Cada año, equipos de fuerzas especiales de todo el mundo se reúnen para compartir técnicas y tácticas de lucha antiterrorista. Y para mostrar su destreza, compiten entre ellos. Lo hacen en el centro más avanzado de entrenamiento contraterrorista, el KASOTC, en Jordania.

Presenten armas

Las tropas de operaciones especiales jordanas desplegadas para recibir a sus colegas de otros países, que participan en la Warrior Competition. Esta competición se creó en 2009 y en ella participa una veintena de países; entre ellos, España. Durante una semana demuestran su habilidad para tomar edificios, neutralizar enemigos y rescatar prisioneros.

Operación conjunta

El KASOTC (King Abdullah II Special Operations Training Center) está en el desierto cerca de Amán, en un país rodeado por Egipto, Siria, Palestina, el Líbano e Irak, es decir, una zona conflictiva. El centro es un proyecto conjunto del Gobierno jordano y Estados Unidos.

Instructores de élite

En este lugar se da, según los expertos, una combinación única de instructores de élite (la mayoría, retirados de las Fuerzas de Operaciones Especiales de Estados Unidos) y de tecnología avanzada. La instalación ocupa 25 kilómetros cuadrados, y está totalmente equipada para múltiples disciplinas. Una semana de entrenamiento cuesta unos 250.000 dólares.

Ciudades y simuladores

La instalación jordana cuenta con una ciudad ficticia para ensayos de operaciones militares. Un total de 67 edificios, los cuales incluyen réplicas de pueblos afganos y de embajadas reales. Además, hay todo un repertorio de efectos especiales, cámaras, micrófonos y simuladores, que permiten recrear hasta el olor a cadáver.

Jugar a la guerra

La Warrior Competition es también un perfecto escaparate para mostrar armas y todo tipo de instrumental de guerra. Para quienes participan, según ellos, es tan emocionante como un partido de fútbol. Al fin y al cabo, no es la guerra real. Y los instructores confiesan que, pese al buen ambiente, nadie muestra todos sus ‘trucos’. Nunca se sabe si los aliados pueden dejar de serlo