó de vivir con sus padres cuando se fue a Barcelona para estudiar Periodismo.

M.A. Cuando terminé la carrera y volví a Alicante, me instalé en un apartamento miserable de tres metros y medio porque quería ser independiente, aunque mi sueldo era igual de miserable que el apartamento.

XL. ¿Dejó el periodismo SER, RNE y EFE por buscar una vida mejor?

M.A. No era tanto por una cuestión económica como por lo que tenía que tragar en el terreno político. Aquí había mucha corrupción, pero no se podía contar nada; las cosas se sabían y se consentían. Se me hinchaba la vena de tragar y empecé a calcular cuántos años me quedaban de vida laboral. ¡Más de 40! Estaba claro que yo no iba a poder soportarlo y mi hígado me dijo. ¡Hasta aquí hemos llegado! .

XL. ‘El último Catón’, su tercera novela, supuso su consolidación como escritora. Con ella ha vendido casi cinco millones de ejemplares en todo el mundo. Catorce años después, ‘El regreso del Catón’ ¿es una apuesta segura?

M.A. Yo tenía El Catón cerrado, pero a través de las redes entré en contacto con miles de lectores que no paraban de pedirme su regreso; quizá porque a la gente le gusta la continuidad de las series y yo lo tenía comprobado con la trilogía Martín Ojo de Plata.

XL. Esta vez, los protagonistas buscan los osarios de Jesús, de sus hermanos y de la Virgen, apuntando a la línea de flotación de la doctrina católica y negar la Resurrección, ¿la polémica está servida?

M.A. He vendido millones de libros con temas de lo más variados y nunca ha estado en mi cabeza que este vaya a vender más por esta razón. Ya me han dicho de todo y estoy acostumbrada a todo tipo de palos; pero te aseguro que esa idea de la polémica no ha estado en mi cabeza en ningún momento. Yo no busco provocar y procuro no ofender a nadie. Yo no escribo Historia, no soy historiadora, me documento sobre hechos reales y, a partir de ahí, escribo una novela de ficción.

XL. Está claro que la Iglesia y el sexo son dos temas recurrentes para ser best sellers.

M.A. Yo he llevado el letrero best seller desde cuando era vergonzoso serlo. Cuando empecé a escribir género [aventura], solo lo hacía Arturo Pérez-Reverte en este país y él se llevó todas las bofetadas. O escriura seria sin apellidos, como decía Cela, o eras escritor del género B. Los mandarines de la literatura dictaban desde los semanales de los periódicos qué libro era bueno y cuál era malo. ¡Y no había más! Para atreverse a hacerlo en aquella época, había que tener muchas narices porque era totalmente despreciable. Yo admiraba a Arturo que me abrió el camino, como admiraba a Umberto Eco por El nombre de la rosa.

XL. ¿Internet ha quitado fuerza a los mandarines, como usted los llama?

M.A. ¡Totalmente! La vida es muy larga y da muchas vueltas. El boca a boca ha sido lo que ha permitido que a mí me vaya bien. Con los críticos nunca me llevé, fueron durísimos conmigo con El salón de ámbar; y, como me dolieron y me hicieron mucho daño sus críticas, decidí no leerlos más. Me hicieron creer que estaba ofendiendo al mundo y haciendo daño a la humanidad Pero tampoco leo las buenas, no vaya a ser que me hagan creer que soy una maravilla. Es mejor vivir al margen de esas cosas.

XL. Sobre si se tienen cubiertas las necesidades de por vida reconozca que se ha hecho de oro. 

M.A. También pago impuestos hasta aburrir. Ahora, Hacienda se lleva el 45 por ciento, pero se ha llevado el 52 por ciento de todo lo que he ganado. Cuando hacía números, pensaba. ¡Estoy pagando el alumbrado de todo el país! .

XL. Comentario recurrente. ¡Ya quisiera yo tener que pagar esa cantidad de impuestos! .

M.A. ¡Vale! Es verdad que he ganado mucho y no me duele pagar el alumbrado, lo que me duele es ver la corrupción que hay; lo que me cabrea y me indigna es que se lo lleven puesto. Si hay algo por lo que siento desprecio absoluto y no sé si se puede decir con la ley mordaza es por los políticos; por todos, por todo el arco. Esta gente nos ha engañado a todos. no creo en nadie ni en nada.

XL. En las últimas elecciones han empezado a gobernar partidos nuevos que parece que han hecho reaccionar a la casta.

M.A. No comparto los populismos, me parecen peligrosos, no estoy de acuerdo con ellos y no me gustan; pero creo que es bueno que hayan aparecido. Nuestra democracia todavía es joven y tenemos que pasar cosas que otros países más avanzados ya han vivido. Habíamos cogido un camino muy malo, el de la corrupción, y este revulsivo es el de la navaja que corta la parte podrida.

XL. Hablemos de sexo para relajar ánimos. En esta novela, poquito y solo entre casados.

M.A. Te digo como le dije a una lectora que se quejaba de lo mismo. Hay literatura para todo. Léete Cincuenta sombras de Grey si quieres sexo . Yo disfruto al montar mis estructuras, mis puzles, mis piezas mucho más que perdiendo el tiempo en describir escenas de sexo. 

XL. ¿Es por pudor?

M.A. No, es porque no me sale; a lo mejor es que todavía llevo dentro algo de la madre beata que tuve.

XL. El perfil de protagonista femenino es el de una exmonja a la que le molesta cualquier gesto de cariño en público.

M.A. Tampoco lo planifico, voy escribiendo lo que va pidiendo el libro. Yo no estoy en contra del sexo ni soy una reprimida ni nada por el estilo, pero no me planteo que tenga que ‘des-cri-bir’ una acción sexual. Cada uno escribe lo que le sale.

XL. Pues esta vez le ha salido el guardia de la porra que lleva dentro.

M.A. ¡Lo que tú digas! [Risas]. Pero vamos a ver. si están dentro de una montaña metidos y en grupo, sorteando todo tipo de peligros , ¿qué quieres? ¿Que se vayan dos a una esquina? ¡Pues no!

 XL. ¡La vida misma! Más encerrados están en Gran Hermano y mire lo que pasa en cuanto se descuidan.

M.A. No veo Gran Hermano y no me dejo influir por determinadas cosas. Yo solo veo el telediario y, por la noche, el capítulo de alguna serie extranjera que me gusta y que he grabado durante el día. ¡Nada más! Vivo una vida de escritora bastante encerrada en su trabajo y procuro estar informada de lo que pasa, porque fui periodista, y eso no se deja de ser jamás. Yo no boto barcos, ni soy madrina de nada, ni leo pregones ni voy a comer con según qué gente.

XL. Sin duda, es una best seller muy atípica. Las escritoras de éxito se sueltan la melena, se suben a unos buenos tacones y derrochan glamour. María Dueñas, Carmen Posadas, J. K. Rowling, Camilla Läckberg  

M.A. ¡Ya! Ya las he visto y a mí me parece estupendo. escritoras y glamurosas, ¡genial!; pero es que a mí me duelen las piernas si me pongo tacones.

XL. ¡Como a todas!

M.A. ¡Ya! Pero es que yo no quiero sufrir, no he nacido para sufrir. Y créeme que los he llevado cuando mi madre me obligaba a ponerme faldas, medias y tacones. Y de ahí vino el momento de la rebelión. Ni voy a misa contigo los domingos ni me pongo más tacones . Igual me pasaba con las medias, que me picaban las piernas. Por eso, un día mandé a la porra faldas, medias y tacones.

XL. Entiendo que ir vestida de John Wayne es mucho más cómodo, pero la gente trata de cuidar su imagen pública.

M.A. ¡Oye, que yo no voy como John Wayne! [Ríe]. Voy arregladita, voy mona. voy bien. Yo veo a todas esas mujeres que me has citado y me doy cuenta de que soy la escritora menos agraciada de las ferias y lo asumo. Siempre digo que mi encanto está en mi personalidad, no en mi físico. no soy alta, ni delgada ni estilosa, pero soy simpática.

XL. ¡Eso sí! Y mucho. Y también inteligente.

M.A. A cambio tengo la suerte de tener pocas arrugas; en eso he sacado la genética de mi madre. hasta los 70, ni una arruga, pero muchas canas. Genéticamente soy idéntica a ella.

XL. Y tampoco se tiñe las canas, muy en su línea.

M.A. ¿Me vas a hacer contarlo? [Se ríe]. Es que también me pica el tinte y no quiero aguantar el picor. Como ves, soy de poco sufrir.

XL. ¡Eso es una excusa! La mayor parte de los tintes ya no llevan amoniaco.

M.A. ¡Vale! Me gustan mis canas; todas mis hermanas las llevamos, y mi hermana Chus que es la segunda lleva melena y tiene unos mechones de canas preciosos. Pero a lo que íbamos. siempre he pensado que mi tarjeta de presentación son mis libros y tampoco creo que tenga una imagen tan desagradable. Lo que pasa es que yo no soy glamurosa ni tengo ganas de serlo, la verdad. No sé si vendería más libros por tener otra imagen; pero, si se vendieran, no estoy dispuesta a condicionar mi aspecto. Lo siento, cada uno es como es.

XL. Se sabe que es una mujer soltera, que no tiene hijos, aunque sí muchos sobrinos y poco más de su vida privada.

M.A. ¡Porque fui periodista! [Ríe]. A veces me preguntan por qué no escribo sobre Alicante y siempre digo que porque aquí es donde están mis amigos, mi vida, mi familia, mis afectos, mi mundo y los protejo exactamente igual que mi privacidad. Lo mismo que no me pongo bótox, la puerta de mi casa está cerrada. Es mi rinconcito y lo protejo con uñas y dientes. Pero también te diré que yo no me oculto, simplemente no hago bandera de nada. 

XL. La mayoría de los lectores son mujeres, al igual que la mayor parte de las editoras ¿Por qué desde Fernán Caballero hasta J. K. Rowling [Joanne Kathleen] las hay que siguen usando seudónimos masculinos?

M.A. Porque la jefatura de las empresas editoriales sigue estando en manos de hombres y porque las mujeres seguimos creyendo poco en nosotras mismas. Yo alucino en colores, pero no hay otra explicación porque nosotras sabemos que intelectualmente somos iguales a los hombres.

XL. Al final educamos, casi sin querer, con los mismos patrones con los que hemos sido educadas

M.A. Es así. Pienso que la figura materna es fundamental para todos, quizá porque para mí lo ha sido, para lo bueno y para lo malo. La de mi padre no era una figura importante en mi familia. Me he pasado la vida enfrentándome a ella y, a la vez, adorándola. Ahora, a sus 78 años, solo es amor porque ya no es la misma. Me gustaría que siguiera siendo genio y figura, pero está perdiendo la cabeza y lo que me da más tristeza es que, habiendo sido una gran lectora, cuando acaba de leer un libro me dice. Me lo voy a tener que volver a leer, porque ya no me acuerdo de nada . 

XL. Cuentan que tiene un serio desencuentro con las productoras de cine y que ninguna de sus obras se ha llevado a la gran pantalla por la cantidad de problemas que pone.

M.A. Sé que los jóvenes son audiovisuales y que cada vez leen menos libros, que Internet ha cambiado nuestras vidas, que las novelas llevadas al cine adquieren otra dimensión, que es muy rentable para el escritor Pero también quiero las cosas bien hechas y, cuando me plantean lo que quieren hacer con mis personajes, me aterrorizo y se me desencaja la mandíbula.

XL. Pero las novelas que ha mencionado como referentes han sido adaptadas al cine. Alatriste, El nombre de la rosa Piense en El tiempo entre costuras, las películas de Harry Potter

M.A. ¡Jo! Eres más dura que una piedra y tiras a matar [risas]. A lo mejor tengo un problema, sí; empezaré a admitirlo. El día que vea una adaptación que respete la esencia de lo que yo he escrito, habrá película. ¡Pero si lo estoy deseando! 

XL. Y tiene otro problema, aunque de distinta índole. sufre ornitofobia, solo sale a pasear de noche y procura estar siempre en sitios cerrados.

M.A. Lo de los pájaros es otra cosa. es temor irracional a cualquiera de ellos, por pequeño que sea, porque pienso que me va a atacar. Lo tengo desde niña porque me picó una paloma y es horrible porque me limita mucho la vida. Por eso, a mí me van bien las noches, tanto para escribir como para salir, soy como los vampiros.

XL. Tampoco le gustan los aviones, ¿porque tienen forma de pájaro? 

M.A. No, porque me da miedo morir, pienso que si me subo a un avión se va a estrellar. Antes de ser escritora, no tenía miedo a volar; creo que he desarrollado una fantasía tan enorme en mi cerebro que es la que me hace tener todos estos miedos.

XL. ¿Conduce?

M.A. Sí, bastante bien y me gusta correr, pero porque yo llevo el control; al piloto del avión no lo conozco. Corro cuando no hay peligro, no soy ninguna loca; soy una persona madura con la cabeza bien amueblada, pero con mis taras. No tengo ninguna gana de morirme y sé que voy a llegar a los cien años, me lo he propuesto.