Cada 30 minutos alguien se alza las nalgas en Estados Unidos. Y este médico, el favorito de las Kardashian, se está forrando con ello. El doctor Simon Ourian, el hombre al que buscan estrellas, princesas y celebridades para sus retoques estéticos, tiene también un lado oscuro.

Domingo por la mañana en Beverly Hills. Un Rolls Royce blanco aparca ante una clínica de belleza. de su interior sale un hombre delgado con dientes perfectos. Se llama Simon Ourian y Se le ve seguro de sí mismo; lo que se dice un hombre de éxito. Algo que ha conseguido a base de culos. sí, ha leído bien, porque Ourian modela traseros al gusto del cliente y cobra cifras astronómicas por ello.

Ourian ha encontrado un filón en los alzados de nalgas, la intervención estética que más crece en Estados Unidos, donde se realiza una cada 30 minutos. Aunque sabe lo suyo también sobre labios, frentes, ojeras o estrías. Una maestría que ha puesto en la agenda de Epione Beverly Hills, su clínica, a las hermanas Kardashian, Lady Gaga, Cara Delevingne, varias estrellas de cine, modelos, reinas y a alguna princesa saudí.

El doctor Ourian, sin embargo, no es un cirujano plástico «soy dermatólogo estético de profesión y escultor por vocación» y, en lugar de cirugía, usa inyecciones, rellenos y láser para convertir a sus pacientes en una «versión de sí mismos mejorada con Photoshop».

Sus intervenciones más habituales son la eliminación de bolsas bajo los ojos y el tipo de mejoras en los labios que hizo a Kylie Jenner, del clan Kardashian. Pero su especialidad más celebrada es el «alzamiento del culo» por medios no quirúrgicos. «Cuando elevas pómulos o rellenas labios, casi todos los clientes parecen tener claro el objetivo, pero en materia de culos los gustos personales son más subjetivos refiere sentado en un sofá del vestíbulo con suelo de mármol de su clínica . Hay personas que quieren un trasero redondeado; otras quieren tenerlo más alto; las hay que lo quieren protuberante; están las que lo que quieren más voluminoso o quizá más esculpido…».

Ourian ilustra su afirmación con los ejemplos que tiene por costumbre subir a Internet, donde encabeza una generación de médicos activos en redes sociales cuya labor es machaconamente elogiada por sus célebres pacientes. Todos los días, su ejército de seguidores más de un millón en Instagram se entusiasma con las fotografías de antes y después y los vídeos acelerados que sube a la Red.

En su momento, por ejemplo, grabó la reducción de celulitis de Khloé, la menor de las Kardashian, aunque ni confirma ni desmiente haber «mejorado los traseros» de alguna de las hermanas; como el de Kim, convertido en trending topic absoluto en 2014, tras ser fotografiada para la revista Paper con una copa de champán en equilibrio.

Hace 18 años que Ourian estableció la clínica Epione. No tardó mucho en hacerse con una clientela de celebridades, pero el día en que Kim se presentó allí le «tocó la lotería».

EL DÍA QUE CONOCÍ A KIM KARDASHIAN 
Sin maquillaje, la gran estrella del reality show quería someterse a un par de tratamientos y pidió permiso para grabarlos. «Supuse que vendría un equipo de cinco o seis personas, pero aparecieron cuatro camiones, cámaras, luces… Había unos cien paparazis en torno a la clínica. ¡De locos! Me dije. ‘Esto va a cambiar muchas cosas’».

Y así fue. Kim trajo luego a sus hermanas, y el doctor Ourian se convirtió en invitado habitual de sus programas. Más tarde, Kim declaró las bondades de la crema de contorno de ojos Epione Signature Series (90 dólares) y las existencias se agotaron. Después, le puso unas inyecciones labiales a Kylie Jenner, cuando esta tenía 17 años, y en las clínicas británicas aumentaron en un 70 por ciento las solicitudes de ese tipo de intervención. «Las familias Kardashian y Jenner tienen juntas casi 500 millones de seguidores en redes sociales reflexiona el médico . Si quisieran, podrían cambiar presidentes».

RETRATOS DE BRAD, GISELE Y SALMA
Su relación con las Kardashian «Ellas vienen a mis fiestas y yo voy a las suyas» le ha llevado a un nivel de celebridad que le resulta «muy raro». La gente le pide fotografías por la calle y muchos clientes se hacen selfies con él. Los pasillos que comunican las 14 salas de tratamiento están decorados con retratos de Gisele Bündchen, Brad Pitt y Salma Hayek, entre otros. Algunos de los fotografiados son pacientes de la clínica, pero Ourian no suelta prenda.

«Cuando empecé, la idea de ofrecer cosmética no quirúrgica resultaba un tanto demencial», recuerda. El bótox tenía mala fama, pero resultó ser un interesante punto de partida para sus propósitos. Era uno de los primeros productos «que de verdad ofrecía los resultados anunciados afirma . La gente comenzó a ver que era posible revertir el envejecimiento».

Ourian, de hecho, tiene 48 años y ni una sola arruga. Sus ojos presentan una perfecta forma almendrada. Sus cejas se arquean con elegancia; todo tiene un aspecto natural, pero no lo es. «Cada tres meses me hago algo admite. Bótox para atenuar las arrugas de la frente y las patas de gallo, rellenos en las mejillas y el mentón; una liposucción no quirúrgica en el abdomen…». ¿Qué aspecto tendría si no se hubiera hecho todas estas cosas? Ourian vuelve a exhibir su sonrisa.

«El de un gordo cabrón», responde.

Ourian nació en Teherán, donde creció en una «gigantesca» casa con sirvientes hasta que en 1979 tenía 11 años llegó la revolución y, poco después, la guerra Irán-Irak. Sus padres como millares de iraníes huyeron a Los Ángeles y la familia de cuatro personas pasó a vivir en un piso de dos habitaciones en Hollywood Hills.

De repente, con 16 años, el joven Ourian trabajaba a tiempo parcial en un McDonald’s y soñaba con aplicar las enseñanzas de un libro de autoayuda titulado Piense y hágase rico. En Irán se había quedado fascinado al ver la película Miércoles de ceniza, donde Liz Taylor se sometía a una cirugía plástica para que su marido no la abandonara.

Así las cosas, ahorró 3500 dólares que invirtió en una operación de nariz para tener un aspecto «menos extranjero». Maravillado por los resultados, se graduó en Medicina, culminó su formación con un curso en Harvard sobre el uso de rayos láser en procedimientos estéticos y abrió una consulta con su hermano menor.

Empezaron como especialistas en la eliminación del vello por láser y, cuando aparecieron los rellenos, comenzó a inclinarse por la vertiente ‘artística’ de su aplicación. «Comenzaron a venir famosos, a los que siguieron jefes de Estado, príncipes y princesas». El negocio florecía de tal manera que, según él mismo admite, se expandió «demasiado rápido», por lo que contrató a enfermeras y médicos que «eran malos en su trabajo». Uno de ellos incluso, que ejercía con un título de Medicina falsificado, le robó varios clientes o eso dice Ourian y terminó en la cárcel, lo cual lo obligó a demostrar que no estaba conchabado con él.

INVESTIGACIÓN FEDERAL 
En junio de 2009, el colegio de médicos de California, a partir del testimonio de nueve pacientes, realizó acusaciones más serias, como negligencia temeraria, incompetencia profesional, publicidad falsa o engañosa, prácticas fraudulentas y corrupción. Una investigación federal concluyó que Daniel Serrano un médico argentino que en California solo tenía habilitación como enfermero, famoso más tarde por inyectar un líquido industrial en el rostro de varias mujeres había llevado a cabo cirugía facial en presencia del propio Ourian. «Fue el momento más oscuro de mi vida», asegura.

Estaba convencido de su inocencia en lo tocante a las acusaciones graves, pero durante años tuvo la pesadilla de que le retiraban la licencia. Él y su novia fueron posponiendo la boda, pues ni siquiera veía claro que pudiera pagar el alquiler de la clínica, y se mudó a «un pisito», sintiendo que su vida se vendría abajo cualquier día. «He sido rico y he sido pobre comenta hoy . Créame, es mejor ser rico».
Mientras tanto, se esforzaba por esconder la verdad a sus empleados y, sobre todo, a sus pacientes. «No podía mostrarme inseguro con unas personas que estaban confiándome sus caras y sus cuerpos». Más tarde se quedaría de una pieza al descubrir que muchos de ellos siguieron poniéndose en sus manos pese a estar al tanto de lo que sucedía. «Son mejores personas que yo afirma . Yo no me hubiera fiado».

Al final, reconoció casos de negligencia y de insuficiencia documental y fue condenado a cinco años de libertad condicional. Además, tuvo que realizar de nuevo los exámenes de Medicina, así como un cursillo de ética profesional, abstenerse de ejercer como cirujano en solitario y someterse a las visitas por sorpresa de un mentor designado por el colegio. Marek Dobke, director del departamento de cirugía plástica de la Universidad de California.

APRENDER LA LECCIÓN 
«La primera vez que me encontré con él pensé. ‘¡Estoy jodido!’ rememora Ourian . Dobke sospechaba de todo. Me dije. ‘Eres un inútil, lo mejor sería darle mi licencia e irme a casa’». En el curso de dos años de visitas, sin embargo, se hicieron amigos.
Impresionado con su forma de trabajar, cuando Ourian finalmente compareció ante el juez buscando reducir su condena, Dobke se levantó a las cuatro de la mañana para declarar a su favor. Era la primera vez que lo hacía en los 15 años que llevaba ejerciendo como mentor. Al recordarlo, las lágrimas empiezan a rodar por el rostro de Ourian. «Nunca he contado esto antes», confiesa. Con el apoyo de Dobke, el juez redujo la condena y el doctor volvió a encarrilar su vida.

Según Dobke, Ourian no fue una «víctima» inocente, pero «trabajó con ahínco y es una buena persona; alguien que superó un problema y maduró. aceptó las críticas, aprendió la lección y se convirtió en un gran profesional».

Ourian se liberó de la condena en 2013 y recuperó su prestigio tras «cuatro o cinco años durísimos», en los que vio morir a su padre y a su suegra, y a su madre sufrir un cáncer. «Tuvimos altibajos, pero seguimos en la brecha».

Hoy, en un día cualquiera, él y su equipo tratan a 100 pacientes, 70 de ellos no residentes en Estados Unidos, pero a pesar de su creciente fama no tiene grandes planes de expansión. Le basta con la clínica Epione, sus 30 empleados y su creciente línea de cremas y utensilios de belleza.

En Beverly Hills es frecuente que los trabajadores se acerquen a su clínica a la hora del almuerzo para que les hagan este u otro apaño. «Hay procedimientos que salen por 200 dólares y los hay que salen por 20.000. Con el tiempo te vuelves adicto a tener buen aspecto físico. Sencillamente disfrutas de tener un aspecto más rejuvenecido, más feliz».

Ourian, padre de tres hijos dos niñas de cinco y tres años y un niño de uno , asegura que la obsesión de los niños por la apariencia física le preocupa «enormemente». Muchos padres le han pedido que opere a sus hijos «infinidad de veces», pero siempre se ha negado, lamentando las presiones a las que están sometidas las niñas que crecen en la «psicótica» Los Ángeles. «Esta es una ciudad complicada afirma . Temo que mis hijos con el tiempo se conviertan en la clase de chavales que yo detestaba, niños pijos que solo hablan de marcas y de tonterías». Por de pronto, los jóvenes Ourian saben bien quiénes son las Kardashian y otras celebridades a las que su padre ayuda para seguir atrayendo a las marcas a vender sus productos.