Fue el ‘gran delator’ de la NSA antes de Snowden. Trabajaba para la agencia, pero tras el 11-S la denunció por prácticas ilegales e ineficaces. Asegura que usa un programa que espía indiscriminadamente a los ciudadanos, tal como que reveló Snowden, y que, además, no evita que escapen los terroristas. Un documental cuenta su historia.

El thin thread es un programa de procesamiento de datos que la NSA desarrolló en los años noventa para luchar contra el terrorismo y el narcotráfico.

Aquel programa fue desarrollado por un equipo que encabezaban el protagonista de esta entrevista, William Binney, y Ed Loomis. El programa estaba ya muy desarrollado (llevaba un año probándose con datos reales) cuando fue repentinamente abandonado tres semanas antes del 11-S por orden del director de la agencia, Michael Hayden. Alegó que iban a optar por otro similar, Trailblazer, que encargarían a una empresa externa. El malestar de los informáticos de la agencia se disparó tras los atentados del 11-S y algunos, entre ellos Binney, denunciaron los fallos de la inteligencia americana para frenar aquellos ataques. No es posible saber si a tan poco tiempo del 11-S su programa hubiese servido para evitarlos, pero lo que sí se ha demostrado es que el programa por el que finalmente se optó olvidó varios detalles que el Thin Thread sí consideraba. el derecho a la privacidad y la capacidad limitada del ser humano para procesar los datos interceptados. El programa que ahora usan -el que denuncia Snowden- graba indiscriminadamente todo tipo de datos y conversaciones sin respetar privacidad alguna. Y al recibir tantos datos no se procesan adecuadamente. Por eso, Binney no se sorprendió cuando estalló el caso Snowden. Es precisamente lo que yo había estado denunciando durante mucho tiempo. que estaban almacenando de forma masiva contenido e información de nuestros ciudadanos. Y nadie nos creía .

XLSemanal. ¿No es una afirmación demasiado contundente asegurar que el 11-S se habría evitado si las agencias de seguridad hubieran hecho bien su trabajo?

William Binney. Si la información llegada a la base de datos de la NSA hubiera sido procesada por Thin Thread, habríamos tenido información sobre los terroristas antes de que esa gente se subiera a aquel avión en Kuala Lumpur y aterrizara en la costa este de Estados Unidos. Si un teléfono forma parte de una red terrorista y es utilizado en cualquier parte del mundo, es inmediatamente reportado por el programa. No sería necesario que una persona lo reconociera.

XL. ¿Cuál es la diferencia entre ese programa y los procedimientos que usa la agencia?

W.B. La diferencia es que la NSA depende de personas que lean y revisen una base de datos masiva, dependen de personas para encontrar lo que es importante y comunicarlo. Thin Thread no.

XL. ¿No confía usted demasiado en un programa que no se ha llegado a poner en funcionamiento?

W.B. No hay caso de terrorismo en ninguna parte del mundo que no hubiera podido ser detectado por los parámetros de selección de datos que teníamos en Thin Thread. Ninguno.

XL. ¿Con ese programa podrían adelantarse también a los movimientos de ISIS?

W.B. Podrían, pero, una vez más, están recogiendo demasiados datos en lugar de centrar sus objetivos.

XL. Con los atentados de París, se ha visto que Bruselas es el epicentro de los terroristas, pese a ser una de las ciudades con más seguridad de Europa.

W.B. Sigue siendo el mismo problema. Cada vez que ocurre un atentado, dicen conocíamos a esas personas, los teníamos identificados. Tienen los datos pero no pueden procesarlos. Así que actúan siempre por reacción al atentado, en lugar de prevenirlo.

XL. Otro riesgo es que la tecnología de vigilancia que usted propone sea utilizada por ‘los otros’, los grupos terroristas, criminales

W.B. Por supuesto. Es como cuando introducen un gusano informático como Stuxnet a los iraníes. Irán entonces tiene ya el virus, puede examinarlo, analizar el software, ver cómo funciona y diseñar sus propios virus. Aparte de que Stuxnet es una idea estúpida se mire como se mire, porque si sueltas un virus que ataca cierto tipo de equipos no se va a quedar ahí, va a circular, y en algún momento va a infectar equipos similares por todas partes.

XL. Internet parece el nuevo campo de batalla y, en este nuevo entorno donde no hay fronteras, el enemigo queda totalmente desdibujado, ¿no?

W.B. Exactamente. Ese es el otro problema que tenía con la NSA y su forma de funcionar. Si encuentran cualquier debilidad en un firewall o sistema operativo de redes, no lo comunican a nadie y no es solucionado. Y la razón por la que no quieren que sea solucionado es porque les permite tener una puerta de entrada a ese sistema y ver qué se está haciendo y coger los datos. Pero no se dan cuenta de que no tienen el monopolio de la gente lista; hackers y gobiernos de todo el mundo también son listos y también pueden encontrar esas ventanas abiertas.

XL. ¿Y por qué se arriesgan?

W.B. Para seguir pidiendo dinero. Si el país sigue siendo víctima de esos ataques informáticos, se aseguran de recibir más y más dinero. Y, además, les da poder. La información es poder, poder de control a los ciudadanos. Es lo que veíamos que hacían los regímenes totalitarios a los que vigilábamos décadas atrás, y es exactamente lo que están haciendo ahora. Controlar a las personas, en lugar de hacer bien su trabajo, y respetando su privacidad.

XL. ¿Cree que hay una falta deliberada de información?

W.B. En el caso de la guerra de Irak, creo que sí fue así. De hecho, el vicepresidente Dick Cheney protagonizó una escena en la que se acerca a la mesa de un analista de la CIA y le pregunta. ¿Qué tienes que pueda justificar que vayamos a la guerra de Irak? . ¿Qué crees que va a hacer ese pobre analista cuando el vicepresidente le está mirando sobre su hombro? Pues va a intentar encontrar algo.

XL. Hombre, algo harán bien las agencias de información.

Son muy importantes. La CIA fue creada en los años cincuenta tras el ataque de Pearl Harbor, la NSA en los setenta Lo llamamos ‘defensa preventiva’. Su labor era la de ser capaces de analizar y prevenir ataques, pero ahora están subvirtiendo esa labor, y lo están haciendo por motivos equivocados. dinero, poder y control.

XL. Más allá de denunciar las prácticas de vigilancia de la agencia, A good american, el documental, pone sobre la mesa el rentable negocio entre los servicios de inteligencia y unas cuantas empresas privadas.

W.B. Es lo que yo llamo el programa de ‘gestión de felicidad’ del complejo de la industria militar de inteligencia. Su lema es seguir manteniendo el problema, para seguir pidiendo más dinero y que siga circulando.

XL. Usted, que ha pasado casi la mitad de su vida trabajando para los servicios de inteligencia de su país, que ha llegado a ser director técnico de análisis militar y geopolítico mundial, ¿cuándo cree que comenzó a conformarse este cambio de prioridades?

W.B. Creo que ha sido un proceso gradual, que se remonta a finales de los sesenta, cuando se decidió separar los sistemas de operaciones de los sistemas de tecnología. Los primeros resuelven problemas, los segundos buscan soluciones para ayudar a resolver problemas. Al separarlos, cada grupo comienza a tener prioridades distintas; mientras para los primeros es resolver problemas, para los segundos pasa a ser pedir dinero para investigar, hasta convertir eso en un negocio en sí mismo. El gran caudal de dinero llegó con Reagan y, sobre todo, tras el 11-S.

XL. Usted dice que entran entonces en juego las empresas privadas de seguridad. Cuenta el caso de SAIC, una empresa formada en su mayoría por exagentes de la NSA, que precisamente es la que se hizo con el desarrollo del programa de vigilancia Trailblazer.

W.B. Y es solo uno de los casos. Yo lo llamo ‘relación de incesto’ y funciona así. hay un grupo de quince empresas que son las que licitan los proyectos de la NSA y la CIA, las mismas quince. No importa cuál de ellas gane porque las otras también se llevan una pequeña parte de ese contrato. Para evitar demandas, se reparten el pastel. Así todo el mundo está contento. En el próximo contrato, otra de las empresas lo gana, y comparten de nuevo. Han comercializado la seguridad.

XL. Usted define el programa de vigilancia de la NSA categóricamente. una herramienta para monitorear el mundo entero de forma automática y en tiempo real. Suena bastante siniestro.

W.B. Bueno, con un margen de milisegundos, pero sí [bromea]. En mi programa pusimos una protección, un sistema de filtración de información de personas que no eran relevantes o no suponían una amenaza. Toda esa información se descartaba. Era el primer requisito para asegurar que no pudieran abusar de esos datos y por eso el filtrado previo era tan importante, para proteger la privacidad de todo el mundo. Pero lo descartaron.

XL. Como explica su compañero en el desarrollo del proyecto, Ed Loomis. en la era actual son tu comportamiento y tus huellas digitales las que te delatan.

W.B. ¡Esa es precisamente la clave! Se pueden detectar esas cosas por adelantado y establecer predicciones sobre intenciones para prevenirlas antes de que sucedan, que es el objetivo de la agencia de inteligencia. Pero se han olvidado de eso y, en lugar de ello, tienen a miles de analistas sepultados en toneladas de datos que no dan abasto a analizar. Por ejemplo, en el intento de atentado en Garland ciudad del estado de Texas donde se estaba celebrando una muestra de caricaturas de Mahoma, un miembro de Anonymous fue dos días antes a informar a la Policía sobre el ataque. ¿Por qué lo sabían? Porque Anonymous se centra en monitorear los datos, que es lo que hace Thin Thread.

XL. Y, sin embargo, Anonymous está en el punto de mira del Gobierno.

W.B. Exacto. Si contratásemos a Anonymous y despidiésemos a la gente que trabaja actualmente en inteligencia, nos ahorraríamos cientos de miles de millones al año. Y nos iría mejor.

XL. No parece muy probable

W.B. Lo que están haciendo las agencias es engatusar a los políticos con discursos tecnológicos farragosos, para hacerles creer que hay una tecnología malvada de la que solo ellas, las agencias de inteligencia, nos pueden proteger. Los políticos no tienen ni idea y son manipulados por sus agencias.

XL. Por cierto, ¿cómo es posible que la agencia de seguridad de la primera potencia mundial no se percatara de una descarga masiva de documentos dentro de su propia red como la que estaba llevando a cabo Snowden?

W.B. Te voy a decir por qué, y esto demuestra una vez más por qué la tecnología es parte de la solución a los problemas que plantea la era digital. En 1991 o 1992, un compañero y yo propusimos a la NSA instalar un software, que llamamos Wellgrounded, para monitorear la red mundial de la agencia. Cualquier cosa que cualquier miembro hiciera pasaría por el sistema informático de la NSA. Nos encontramos con la oposición de los propios agentes de la NSA, que de ninguna forma querían que monitoreásemos todo lo que hacían. Me dijeron que no invadiésemos su privacidad, lo que resulta bastante hipócrita por su parte.

XL. Y se salieron con la suya

W.B. Es que luego vino lo peor. los jefes. Nos preguntaron si eso significaba que se conocería el retorno de inversión de cada programa que se lleva a cabo, si seguiríamos todo el dinero que se mueve en la agencia, las tasas de éxito de los programas, y si el Congreso tendría acceso a ver todo eso. Nuestra respuesta a todo ello fue que sí. La suya, que de ninguna forma pondríamos eso en marcha. Nos mandaron pararlo inmediatamente.

XL. Y ahí se coló Snowden

W.B. Si ese programa, el Wellgrounded, hubiera salido adelante, habría pillado a Snowden a los 20 milisegundos de empezar las descargas.

Binney fue funcionario de alto rango de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos (NSA) durante más de 30 años. Renunció el 31 de octubre de 2001 al convertirse en denunciante de las prácticas de la propia agencia. Recientemente ha perdido sus piernas a causa de una diabetes.

Testigo de cargo

Binney, que trabajó para la NSA (su sede, abajo), declaró ante la comisión parlamentaria alemana que investigó el espionaje de Estados Unidos. Ahora un documental, A good american, dirigido por Friedrich Moser, cuenta su historia. El programa de vigilancia de Binney no se llegó a poner oficialmente en funcionamiento, aunque, según él, estaba listo. Varias agencias han intentado fichar a Binney para que lo aplique. Él se ha negado. Pero ahora dice estar en conversación con un país del sur de Europa para hacerlo.