Emmanuel Macron se lleva a su mujer a las reuniones. “Tiene que estar a mi lado” -dice. Guapo, joven, exbanquero y con un estilo muy diferente al resto del gabinete socialista de Hollande. Por Adam Sage/ Fotos Cordon

Emmanuel Macron no se parece en nada al típico político francés ni cuando reflexiona sobre economía ni cuando habla de su ‘peculiar’ matrimonio -el adjetivo es suyo- con una mujer casi 20 años mayor que él. Se conocieron en el colegio. Él tenía 16 años y ella era profesora.

Macron, es el ministro de Economía del Gobierno socialista de Hollande. Su antecesor, Arnaud Montebourg -partidario del proteccionismo y con una vida amorosa complicada- se emborrachó durante un acto de su partido, criticó las medidas que se suponía que tenía que llevar a la práctica y fue cesado del cargo. La ministra de Cultura, Aurélie Filippetti, con quien había estado manteniendo una aventura, dimitió en muestra de solidaridad.

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Para el siguiente reajuste ministerial, el presidente Hollande se fijó en Macron, su subjefe de gabinete y un hombre casi desconocido. En agosto de 2014 le puso al frente de la economía francesa. Su nombramiento horrorizó a la izquierda tradicional. El nuevo ministro tenía una mancha en su historial: había sido banquero de inversión.

Sin embargo, en poco tiempo, Macron se ha convertido en la estrella del Gobierno de Hollande. Su cualidad: ser distinto a los demás. Un hombre de aspecto juvenil, casado con una mujer mayor que él y que mira con desconfianza a los partidos (ni siquiera ha renovado su carné de militante socialista). Un reciente sondeo revela que es el segundo político más popular de Francia y quizá el único del Ejecutivo -Hollande incluido- con posibilidades de ganar la Presidencia. El sondeo provocó especulaciones en París sobre sus aspiraciones a la jefatura del Estado… Nuestro hombre no se molestó mucho en desmentir el rumor.

Ni los comentaristas ni los demás políticos saben muy bien qué pensar de él. Hay quienes lo ven como un Tony Blair galo. Otros predicen que terminará por hartarse y se marchará a montar una start-up en Estados Unidos.

Mientras espero a entrevistarme con él, permanezco junto a la puerta de su despacho hasta que una mujer sale de una sala adyacente. Con su elegante vestido negro e inmaculado cabello rubio, parece una de las perspicaces asesoras que abundan en los círculos gubernamentales franceses.
“Soy madame Macron dice, tendiéndome la mano. Mi marido no tardará en estar con usted”  

Una esposa diferente

La historia de la política francesa está repleta de ministros que han proporcionado empleos pagados por el contribuyente a esposas y amantes y que después se han querellado contra aquellos medios de comunicación que han osado hablar de sus asuntos domésticos.

Pero en la era de las redes sociales, después del escrutinio global a las prácticas sexuales de Dominique Strauss-Kahn y de la turbulenta vida amorosa de Hollande, ya no se sostiene el viejo principio de que la vida privada tiene que seguir siendo privada. Macron sabe esto muy bien.

El matrimonio de Macron y Brigitte Trogneux tiene fascinada a la élite de París. Ella es 20 años mayor que él y acude a numerosas reuniones del Ministerio

“No escondo mi vida privada, porque hacerlo me parecería ridículo… y porque si te metes en política, has de meterte hasta el fondo. Y también por otra razón: si un ser querido está sometido a tantas presiones, también se merece estar a tu lado. Pero sin ostentaciones. Nunca hago fotos de familia. Yo no escondo a mi mujer -prosigue Macron-. Ella tiene su vida. Todos la conocen.

Cierto. En noviembre pasado, un periodista que estaba grabando un documental sobre Macron encontró a su mujer, Brigitte Trogneux, sentada en una reunión al lado del ministro. Brigitte dijo al periodista que ella no era parte de la decoración. “Bueno es frotar y limar nuestro cerebro con otro -agregó, citando a Montaigne, el pensador francés renacentista-. Y aquí nos los frotamos y limamos mucho”.

Macron cuenta que su esposa dejó de trabajar como profesora en París para asumir un papel no oficial y no pagado a su lado en el Ministerio, que incluía la asistencia a algunas reuniones, sobre todo las de los sábados, en las que se habla de los proyectos inminentes.

“No escondo a mi mujer. Mi esposa tiene que oírlo todo y, a veces, dar su opinión. Pero no forma parte de mi equipo”

“Cuando eres ministro, tu vida pública devora tu vida privada. Brigitte tiene que entender qué es lo que hago, tiene que oírlo todo y -a veces- dar su opinión. Estuvo de acuerdo en dejar de trabajar para implicarse más y es que, si no, no tendríamos una vida en común. Macron matiza: “Pero no forma parte de mi equipo ni cobra un sueldo pagado por los contribuyentes. No tiene cargo oficial porque, si lo tuviera, la situación sería muy difícil para las personas que trabajan conmigo”.

Toda una vida juntos

Cuando se conocieron, Macron tenía 16 años y era alumno de un colegio católico en Amiens. Ella era profesora de Arte Dramático en la escuela, aunque -a pesar de lo que suele decirse- Emmanuel nunca fue uno de sus alumnos. Se conocieron cuando él estaba en el segundo curso de los tres que iba a estudiar en ese colegio; llevan juntos desde entonces.

French Economy Minister Emmanuel Macron (R) and his wife Brigitte Trogneux attend the Bastille Day military parade on the Champs-Elysees in Paris, France, July 14, 2016. REUTERS/Charles PlatiauCODE: X00217

Esperaron hasta que él cumpliera los 29 años para casarse. En la boda estuvieron las dos familias, así como una notable representación de figuras importantes y conocidas.

Trogneux, quien tiene tres hijos de su anterior matrimonio (no ha tenido ninguno con su actual marido), dejó de impartir clases el pasado verano. “Ha sido una profesora excepcional -declaró el director del centro a la revista L’Express-. Es una mujer con una cultura increíble, dinámica un torbellino”.

“Mi mujer es mayor que yo, y eso llama la atención”

Macron se niega a hablar en detalle de su relación. Está a favor de la transparencia, pero no de ‘desnudarse por completo’. Incluso insinúa que se puede juzgar a una persona por la durabilidad de su compromiso matrimonial. “La verdad sobre un hombre o una mujer tiene que ver con los valores que les impulsan. Y bueno…es normal que mis compatriotas sientan curiosidad. El hecho de que esté casado con alguien que, cierto, es mayor que yo llama la atención. Porque es algo peculiar. Pero la gente también sabe que soy un hombre que no tiene miedo a comprometerse, sabe cómo vivo mi vida privada. El hecho de que mi mujer esté a mi lado en el momento de tomar las decisiones importantes me resulta natural”.

“El dinero es tabú en Francia”

En su biografía del ministro, L’Ambigu monsieur Macron (‘El ambiguo señor Macron’), Marc Endeweld asegura que el matrimonio ‘tiene fascinada’ a la élite de París. Los comentaristas y los líderes políticos no cesan de hacer “especulaciones sobre una relación que les resulta tan singular”,- escribe.

Los enemigos de Macron han tratado de desacreditar su matrimonio. Pero, según Le Monde, su esposa constituye un factor de atracción para los votantes

Los enemigos de Macron en el seno del Gobierno posiblemente han tratado de desacreditar su matrimonio (off the record, naturalmente), pero hasta ahora no han tenido éxito. De hecho, según Le Monde, su esposa constituye un factor de atracción para los votantes. “A estas alturas, toda Francia está al corriente de esta historia de amor que tanto fascina al electorado femenino” .

Hay algo juvenil y hasta delicado en Macron. Es el ministro francés de Economía más joven de los últimos 50 años y, a pesar de que ahora solo duerme cuatro o cinco horas, sigue pareciendo más joven de lo que es en realidad.

Macron es un prodigio de energía -no cesa de moverse en el asiento-, pero tampoco está exento de cierta dureza. Lo deja claro cuando hablamos de su etapa en Rothschild and Cie, el banco de inversión donde estuvo trabajando. El periódico Libération dice que se sacó 900.000 euros brutos durante los 17 meses anteriores a su abandono del empleo para trabajar en el Gobierno, donde su salario era entonces de 156.000 euros al año. Algunos socialistas aprovechan para señalar que Hollande llegó al poder declarando que el mundo de las finanzas era su principal enemigo y que ahora ha situado a un adinerado financiero al frente de la economía.

“Escogí servir a mi país, cuando habría ganado mucho más en la banca”

“Escogí servir a mi país junto con François Hollande cuando hubiera podido enriquecerme mucho más. ¿Y eso es un problema para la izquierda o para el país? Cada nación tiene su propio tabú. En Francia es el dinero. En Estados Unidos es el sexo. Puedo entender que el dinero heredado suponga un problema. Pero no el éxito individual. Me deja atónito que la gente se muestre disgustada por mi éxito profesional. El éxito indica que hay movilidad social”.

File picture shows French President Francois Hollande (L) as he escorts French Economy Minister Emmanuel Macron while leaving the Elysee Palace following the weekly cabinet meeting, in Paris, France, July 31, 2015. REUTERS/Stephane Mahe/FileCODE: X02520

Macron cuenta que ascendió desde unos normales orígenes provincianos hasta la cúspide de la élite parisina por medio del trabajo duro. Sin embargo, esta descripción no termina de ser exacta. Es verdad, como dice, que sus padres eran funcionarios, pero tan solo porque trabajaban en hospitales estatales. Su padre era neurocirujano. En la práctica, su procedencia de clase media-alta es la típica de los gobernantes de su país.

En política, sin embargo, Macron es un completo heterodoxo. Para él, las leyes francesas, que en su momento aseguraban la igualdad social, hoy conducen a la desigualdad. Afirma que los integrados en el sistema tienen sus empleos garantizados a perpetuidad, pero las empresas tienen miedo a contratar cuando las ventas suben, porque les resulta imposible efectuar despidos en los momentos de crisis. Como resultado, quienes están en la periferia del sistema -los jóvenes, los pobres, los inmigrantes- siguen anclados en la periferia.

“No ataco al hombre de la calle”

El objetivo de Macron es romper barreras… y eso no gusta nada a los que están dentro del sistema; los sindicatos protestaron cuando dio facilidades para que los comercios abrieran en domingo; los funcionarios hicieron otro tanto cuando cuestionaron la seguridad laboral prácticamente plena de la que actualmente disfrutan.

“Todas las medidas que promuevo tienen el propósito de que la economía sea más flexible y más móvil, de incluir en la economía a quienes ahora mismo están fuera de ella. Los que están dentro son los que dictan las normas. Tienen organizaciones, parlamentarios, sindicatos. Les interesa que el sistema siga siendo un coto cerrado porque ellos son quienes lo dirigen. Es lo que pasa con el funcionariado y con sectores tan importantes como el de la energía o el transporte. No ataco al hombre de la calle. Pero me preocupan las asociaciones profesionales que obstruyen todo movimiento. ¿Quiénes son las víctimas? Muchas veces son aquellas personas que quieren entrar en el sistema y a las que se les impide dicho acceso”.

La primera reunión ministerial de este año puso de relieve las tensiones que su popularidad y sus palabras crean entre los suyos. Macron se presentó con barba, circunstancia que sus colegas se tomaron como un intento de llamar la atención (el hecho es que la noticia acaparó portadas y noticiarios). A pesar de sus explicaciones -según dijo, sencillamente había dejado de afeitarse durante la Navidad-, los demás estaban furiosos. Macron se afeitó unos días después.