Más de 140 cadáveres reposan en estos contenedores de la fundación Alcor, en Estados Unidos. En su día, estas personas aceptaron que sus cuerpos fueran congelados tras su muerte, confiando en que la ciencia sería capaz de devolverlos a la vida en el futuro. A muchos les parece una opción de ‘locos’… Por Judy Clarke

Unos momentos antes de que Kim Suozzi muriera de cáncer a los 23 años, en enero de 2013, a su novio, Josh Schisler, le correspondió llevar a la práctica el plan que habían trazado entre los dos: congelar su cerebro.                                                              

Sobreponiéndose a la pena y la emoción, al oír la alarma del monitor del pulso cardiaco, Josh llamó al equipo de criogenización. Cualquier retraso podía poner en peligro el objetivo: que un día se pudiera resucitar la mente de Kim. Ambos sabían que aquello sonaba un tanto disparatado. La posibilidad de que el cerebro de Kim pueda ser preservado para que unos decenios o siglos más adelante los billones de neuronas interconectadas sean convertidos en un código informático es aún hoy escasa. Y ellos mismos ya lo reconocían entonces a ‘The New York Times Magazine’. Pero algunas de las técnicas que hace un par de años ya se aplicaban en los laboratorios empezaban a guardar cierto parecido con las imaginadas por los autores de ciencia ficción. ¿Por qué no intentarlo entonces?

Para empezar, los neurocientíficos ya han comenzado a cartografiar las conexiones entre las neuronas. Esta técnica implica el escaneado de los cerebros en unas láminas muy delgadas por medio de un microscopio de electrones. Al ser superpuestos en un ordenador, los escaneados revelan un mapa tridimensional de las conexiones de cada neurona, lo que se conoce como ‘el conectoma’.

Si el conectoma pudiese replicarse, sería posible ‘resucitar’ un cerebro. Por supuesto, es una técnica que está en sus comienzos, pero eso no desanima a Alcor Life Extension Foundation, la mayor de las dos organizaciones estadounidenses especializadas en criogenización. Creada en los años setenta, Alcor almacena congelados los cuerpos de 140 personas que en su día albergaron la esperanza de ser revividas en el futuro. Esta fundación sin ánimo de lucro tiene unos mil miembros, que han aportado dinero para ser sometidos a preservación después de su eventual fallecimiento y para que se siga investigando en ese sentido.

Cómo mantener tu identidad con vida después de la muerte

Según los neurocientíficos defensores de esta posibilidad, si en el conectoma establecido por los genes y alterado por la experiencia vital es donde está depositada la información identitaria, el volcado informático de una mente en último término podría ser viable. Es la base de la teoría que se denomina ‘singularidad’, cuyo promotor es el científico Ray Kurzweil, que cuenta con grandes apoyos en Silicon Valley, donde incluso existe una universidad especializada en esa superinteligencia que nos hará vivir para siempre.

Pero, de momento, el reto consiste en preservar de forma fiable el conectoma. Es decir, que cuando fallezcamos esas conexiones neuronales no ‘mueran’, que se conserven para poder ser replicadas en un futuro. Para animar al desarrollo de técnicas solventes, Alcor a través de un consejo asesor formado por neurocientíficos ha creado un premio, dotado con 100.000 dólares aportados por un donante anónimo. El dinero será para el primer individuo o equipo que preserve el conectoma de un ratón o conejo de un modo que sea aceptable para una publicación científica.

El primer dilema es determinar cuál es la mejor forma de preservar un cerebro. mediante el frío o con productos químicos.

En la criogenización (práctica que existe desde hace decenios y que consiste en almacenar los cerebros y cuerpos humanos a 180 grados) se utiliza un viscoso anticongelante para reemplazar la sangre y el agua en el cerebro. Pero, dado que la criogenización tan solo puede iniciarse tras la certificación oficial del fallecimiento, es posible que se formen coágulos y que los vasos empiecen a venirse abajo antes del inicio del procedimiento. Con todo, los defensores de este tratamiento confían en que los daños bioquímicos sufridos por las células cerebrales sean reversibles en el futuro.

La otra opción es la defendida por el doctor Shawn Mikula, del Instituto Max Planck, y se llama ‘quimiopreservación’. Primero se inyecta un fijador químico en el corazón del animal (en el futuro, un humano) anestesiado, todavía vivo, que preserva la estructura del cerebro. A continuación, el cerebro es sometido a un baño de metales pesados y parcialmente revestido en plástico rígido, para que las neuronas resulten visibles bajo el microscopio de electrones. Este método ofrece la importante ventaja de permitir el almacenamiento del cerebro a temperatura ambiente. Pero algunos neurocientíficos consideran que los productos químicos borran información imprescindible para diseñar una simulación fiel del cerebro. La investigación no ha hecho más que empezar.

EL CASO DE KIM: PARTE 1

Kim Suozzi era una joven estudiante de Neurociencia cuando le diagnosticaron un tumor incurable en el cerebro. Decidió criogenizarse. Esta es su historia.

La peor de las noticias

En el año 2007, Kim estaba feliz. Acababa de empezar una relación con Josh, estudiante de Ciencias Políticas. Pero ese invierno empezaron los dolores de cabeza. Los médicos le diagnosticaron un tumor cerebral; un glioblastoma, incurable. Le dijeron que, tras tratarse con quimioterapia, remitiría temporalmente, pero que volvería y de forma virulenta. Y así ocurrió. En 2012, el tumor reapareció. Kim se había interesado por la criogenización desde que le hablaron de ello en clase de Ciencia Cognitiva. Le parecía una interesante posibilidad. Pero sabía que el proceso era caro. Una chica sin seguro no se lo podía permitir.

Ayuda en las redes

Su novio, Josh, le propuso a Kim conseguir el dinero a través de la red social Reddit. En agosto, la joven escribió. Reddit, ayudadme a encontrar algo de paz en el hecho de morir joven (tengo 23 años) . Tuvieron muchas reacciones en contra, pero sobre todo apoyos. de organizaciones procriogenización, de ingenieros de Google, de inversores de Silicon Valley Lograron el dinero que les faltaba. Eligieron la opción de neuropreservación. conservar solo el cerebro, no el cuerpo entero. Me congelarán y me cortarán la cabeza; es más barato , bromeaba Kim.

Una decisión difícil de entender

Enfrentada a una muerte inminente, Kim decidió avanzar en las opciones de criogenización con el total apoyo de su pareja. Eran conscientes de las escasas posibilidades, dado que su cerebro ya estaba dañado por el cáncer. Pero querían intentarlo. No todo el mundo lo entendió. Su padre, con quien tenía una relación muy buena, se negó a financiar el proyecto. Estaba dispuesto a pagarle lo que hiciese falta. tratamientos, viajes pero no eso. No vivimos para siempre, Kim.

La muerte

En noviembre, Kim ya terminal dio poderes a Josh: “Sé, mamá y papá, que probablemente respetaríais mis deseos, pero Josh me conoce mejor”. El padre protestó, pero acabó entendiéndolo. Decidieron que Kim moriría en un hospital cerca de la sede de Alcor en Scottsdale, para que el equipo de criogenización pudiera llegar pronto. Sus planes no se cumplieron exactamente. tras doce días en el hospital, ella se estabilizó y la llevaron a casa. Murió, con Josh a su lado, dos días después.

EL CASO DE KIM: PARTE 2

Una vez fallecida, había que actuar rápido. Metieron su cuerpo en un baño de hielo y lo trasladaron para iniciar el proceso de criogenización.

El proceso de criogenización

Una vez Kim fallecida, el proceso de criogenización fue como se había planeado. Las enfermeras de Alcor acudieron al apartamento y llevaron a cabo las primeras medidas. Restauraron la circulación sanguínea, insertaron un tubo en sus pulmones, metieron su cuerpo en un baño de hielo y lo llevaron a Alcor. A la mañana siguiente, su cabeza fue separada de su tronco. El crytoprotector líquido destinado a conservar su cerebro fue inyectado a través de sus arterias cerebrales.

El coste

El coste de criogenizarse en Alcor es de 80.000 dólares. Un tercio va destinado al personal médico; otro tercio se invierte en un fondo para la futura resurrección; y otro tercio, en los costes de almacenaje en nitrógeno líquido y el proceso de vitrificación (básicamente insertar anticongelante en las venas), similar al usado para almacenar esperma y embriones en los procesos de fertilización.

Aquí reposa

La cabeza de Kim reposa ahora en este recipiente metálico. Josh, su novio, la lloró mucho tiempo. Ahora le deja mensajes de voz grabados. Todavía espera volver a encontrarse con ella algún día. Mientras ese día llega, recordémosla y celebrémosla; intentemos crear el futuro de nuestros sueños. El padre de Kim, pasado lo peor del duelo, también le deja mensajes de voz algunas veces. Por si acaso.