Catedrático de Metafísica, 67 años. El PSOE lo fichó como independiente por su prestigio académico y su carácter dialogante para intentar un pacto de Estado que al final no cuajó. Por Carlos Manuel Sánchez

XLSemanal. Nunca se estuvo tan cerca de un pacto de Estado por la educación como durante su etapa como ministro, ¿qué pasó?

Ángel Gabilondo. Yo lo dije cuando tomé posesión del cargo, que había que trabajar por un pacto. Y todas las semanas nos reuníamos con todas las fuerzas sociales y políticas. Así durante un año. Pero al cabo de ese año vimos que no era posible. Nos habíamos puesto todos de acuerdo sobre 155 puntos. Y estaba todo por escrito y a punto de firmarse. Pero al final el PP pensó que no debía firmarlo. Yo lo respeto. Fue durante la última parte de la legislatura de Zapatero. En fin, yo soy partidario de que esos acuerdos de tanto alcance se firmen en la primera parte de las legislaturas. En la segunda parte todo se contamina mucho de electoralismo, de expectativas sobre quién va a ganar Y es mala época para acuerdos.

XL. ¿Qué cara se le quedó? 

Á.G. Hombre, cuando uno habla de pactos, te miran como diciendo. qué ingenuo es usted , pero luego se vio que la sociedad quiere estabilidad legislativa, normativa y económica. Pero yo estoy muy satisfecho de haberlo orientado como un pacto social y político. Y haber empezado por donde había que empezar, por la relación con la comunidad educativa. colegios, profesores, familias, agentes sociales No nos equivoquemos haciendo solo un pacto político en este tema.

XL. ¿Es un cargo que quema mucho? 

Á.G. Es verdad que los ministros de Educación suelen durar poco. Yo estuve 2 años y 9 meses, que es bastante tiempo para la media, pero tanto vaivén de ministros, de leyes, de reformas Los países que van bien no cambian la ley con tanta frecuencia, lo que hacen es evaluarla e introducir mejoras. Pero la ley no lo es todo, también depende de las prioridades políticas, de la implicación social, de la financiación

XL. En financiación seguimos estando por detrás de los países de nuestro entorno.

Á.G. Y eso se nota. Para mí, la educación es una prioridad. Pero hay que pelearla mucho en los consejos de ministros, mucho Porque el ministro de Hacienda verá otras prioridades y otros ministros también tienen las suyas.

XL. ¿Qué argumentaba usted para convencer a sus colegas?

Á.G. Yo les decía que precisamente porque estamos en crisis no podemos bajar las becas ni podemos subir las tasas. Porque la educación, la investigación, la innovación son el mejor camino para salir de la crisis. Eso no quiere decir que no se rindan cuentas y se justifique muy bien todo. Pero está demostrado que cada euro invertido en educación tiene un retorno de tres. A ver qué valor cotizado en Bolsa tiene un rendimiento del 300 por ciento Si uno mira las nuevas regiones más ricas del mundo, todas tienen en su entorno universidades potentes. Y si alguien cree todavía que es caro invertir en educación, le diría que pruebe a invertir en ignorancia.

XL. ¿Y cuánto hay que ‘apoquinar’?

Á.G. Pues no lo sé. Rozábamos el 5 por ciento del PIB, ahora estamos muy por debajo y nos hemos comprometido con la UE para recortarlo aún más. No me gusta hablar de dinero. Porque la riqueza de un país no es solo económica. Pero lo que se destine a educación, que sea sostenible, coherente, no ir a empujones. Ponernos de acuerdo y decir que no podemos bajar de cierta cantidad en los próximos 20 años. Luego podrá haber recortes o no, pero hagamos ese pacto.

XL. Largo me lo fiais

Á.G. Pero es que hay que pensar en un horizonte de 15, 20 años. No estar siempre pendientes de si habrá dinero en los próximos meses o en el próximo año. Esa estabilidad económica es necesaria. Nos la piden los ciudadanos. Y los políticos tenemos que estar a la altura.

XL. ¿Y lo están? 

Á.G. Lo estaremos cuando no hagamos política pensando en las elecciones, sino en las generaciones. Hay que hacer políticas con amor al país, creyendo en lo que se hace. No quiero hacer juicios, pero la LOMCE es un contraejemplo porque es una ley de partido, de un solo partido. Y cuando lleguen otros la querrán cambiar, como ya está sucediendo.

XL. Es una ley que tiene por bandera la reivindicación de la cultura del esfuerzo, ¿no será que nos hemos vuelto comodones?

Á.G. El esfuerzo es imprescindible. Vengo de una familia de nueve hermanos. Mis padres regentaban una carnicería. Que en la vida hay que luchar mucho lo he aprendido en casa. Y también aprendí que hay que escuchar y ceder para llegar a acuerdos. Ya me dirá, con tantos hermanos Así que me parece bien que se reivindique el esfuerzo. Pero no que me digan que el que triunfa es porque se ha esforzado y el que no porque no da un palo al agua. Porque no todos parten de salida con las mismas oportunidades. Es sumamente injusto. Y creo que se está abusando de esa ideología del esfuerzo para atacar lo mejor que tiene nuestro sistema educativo, que es la equidad.

XL. ¿Y qué pasa con la calidad?

Á.G. La calidad sin equidad, y se lo digo de corazón, es elitismo y discriminación. A mí todos esos exámenes y pruebas que se quieren implantar me parecen un experimento de darwinismo social. Yo estoy a favor de las evaluaciones para detectar y corregir necesidades, o para estimular y orientar a los alumnos, pero no como un sistema de clasificación en plan tú sí que vales, tú no . Porque hay hogares donde no hay un libro, donde el chaval no ha visto a su padre leer jamás o donde hay una desestructuración familiar. Siempre nos fijamos en los defectos de nuestro sistema educativo, pero también tiene virtudes. Estamos a la cabeza del mundo en equidad. Eso es algo que destacan los informes PISA, pero parece que nos cuesta sacar pecho. Nuestro sistema es muy inclusivo y ha integrado un 10 por ciento de alumnos de otros países.

XL. ¿Cómo puede afectar la incertidumbre para formar Gobierno al sistema educativo?

Á.G. No creo en un acuerdo de estabilidad de Gobierno que no incluya un pacto educativo. Porque es un asunto de Estado. Pero lo veo como una oportunidad para que los partidos se pongan de acuerdo. Partiendo de la inclusividad del sistema, que nadie por razones sociales o económicas pier derecho, que no podemos perder. Hay que profundizar en cuatro o cinco líneas maestras para mejorarlo. Bajar a los asuntos concretos.

XL. ¿Cuáles?

Á.G. La educación infantil, que es clave para la detección temprana de las dificultades del aprendizaje. Debemos garantizar que haya plazas suficientes de 0 a 6 años. Y que las guarderías públicas no cuesten más que las privadas, como está pasando. La formación profesional (FP). Faltan un millón de plazas. Hay estudios de FP muy atractivos, pero no hay recursos para implantarlos. Los idiomas. Que la enseñanza bilingüe sea bilingüe de verdad. Nuestros vecinos portugueses no tienen tantos problemas con el inglés

XL. Ni los finlandeses, pero allí nadie se escandaliza si la televisión solo pone películas subtituladas, que es algo bastante sencillo y efectivo para aprender idiomas, una propuesta que hizo usted, por cierto, y lo pusieron de vuelta y media

Á.G. Lo que pasa es que en España hay una fuerte industria de doblaje, muy buena, y parecía que se la cuestionaba.

XL. Proponer, como hizo el PSOE, que el 40 por ciento de la población tenga un título universitario, ¿no es pasarse de inclusivista?

Á.G. Habría que hacer un análisis muy serio. En otros países los que cursan estudios superiores se reparten al 50 por ciento entre la universidad y la FP, y aquí son dos tercios los universitarios, pero no me gusta el discurso de que sobran universitarios. Hay que encontrar un equilibrio.

XL. ¿Pero no estamos confundiendo titulación con preparación?

Á.G. Hay que vincular los estudios a las necesidades de la sociedad, no a las demandas del mercado. Ahí tenemos mucho que hacer. Ese prurito de ir a la universidad que había en muchas familias, donde era un sueño secular, ahora ya se ha serenado bastante. Pero tampoco creo que exista una sobreformación.

¿Qué hago ahora?

Soy diputado regional y portavoz socialista en la Asamblea de Madrid .

Antes fui rector de la Universidad Autónoma de Madrid .

Días de Ministro

Es hijo de familia vasca y numerosa uno de sus hermanos es el periodista Iñaki Gabilondo, fue fraile, perdió la vocación, se casó y tiene dos hijos. En la foto, como ministro de Educación en un colegio de Vigo.

El pacto que no fue

Gabilondo medió para que PP y PSOE alcanzaran un pacto histórico, junto con el resto de las fuerzas. Su interlocutora fue María Dolores de Cospedal.

Su objetivo era frenar el abandono escolar, que había convertido a España en un país de ‘ninis’.

El pacto incidía en asegurar la inversión y la modernización de la escuela. Y en el refuerzo del profesorado.

Se aseguraba la coexistencia de la pública y la concertada. Y se respetaban las transferencias territoriales.

Las ‘espinosas’ cuestiones ideológicas, como el carácter laico o religioso de la enseñanza, se aparcaban.