‘Y cómo es él’, ‘Un velero llamado Libertad’ Más de 600 canciones, registradas en la Sociedad General de Autores, llevan su firma. A sus 70 años, Perales sigue en la brecha. Su tiempo libre lo dedica a cuidar del jardín, a la escultura, a la cerámica y a publicar una novela. Con ese motivo, nos recibe en su residencia de Madrid.

Es un vendedor de historias. Lola Flores, Raphael, Miguel Bosé, Rocío Jurado, Isabel Pantoja o Julio Iglesias le compraron sus mejores canciones. Hasta que un día se subió a un escenario. Desde entonces ha vendido más de 50 millones de copias en todo el mundo. Gabriel García Márquez dijo de él. Daría cualquier cosa por resumir una historia que a mí me cuesta un libro en tres minutos, como dura una canción de José Luis Perales . Pero, en esta ocasión, la cosa no ha ido tan rápida. Perales publica su primera novela, escrita y reescrita durante tres años. La melodía del tiempo (Plaza and Janés). Para hablar de ella, nos cita en su casa de Madrid. un amplio chalé donde alberga una importante colección de pintura moderna y rodeado de un espectacular jardín que él cuida personalmente. Sobrio, elocuente y vergonzoso a la vez, nos abrió su casa y su corazón.

XLSemanal. La melodía del tiempo es una radiografía de esta España nuestra después de la Guerra Civil. ¿Cómo se le ocurrió meterse en esta aventura? 

José Luis Perales. Me animé hace tres años. Al terminarla, se la enseñé a mi amiga Paloma Gómez Borrero y ella fue quien la llevó a las editoriales. Yo no me atrevía; me daba mucha vergüenza. Por timidez o por miedo al fracaso, a que no le guste a la gente.

XL. Hace 40 años también algunos llevaban por usted sus canciones a las casas de discos

J.L.P. Es verdad, soy un lobo estepario muy solitario y muy vergonzoso. De hecho, las primeras letras que compuse las firmé con pseudónimo. Alexis Sauce.

XL. La novela tiene muchos protagonistas y casi todos ellos son muy muy religiosos, ¿usted también?

J.L.P. Bueno, quítale el muy muy. Soy católico y voy a misa cuando puedo, pero soy muy mal católico. Santa Teresa decía. Da hasta que te duela . Y yo, la verdad, hasta que me duela no he dado nunca. Debería ser más solidario.

XL. Es un hombre generoso. lo fue con sus padres y lo es con el compromiso que ha adquirido con Aldeas Infantiles.

J.L.P. Cuando ves una carencia, el primero que tiene que estar ahí es el que más puede. Ayudar a los demás es una necesidad y una obligación. No se me olvidará nunca la imagen de un niño de unos siete años tumbado en una acera de Medellín, en Colombia, esnifando pegamento. Conocí Aldeas Infantiles en América y, cuando vine a España, me puse en contacto con los de aquí. Me dijeron que les escribiera una canción. Y escribí Que canten los niños, les cedí los derechos de autor y me dio mucha satisfacción cuando me dijeron que la habían cantado en la ONU. 

XL. Sobre el escenario ha tenido anécdotas memorables; una de ellas, precisamente, interpretando esa canción.

J.L.P. Sííí [ríe]. Una vez subí al escenario a un montón de niños para que la cantaran conmigo y cogí a un niño en brazos y lo senté junto a mí en un taburete. Cuando empecé a cantar, el público, en vez de encender velitas y emocionarse, comenzó a reír. Yo no entendía qué pasaba y, como no paraban de reírse, miré al niño y resulta que era un enano de 50 años que no paraba de hacer gestos de burla. Como no sabía qué hacer, dejé al enano en el taburete y cogí otro niño para seguir cantando [ríe].

XL. Otra vez le pegaron un tiro.

J.L.P. ¡Ufff! Fue en Extremadura. A mitad del concierto se levantó un señor muy trajeado, se acercó al escenario y me dijo. Haz el favor de callarte porque me estás mareando ya . Yo seguí cantando, y el señor se metió la mano en el bolsillo, sacó una pistola y me pegó un tiro, sin más. Me di un susto de muerte, podía haberme convertido en un mártir de la música [ríe]. Al final resultó que el hombre andaba mal de la cabeza y las balas eran de fogueo.

XL. Dicen que es usted muy buena gente

J.L.P. ¿Yo? ¡No! Malo no soy, pero no soy tan limpio, tan puro ni tan inmaculado. Manuela, mi mujer, siempre dice. Cuando yo hable, verás [risas].

XL. ¿Es chinche, picajoso, tiene mal carácter ?

J.L.P. Un poco picajosillo, sí. Tengo malos humores, sí. Cuando me enfado, me voy al campo solo para no ver a nadie [ríe].

XL. ¿Cómo era su familia? 

J.L.P. Muy normal. Mi padre se ganaba la vida como podía. era albañil, peón caminero, trabajaba en el campo Y a mi madre le encantaba el huerto y se esmeraba por llevarnos a mis tres hermanas y a mí limpios como el jaspe.

XL. ¡Era el niño preferido de mamá!

J.L.P. Sí [ríe]; ella me decía. Hay que ver la guerra que me das con lo bueno que eres . No era muy obediente, prefería que mandaran a las chicas.

XL. ¡Machismo de la época! 

J.L.P. ¡Exacto! No he fregado un plato en casa en mi vida. En el pueblo el que no era machista es porque era tonto. Las chicas tenían un rol y los chicos, otro. Era rebelde, pero excesivamente responsable. me hubiera gustado ser un poco más golfo, más loco, más calavera, más pícaro.

XL. ¿En esta novela hay mucho de su vida?

J.L.P. Hay cosas mías en muchos personajes, pero no soy ninguno concreto. Cuento muchas cosas que he vivido, sí.

XL. ¿Como la de ir al corral a aliviarse?

J.L.P. ¡Ja, ja! En todas las casas había corral, salvo en las de los ricos. 

XL. ¿Y cuándo dejó de ir al corral para esos menesteres?

J.L.P. A los 14 años me fui a vivir a Sevilla con una beca para estudiar en la Universidad Laboral y allí había un cuarto de baño maravilloso. En Sevilla conocí las duchas de agua caliente y fría, la educación de los salesianos, que fue espléndida. ¡Y descubrí la música! 

XL. Luego vino a Madrid y trabajó como delineante en una eman siete mil pesetas Y allí conoció a Manuela Carrasco, que era traductora de inglés.

J.L.P. Además de traductora, era la secretaria del director, que entonces era un puestazo. Yo no era conocido, aunque ya había compuesto muchas canciones. Estuvimos cuatro años de novios y, cuando nos casamos, dejamos de trabajar para empezar a hacerlo juntos en casa. Ella siempre me ha apoyado en todo, pero no le gusta nada que hable de ella.

XL. ¿Perales delineante tenía éxito con las mujeres?

J.L.P. Yo creo que sí. Guardo un gratísimo recuerdo de todas las chicas; pero tampoco es que fuera un donjuán, porque mi timidez se extendía también a mi relación con las mujeres. Yo soy muy tímido, pero me envalentono cantando.

XL. ¿Hay que tener la cabeza muy fría para estar más de 40 años en la brecha, sin que su matrimonio se resienta?

J.L.P. Yo siempre me he dejado llevar por la vida, pero no he tenido la más mínima duda en no dar ni una sola concesión a esta profesión [rotundo].

XL. Cuando se le ha presentado una situación embarazosa

J.L.P. Trato de salir del atolladero lo mejor que puedo, de la manera más elegante posible. Y siempre salgo airoso porque Manuela no me perdonaría una infidelidad. Es un tema del que no me gusta hablar. Es verdad que incluso llegan a llamar a la habitación de tu hotel. Pero, evidentemente, a medida que te haces más mayorcito suenan menos la puerta y el teléfono [ríe].

XL. ¿Y cómo habla tanto de desamor si no lo ha probado?

J.L.P. Bueno, bueno, algunos desamores he tenido antes de conocer a Manuela. Date cuenta de que yo me casé con 28 años y siempre he sido muy enamoradizo. Pero también he de decir que en las canciones he cultivado mucho el victimismo y que en mi vida real las cosas no eran así.

XL. ¿Quién es más celoso de los dos?

J.L.P. Yo. No es tanto el miedo a perderla como esa necesidad de tenerla para mí nada más. 

XL. Cuenta que le costó decidirse a cantar porque temía que la fama pudiera afectarle a su familia.

J.L.P. Es que en aquella época se te metían los fotógrafos en el jardín de tu casa, y a Manuela y a mí eso no nos gustaba nada. Ver ahora que mis hijos han podido salir a la calle sin que los reconozcan me parece un gran éxito.

XL. Varias veces ha dejado de cantar porque no quería dejar de ver crecer a sus hijos.

J.L.P. Eso es fundamental. Una vez, al regresar de una gira en América que duró varios meses, Manuela fue a recogerme al aeropuerto con los dos niños, que tendrían unos tres y cuatro años. Pablo echó a correr hacia mí en cuanto me reconoció de lejos. Pero María me miró extrañada, no me reconocía. Fue el punto de inflexión. A partir de ese momento dejé de hacer tantas giras, aunque dejase de ganar mucho dinero.

 XL. Porque ya tenía suficiente

J.L.P. El símbolo del éxito parece que es tener un avión privado, unas mansiones inmensas para mí es ser libre y dueño de mi tiempo. No hay dinero que pague el poder levantarte cada mañana y decidir lo que quieres hacer.

XL. Lo imagino el abuelo perfecto.

J.L.P. No sé si soy muy buen abuelo, pero sueño con el mes de agosto para estar con mis nietos (tiene dos y un tercero en camino); ahora, también soy chinchorro cuando se ponen guerreros. No creas que aguanto todo, a veces me ponen nervioso y levanto la voz. ¡Ya está bien. Se acabó! . Pero los quiero mucho, ser abuelo me parece la cosa más maravillosa y tierna del mundo.

XL. Máteme por la pregunta, pero dígame. ¿a qué dedica el tiempo libre? 

J.L.P. [Risas]. Al jardín, a la escultura, a la cerámica, a escribir una novela como esta Eso es para mí la libertad, a la que no voy a renunciar nunca por amasar y amasar dinero.

XL. ¿Pesan los 70 años?

J.L.P. ¡Nada! Son livianísimos. Yo no tengo 70 años, ni me lo creo ni me lo quiero creer. Sé que es una edad en la que te puede venir un achaque y se acabó. Pero yo no quiero vivir demasiados años; solo quiero vivir con lucidez y con emoción, con interés por escribir otra novela, por componer  

XL. No ha ido nunca a cantar a Cuba, y en Chile, durante la dictadura de Pinochet, intentaron censurarlo.

J.L.P. Así fue, sí. Llevaba una canción en el repertorio que decía. Me gusta la palabra libertad . Me dijeron que creían conveniente que la cambiara y les respondí que lo que yo creía conveniente era quedarme en mi casa y no ir allí a cantar, y no fui. Supongo que otro en mi lugar hubiera ido, no hubiera cambiado nada, se hubiera montado un follón y hubiese regresado como un héroe nacional por la libertad, pero yo no soy de ese gremio.

XL. ¿Le han pedido apoyo desde algún partido político?

J.L.P. Me han llamado para que cante en mítines y he dicho siempre que no. Una vez me llamaron de tres partidos diferentes y dije que no a los tres. Al año siguiente, ningún ayuntamiento de esos partidos me contrató. Ser libre cuesta mucho. Nunca me he sentido identificado al cien por cien con ningún partido. De hecho, no voto siempre al mismo.

XL. Sin embargo, ha confesado que en la legislatura pasada votó a Izquierda Unida, para sorpresa de los que lo ven a usted como un hombre de derechas y muy religioso.

J.L.P. Creo que el verdadero cristianismo viene de ahí, del comunismo de izquierdas; lo que pasa es que se interpreta muy mal. Normalmente, cuando llega la hora de votar porque siempre voto, lo hago en función de cómo se hayan portado y varío mucho.

XL. ¿Hasta el punto de votar incluso a un partido de derecha?

J.L.P. ¡Hasta aquí hemos llegado! Ya no cuento más, ja, ja, ja.

XL. ¿Es optimista con el panorama que tenemos?

J.L.P. Desgraciadamente, no. Me da mucho miedo la insolidaridad y la falta de diálogo. Y lo que está pasando en Cataluña no creo que sea bueno para el país. Me parece que serán más pobres por ese camino y que España también lo será si se independizan. Es algo que no conviene a nadie. 

XL. Una última cuestión, porque sé que conoce bien a Isabel Pantoja. ¿se imaginaba que podría pasar por todo lo que está pasando?

J.L.P. No, y me da mucha pena. No digo que el juez haya sido injusto, pero sí me parece muy injusto ver la cantidad de cosas tan tremendas que están apareciendo en los medios de otras personas tan importantes y tan significativas de este país a los que no les pasa nada La Pantoja está en la cárcel y ellos, por cosas mucho más graves, siguen libres y con sus cuentas en Suiza y en Andorra Creo que se han cebado con Isabel.

En el jardín de su casa José Luis Perales posa en el jardín de su casa de Madrid. Un amplio chalé donde alberga una importante colección de pintura moderna.

Los comienzos

A los 14 años, me fui a Sevilla con una beca. Allí descubrí la música. Los salesianos me dieron la carpintería necesaria para hacerme mis guitarras y un cuarto para ensayar . Sus primeras canciones las firmó como Alexis Sauce. ¡No sé cómo se me ocurrió ese nombre! .

Manuela, su mujer 

Perales empezó trabajando en una empresa donde conoció a su mujer. Manuela era la secretaria del director. Yo no era conocido, pero ya había compuesto muchas canciones . A la izquierda, con sus hijos.

En ‘familia’

Perales con Julio Iglesias, Rocío Jurado, José Luis Rodríguez El Puma y Lola Flores. Abajo, con Sara Montiel y, a la derecha, con Isabel Pantoja. A todos les dio canciones con las que conquistar el corazón del público.