Las violan, las torturan y las esclavizan. Para los hombres del Estado Islámico, las mujeres son botín de guerra. Algunas, como Liya* de 16 años, logran escapar, pero el horror continúa para las más de tres mil que siguen secuestradas.

El padre de liya permanece inmóvil en un rincón. sí, dice, fue así. ella llamó y él pudo percibir el pánico en su voz. “papá dijo, soy liya. ya no puedo más. me voy a matar”. Y él respondió. “Si es lo mejor para ti, entonces hazlo”.

Liya tiene 16 años. Es una chica bonita. Mi primer dueño fue un combatiente del Estado Islámico; se hacía llamar Abu Mohammed , cuenta. Era alto y calvo, de Siria, mucho más viejo que su padre. Por la noche se la llevaba a su habitación y no dejaba de violarla hasta que salía el sol. No fue el primero.Claro que intentó escapar. Ella y las otras chicas que vivieron encerradas en aquella casa de Irak. Una vez, mientras los tipos del Estado Islámico desayunaban, echaron a correr hacia el río. Pero es difícil ahogarse cuando el agua solo te llega hasta las rodillas. Aguantaron escondidas un par de días, luego las descubrieron y, dos semanas después, las llevaron con otras mujeres y chicas de regreso a Siria. A un mercado de esclavos.Liya está sentada en el suelo con las piernas cruzadas y las rodillas recogidas con las manos. Desde que la liberaron, dice su madre, se enfada a menudo. Y por la noche grita.Liya ha vivido prisionera del Estado Islámico durante más de tres meses. Fue una recompensa para sus combatientes. Un juguete. Parte del botín.Todo empezó el 3 de agosto de 2014. Los hombres del Estado Islámico llegaron a primera hora de la mañana a su ciudad, Sinyar, en Siria. Atravesaron las colinas a bordo de vehículos todoterreno y en poco tiempo rodearon la zona. En esa región, la mayoría de la población pertenece a la minoría étnica yazidí. Apenas contaban con armas y no plantaron resistencia. Además, creyeron a los que decían que el Estado Islámico no estaba interesado en ellos, solo en los chiíes y los kurdos. Colgad una tela blanca de vuestra casa y pasarán de largo , escuchaban.Pero no fue así, no pasaron de largo. Nadie sabe a cuánta gente mataron aquellos días, ¿dos mil, cinco mil? Los habitantes de Sinyar atesoraban algo que interesaba y mucho al Estado Islámico. mujeres, chicas, niñas.Liya y sus cuatro hermanos no lograron escapar. Su madre los metió a toda prisa en un coche. No llegamos muy lejos. Enseguida nos detuvieron dos vehículos del Estado Islámico , dice Liya. Impasible, nos va narrando las etapas de su cautiverio. Separación de hombres y mujeres. Separación de mujeres y mujeres bonitas. Luego 50 kilómetros en autobús, hacia Irak, hasta Tal Afar. A continuación encierro en una prisión en algún lugar cerca de Mosul durante 25 días. Después entregada a Abu Mohammed. Luego de vuelta a otra prisión, dos semanas más. Finalmente traslado a la frontera siria. Vendida. Regalada. Éramos unas 150 mujeres. El edificio era grande, una escuela dice Liya. Nos hicieron ponernos en fila y nos dijeron que nos soltásemos el pelo. Cada combatiente podía escoger una . A ella la eligió Abu Abdalá. La compartió con su amigo Abu Imad. Además de sexo, también tenía que limpiar, lavar la ropa, cocinar Había otras tres chicas encerradas con ella en aquella casa llena de hombres del Estado Islámico. Un día se las apañó para robar un móvil. A esas alturas ya estaba segura de que no conseguiría sobrevivir a un intento de fuga. De hecho, ni siquiera sabía dónde estaba. Llamó a su padre. El móvil amarillo de chalilLiya vuelve a estar con sus padres desde el 16 de noviembre de 2014. Su fuga se la tienen que agradecer a Chalil ad-Dachi y sus hombres. Chalil tiene 38 años, es abogado y un hombre respetado en la comunidad yazidí. La muchacha y él se conocían, eran convecinos. Ella pertenecía al grupo de teatro que él apadrinaba en la ciudad. Tras aquella llamada de socorro, el padre de Liya se puso en contacto con él. No sé qué puedo hacer . Sacaremos a tu hija , le prometió Chalil.Chalil tiene delante un par de paquetes de Gitanes y tres móviles. uno, privado; otro, con acceso a Internet; y un Nokia amarillo al que lo llaman las mujeres secuestradas. Desde la llegada de los islamistas se encarga de rescatarlas. Y todo lo coordina a través del móvil amarillo. Chalil trabaja con una red clandestina de intermediarios suníes que pueden moverse libremente por el territorio del Estado Islámico. Algunos colaboran a cambio de dinero. Otros, porque no pueden soportar la crueldad del Estado Islámico. Todos ellos se juegan la vida.Cuatro millones de mujeres viven hoy bajo el dominio de este grupo terrorista. Más de 3000 viven esclavizadas. Al Estado Islámico le gusta divulgar vídeos de decapitaciones tanto como de los castigos y torturas que procura a sus esclavas. Jugarse la vida en los rescatesEn el Estado Islámico, las mujeres deben esconder su cuerpo debajo de varias capas de túnicas negras. También tienen que ocultar su cara y sus ojos. Está prohibido que suene una voz femenina en público. Al principio, Chalil y su gente se aprovechaban de estas prohibiciones. una vez que habían sacado a las chicas de la casa donde las tenían retenidas, solo había que sentarlas en el asiento trasero de un coche, bien cubiertas con los velos, y enseñar una documentación falsa en los puestos de control. Ningún hombre del Estado Islámico hablaba con las mujeres, nadie las miraba a la cara. Ahora, los guardias de los controles se han vuelto más desconfiados. Liya y las chicas que compartían su cautiverio escaparon de esa manera. Chalil quiere mantener en secreto el trayecto de la huida. También debe quedar en secreto la forma en la que consigue difundir el número de su móvil amarillo para que las mujeres secuestradas puedan llamarlo. Tienen fusiles Kaláshnikov e incluso lanzagranadas. Lo que les falta son silenciadores. Si tuviéramos más, podríamos eliminar más fácilmente a los guardianes , dice. Cada vez es más complicado sacar a las mujeres. La línea del frente cambia constantemente. Los intermediarios abandonan o piden más dinero. Ya están exigiendo entre mil y diez mil dólares. Y, además, circula el rumor de que el dinero de los rescates va a parar directamente a las manos del Estado Islámico. Chalil lo niega, asegura que puede confiar en su gente. Sus hombres tienen que pagar a los conductores, alquilar casas, sobornar a los guardias y arriesgan el pellejo. Todo eso tiene un precio. El dinero lo obtiene Chalil del Gobierno kurdo o de las familias de las secuestradas. Hay que improvisar todo el tiempo. Pero cuando el teléfono amarillo suena, Chalil siempre responde con voz calmada. No te preocupes, pronto estaremos allí . A veces pronuncia estas palabras con lágrimas en los ojos, pues sabe que lo que dice no es verdad. O no en un plazo breve. Demasiado arriesgado, le dice su gente. Marcadas por el horror En Dahuk, al norte de Irak, está el campo de refugiados de Kabartu. Allí, la organización Yazda se encarga de recoger la historia de estas mujeres y de ayudarlas psicológicamente. Ya han registrado más de 800 casos. Los datos son enviados al Ministerio de Asuntos Sociales en Bagdad. A continuación, las mujeres empiezan a recibir 100 dólares al mes y revisiones médicas periódicas. Los empleados de la organización se esfuerzan en encontrar una solución para cada necesidad. También para los embarazos, fruto de las violaciones, aunque nadie dice saber nada del tema porque el aborto está prohibido en Irak.Liya y su hermana mayor serán llevadas en breve a Alemania. Liya accederá a un programa de ayuda psicológica para mujeres traumatizadas. Por fin mi vida avanza , dice. Sus padres la escuchan con lágrimas. Ellos se quedarán en el Kurdistán. Todavía tienen que recuperar a sus otros cuatro hijos.

La pesadilla Liya, de 16 años, en el campamento de Kabartu, en el norte de Irak, donde pudo volver a reunirse con su familia. Estuvo prisionera del Estado Islámico durante meses. Cuatro de sus hermanos todavía siguen desaparecidos.

Los nombres de las chicas que aparecen en este reportaje son ficticios. Temen que su testimonio ponga en peligro a familiares que permanecen bajo el yugo de ISIS.

El salvador del teléfono amarillo Un abogado llamado Chalil ha creado una red para salvar a las esclavas de ISIS. Él mismo ha participado en un centenar de acciones. Todo lo coordina con un móvil de color amarillo. Su número se difunde entre las mujeres secuestradas.

Sobrevivir al horror

La terrible experiencia de las mujeres sometidas al Estado Islámico

“Ví cómo fusilaban a toda mi familia” En el campo de refugiados, algunas chicas sienten tanta rabia e impotencia que se arrancan el pelo a puñados. Otras se hunden en la depresión. Badia tiene 19 años. Vio cómo fusilaban a su padre, a sus hermanos y a 76 mujeres mayores de su pueblo. A ella la golpearon con cables y alambres. Dice que no la violaron, pero a las demás sí. Consiguió escapar el 15 de diciembre de 2014.

“¿Dónde están nuestros hermanos?” La hermana mayor de Liya logró escapar cuando llegó el ISIS a su ciudad de Siria, Sinyar. Se siente afortunada por no haber sufrido ese calvario. Aunque el sufrimiento lo padece toda la familia. Sus cuatro hermanos varones siguen desaparecidos. ¿Serán ahora niños soldados al servicio del Estado Islámico, como todo el mundo dice? El más pequeño solo tenía cinco meses cuando fue secuestrado.

“Mi mejor amiga se cortó las venas. no pudo soportarlo” A Narin la golpearon con varas hasta partirle la nariz. Intentó matarse. saltó por la ventana, pero sobrevivió con una fractura de cráneo. Por las noches sueña con el día en que decapitaron a su primo. Cuando las llevaron a Mosul, su amiga Yila se cortó las venas de la muñeca. Se conocían desde pequeñas. La vio desangrarse. Narin tiene 21 años, le gustaría aprender inglés, dice. Con eso le vale. En la foto aparece con su hermana pequeña.

“Vigilo a mi hermana pequeña para que no se suicide” Laila tiene 28 años y ha cuidado de sus hermanos pequeños toda su vida. Se dedicaba a coser ropa y, con el dinero que ganaba, sus hermanos pudieron ir al colegio. Tiene una hermana un año más joven que ella. Laila tiene que vigilarla todo el tiempo para que no se suicide. Dice que a menudo se queda sin aire, que el cuerpo se le pone rígido y azulado. Apenas es capaz de retener algo de comida. Cada día está más consumida. La liberaron el 15 de mayo.