El niño prodigio del motociclismo ha madurado. Tras la aciaga temporada pasada, trifulca incluida con el mismísimo Valentino Rossi, Márquez vuelve a liderar el Mundial. Viajamos a Cervera, su pueblo natal, donde es considerado un auténtico héroe, para hablar con él. Por Carlos Manuel Sánchez 

A mi nieto había que atarlo en corto!». Ramón, abuelo paterno de Marc Márquez y su fan número uno, siempre tenía el agua oxigenada a mano. Desde muy pequeño, su nieto solo conocía dos maneras de estar en el mundo. sobre dos ruedas o en el suelo después de una derrapada, ya fuera con la bici o con la moto. Mientras le curaba, el pequeño Marc se aguantaba los lagrimones sin quejarse. «No me digas nada, abuelo, ¡los pilotos no lloran!», murmuraba. La pasada temporada fue aciaga para Márquez. Perdió el campeonato y Valentino Rossi lo atacó sin miramientos, acusándolo de favorecer en la pista a Jorge Lorenzo, para que este acabara por llevarse el Mundial. Él apretó los labios y guardó silencio, como cuando su abuelo le curaba las raspaduras. Pero este año va líder y vuelve a ser el piloto que asombró al mundo. Viajamos a Cervera, el pueblo ilerdense donde nació hace 23 años y cuyos vecinos tienen en un pedestal a este chaval de familia humilde que ha ganado mundiales en las tres categorías (dos de MotoGP) y que junto con su hermano Álex, campeón en Moto3, son los Gasol del motociclismo.

XLSemanal. Si no fuera campeón del mundo y un héroe en su pueblo, con museo y todo, ¿sería el gamberro de la moto con el escape trucado que da el follón a la hora de la siesta?

Marc Márquez. [Suelta una carcajada]. ¡Yo creo que sí!

XL. Pues de buena se han librado sus vecinos…

M.M. Y mi madre estaría más nerviosa. Siempre me lo ha dicho. Que prefiere que corra por los circuitos y que por la calle coja la bicicleta y vaya tranquilo. Pero yo lo tenía muy claro desde pequeño. Quería ser piloto. Y si no podía, mecánico. Y así por lo menos estaría en este mundillo.

XL. También podría hacer carrera como ‘ladrón’ de motos. Lo digo por la que cogió por ahí en el Gran Premio de Holanda…

M.M. [Se ríe]. A ver, el escúter estaba ahí, con las llaves…

XL. Toda una tentación…

M.M. Me había caído en la ‘cali’ (calificación) y aún no había hecho una vuelta decente. Nunca me había caído en una ‘cali’, y necesitaba volver al paddock a por la moto de repuesto.

XL. O sea, que no podía buscar al dueño y pedirle permiso…

M.M. ¡No sabía de quién era! Luego me enteré de que era de un fotógrafo italiano. Hablé con él después y le pregunté si me la hubiera dejado. Me dijo que sí. Pero vamos… que la hubiera cogido de todos modos.

XL. Un italiano prestándole la moto al rival de Valentino Rossi…

M.M. Al final, la rivalidad se queda dentro de la pista. Y fuera somos como una gran familia.

XL. ¿Han hecho ya las paces usted y Rossi?

M.M. Yo creo que sí. No nos iremos de cañas, pero al menos tenemos una relación profesional, cordial, de respeto mutuo, que es lo mínimo entre pilotos. Cuando se acaba la carrera, nos felicitamos o nos saludamos y esto se había perdido tras lo que pasó al final de la temporada pasada. Hemos hecho las paces, aunque quizá no somos los mejores amigos.

XL. ¿Qué es lo que más le dolió de todo el asunto?

M.M. ¡Uf! Hubo muchas cosas. Lo peor es que, sin haber hecho nada, yo era el culpable de todo. Sin haber tirado a ningún piloto, sin haber hecho nada incorrecto… ¡Ni siquiera me estaba jugando el campeonato! Todo empezó en Australia, después de que ganara la carrera. Llegamos a Malasia y se lía todo. Todo el mundo opinaba, la prensa vendía lo que quería; y eso es lo que le llega al aficionado.

XL. Y, en ese momento, ¿qué pasa por su cabeza?

M.M. Te sientes impotente. Por otro lado, pensaba. «¿Para qué entrar en la guerra si al final el tiempo pone a todo el mundo en su sitio?». No hice declaraciones bruscas, estuve a verlas venir, recibiendo golpes, pero centrado en lo mío. Porque una guerra mediática con Valentino la tiene perdida cualquier piloto. Él se lo ha ganado en la pista. Tiene muchos fans y casi todo el mundo está a su favor.

XL. Rossi era su ídolo desde niño, ¿le dolió más por eso?

M.M. Yo era su fan. He disfrutado mucho estos años compitiendo con él y he aprendido muchas cosas de él, pero dicen que el bueno no es tan bueno y que el malo no es tan malo. Yo he aprendido cosas de él, de Jorge y de Dani.

XL. ¿Cómo asimila uno pasar de ser un héroe a que le silben?

M.M. Los silbidos no me afectan mucho. Está claro que prefieres recibir aplausos. Yo pensaba. «¿Por qué silbáis si luego os gusta ver adelantamientos?». El aficionado va al circuito a ver espectáculo. Por ejemplo, en Jerez este año ganó un inglés en Moto2 y se le aplaudió. Ganó un italiano, Valentino, y se le aplaudió. Esto no es como el fútbol, que vas a ver a tu equipo. Tú puedes ser fan de un piloto, pero vas a ver el espectáculo de las motos.

XL. ¿Cómo capeó el temporal?

M.M. Te refugias con los tuyos, que siempre están contigo. Los que están por ahí cuando ganas te dicen ‘guapo’ y cuando pierdes son los primeros que hurgan en la herida.

XL. ¿Y quiénes son los suyos?

M.M. Pocos. La familia, el equipo y los amigos de toda la vida. Tengo la suerte de que mis mecánicos son mis amigos. Hay uno que ya venía a casa a recogerme cuando tenía 12 añitos. Y con alguno me voy de vacaciones y de fiesta.

XL. Vuelve a ser el piloto a batir. ¿Se lo esperaba?

M.M. La verdad es que no. Es la pretemporada que más he sufrido, porque veía que no llegábamos al nivel correcto. Pero, aparte de ser constantes y rápidos, nos ha cuadrado todo. uno ha fallado, otro también. Y hemos pasado el tramo de la temporada más difícil, las carreras que se nos suelen atragantar. Mugello, Montmeló… Otros años me veía más fuerte. Hoy estoy a un nivel muy parecido al de Valentino y Jorge.

XL. ¿Había perdido el hambre después de ser campeón del mundo dos veces consecutivas?

M.M. No, el hambre nunca se pierde. De hecho, el año pasado no pude luchar hasta el final por el título por exceso de hambre. Con 22, 23 años el hambre está ahí. Y un trabajo que hace muy bien mi mánager, Emilio Alzamora, y el equipo es calmarme esta hambre. Porque el exceso de querer ganar me hacía cometer errores por asumir demasiados riesgos.

XL. Cuando uno llega tan joven a lo más alto, ¿es difícil encontrar una motivación para seguir?

M.M. Cada año, siempre hay distintas motivaciones. Lo bueno y lo malo del motociclismo es que no dependes de ti mismo. En otro deporte, mejorar cuando ya eres el mejor es más complicado y te puedes estancar. En el mundo del motor, no es así. Hay una evolución constante de las motos, de las otras fábricas; un piloto que este año no va bien al año que viene le cambian la moto y te puede ganar. Y esto te motiva. Hay piezas nuevas que te hacen cambiar la forma de pilotar y eso también hace que tú estés en constante evolución.

XL. ¿Por qué ha cambiado tanto este año su estilo de pilotaje?

M.M. Lo hemos hecho casi todos los pilotos. Pero ha sido un cambio forzado, porque han cambiado los neumáticos, la electrónica… Con los Michelin el pilotaje es más fino que con los Bridgestone, y esto me ha hecho cambiar mi estilo, que era de frenar fuerte y de ir muy agresivo. Este año no puedo.

XL. Dicen que ha madurado, ¿no echa de menos al Márquez de las locuras?

M.M. Ese Márquez sigue estando ahí. Asumo muchos riesgos y estoy a punto de caer, pero hasta un punto…

XL. ¿Se aguanta las ganas de hacer alguna de las suyas, como aquel adelantamiento a Rossi en el ‘sacacorchos’, la famosa doble curva de Laguna Seca?

M.M. Es que todo esto es muy relativo. Cuando te encuentras más fuerte y confiado, vas más rápido y, además, pruebas más cosas. Un adelantamiento diferente, una trazada… Cuando no tienes ese punto de dulzura con la moto, de poder hacer lo que quieras como me está pasando este año, arriesgo, pero solo en momentos puntuales. Porque sé que si arriesgo todo el tiempo tengo muchos números para acabar en el suelo.

XL. ¿Influye en ese cambio que su Honda es más difícil de ‘domar’?

M.M. No es que sea más difícil, pero tenemos puntos muy débiles. Tenemos puntos fuertes también, por ejemplo, en la entrada a curva. Pero en las aceleraciones perdemos mucho. En la recta, si la moto acelera bien, ganas tiempo sin arriesgar. Y yo me lo tengo que ganar en las curvas… Voy al límite.

XL. O sea, que tiene menos moto que los demás.

M.M. No. Pero sí este punto débil. Por el contrario, las Yamahas de Valentino y Jorge son más constantes. Seguramente tienen sus problemas. Pero no tienen un punto muy débil como nosotros. Y eso hace que de un circuito a otro varíe mucho nuestro nivel. Ganas en Austin, y luego llegas a Jerez y te sacan diez segundos.

XL. ¿Había perdido la sonrisa?

M.M. No. La sonrisa nunca. Fuera del circuito nunca la he perdido, pero sí es verdad que en el circuito es más fácil sonreír cuando te salen las cosas. Si un viernes te van mal los entrenamientos libres sonríes, pero estás preocupado, concentrado en resolver el problema y un poquito más serio.

XL. ¿Pero había dejado de disfrutar encima de una moto?

M.M. Tampoco. Eso no me ha pasado y espero que llegue tarde. Porque cuando dejas de disfrutar, ¡pum!, bajas de golpe. Yo siempre he disfrutado. Pero si luchas por las primeras posiciones, todo es más divertido.

XL. ¿La temporada pasada lo pasó usted mal encima de una moto por primera vez en su vida?

M.M. No, pero por primera vez sentí la presión. Venía de ganar dos años. La gente tenía muchas expectativas. Pero somos humanos y cometemos errores. Hice dos ceros al principio. Veía que el campeonato se alejaba y que, además de hacerlo bien, ya no me podía caer más. Pero cambiamos el chasis y me dio la confianza otra vez para subir.

XL. ¿Cuando ganó diez carreras seguidas tenía la sensación de que iba a estar ganando hasta que se jubilara?

M.M. No, porque en las categorías más pequeñas ya lo había vivido. Una temporada muy buena, otra que cuesta más… Pero sí que es cierto que en ese momento quizá no lo acabas de valorar. No valoras una victoria como toca.

XL. ¿Y ahora sí?

M.M. Sí. Ahora valoro subir al cajón, pero, sobre todo, quedar delante del rival directo o perder pocos puntos en una carrera difícil. Antes, para mí, perder dos puntos era un desastre.

XL. ¿Se ve más maduro?

M.M. Aparte de tener más experiencia, a veces nos olvidamos de que soy muy joven. Me olvido incluso yo. Tengo 23 años y, además de madurar en la pista, también estoy madurando desde un punto de vista personal. Y esto se nota. Cuando eres joven, te dicen. «Tírate por aquí», y te tiras. Ahora me lo dicen y me tiro igual, pero quizá dentro de dos o tres años me lo pensaré un poco más.

XL. ¿Cómo es su relación con Lorenzo y Pedrosa?

M.M. Con Dani tengo un poco más de relación, porque es mi compañero de equipo y coincidimos más veces en eventos. Pero en el circuito cada uno va por su lado y el compañero de equipo siempre es el primer rival. Y con Lorenzo es cordial, pero difícilmente nos iremos de fiesta juntos…

XL. ¿Pueden ser amigos dos pilotos rivales?

M.M. Uf, es difícil. Por lo menos entre rivales directos. Si tú luchas por los primeros puestos puedes ser amigo de uno que esté luchando del diez al quince. Pero si está delante, por muy buena persona que sea, siempre habrá tensión.

XL. ¿Y qué tal con el nuevo chico malo, Jack Miller, el que le hizo aquella perrería a su hermano Álex?

M.M. Bueno, perrería…

XL. Lo embistió varias veces…

M.M. Sí, sí. Lo que hizo estuvo rozando el límite, pero dentro de las reglas. Son cosas que no se hacen, pero yo me pongo en su lugar. Te estás jugando el campeonato de Moto2, tienes 18 años, ves que estás ahí cerca; pues te dices. «Si se cae el otro, puedo ganar». Y lo intentas así. Ya pasó y ahora hay buen rollo.

XL. Pero no todo vale, y más en un deporte de riesgo.

M.M. Hubo acciones muy al límite. Nadie se cayó, por suerte, y por habilidad de uno y otro. Los dos iban muy rápido. Dirección de carrera trabaja para evTodas las entradasitar estas cosas, pero yo entiendo que es difícil.

XL. ¿Cuesta subirse a la moto después de una desgracia como la de Luis Salom, fallecido en Montmeló el pasado 3 de junio?

M.M. Cuesta. Los pilotos somos conscientes del riesgo que corremos, pero no lo queremos ver. En el paddock nunca se habla de la muerte. Pero cuando pasan cosas como la de Salom, es ahí donde, uf… Estos últimos años hemos tenido una racha muy mala. Simoncelli, Tomizawa… Luego te puedes tirar diez años sin que pase nada, pero, al final, es un riesgo que está presente y cuesta reaccionar. En Montmeló lo que nos ayudó fue que se cambió esa curva. Pero, claro, tarde. No nos tenemos que engañar. Todos conocíamos ese punto. Habíamos puesto protecciones, pero no lo veíamos tan peligroso. Y hasta que no pasa algo no piensas en ello.

XL. Usted ha viajado por todo el mundo, ¿dónde viviría?

M.M. Cuando viajas, valoras lo que tienes aquí. Si los otros vienen aquí de vacaciones, será por algo. También me gusta California. A Laguna Seca solo he ido una vez, pero me gustó el ambiente, porque todo el mundo va a su rollo. Y puedes ir en calzoncillos por la calle que no se girará nadie. Y les encanta el motocross, como a mí.

XL. ¿Cuando se baja de la moto se aburre?

M.M. Es que me gusta todo lo que lleve ruedas, no sé por qué. La bici, el motocross… Ojalá el día de mañana tenga otra afición que no esté relacionada con el motor.

XL. Si damos un paseo por el pueblo, ¿procurará usted caminar más rápido que yo?

M.M. [Se ríe]. Mi hermano y mi preparador se cabrean mucho, porque si vamos en bicicleta yo siempre tengo que ir media rueda por delante.

XL. ¿Piensa en independizarse o está demasiado a gusto viviendo con sus padres?

M.M. Hombre, llegará la hora de dar el paso, pero de momento no encuentro la necesidad. Sí que se me ha pasado por la cabeza buscar una casa por tener un espacio más privado; no porque quiera una mansión. Estoy muy a gusto en el adosado de mis padres.

XL. O sea, que no le van a sacar de su cuarto ni con espátula…

M.M. A ver, sí me gustaría una casita que se adapte más a mi estilo. Que tenga un garaje amplio para las motos y eso…

XL. Confiese. ¿quién hace la cama, usted o su madre?

M.M. La cama me la hago yo. Pero mi madre sigue haciéndome la comida y riñéndome cuando toca.

XL. Dejó usted los estudios, a pesar de que iba bien. ¿Piensa retomarlos algún día?

M.M. Acabé la ESO, intenté continuar, pero a los 15 ya estaba dando vueltas por el mundo. Y no podía. Conforme vas creciendo, las motos te requieren más físicamente y, al final, tienes que elegir un camino. De momento no pienso en volver a estudiar, pero no lo descarto. Tampoco sé cuándo me voy a retirar. Si me preguntas ahora, te diré que hasta que el cuerpo aguante. A lo mejor llego a los 30 o 35, pero si no tienes motivación más vale retirarse porque pierdes la garra. Y puede que entonces me apetezca estudiar.

XL. ¿Tiene novia?

M.M. No.

XL. Pero se ligará un montón en los circuitos…

M.M. ¡Qué va! Es donde menos se te acercan; hay fans, pero tú estás centrado en lo tuyo. Piensa que llegamos al circuito el miércoles por la noche; el jueves estás con entrevistas y preparando todo; viernes y sábado entrenando, domingo la carrera, y te vas.

XL. ¿Es usted un sacerdote de la velocidad?

M.M. Jajaja, ¡tampoco! Cuando salgo de fiesta por Barcelona, es diferente. Soy realista. Si no fuese quien soy, ligaría menos de la mitad de lo que ligo ahora. Pero también tienes que saber diferenciar cuando una se te acerca por un tema o por otro. Creo que será difícil en el futuro acertar si realmente están contigo por amor o por interés.

XL. ¿Le ha dado tiempo a ir a la playa este verano?

M.M. No, ni quiero. Nunca me ha gustado el mar y ahora menos. Me pasaron por Facebook un vídeo de un tiburón en Salou. Estaba aquí cerca, eh. ¡Hay unos bichos en el mar!