Escalan montañas, reman en canoas, atraviesan cordilleras, vuelan en tirolina a 400 metros de altura… asistir a clase cada día es para muchos niños en el mundo una actividad de alto riesgo. Por F.U.

Son dos horas de escalada tan empinada que tienen que utilizar 17 largas escaleras de madera. Y hay que estar atento. un resbalón puede suponer 800 metros de caída libre. Esa es la profundidad del cañón del río Meigu en Liangshan, China. Los adultos de las 72 familias que viven en Atuler, en la cima del cañón, hacen el escarpado recorrido todas las semanas para ir al mercado.

Los 15 niños del pueblo -de entre 6 y 15 años- se aventuran por esta ruta dos veces al mes. No son los únicos escolares que se juegan el tipo para ir a clase. Propio de una competición de deporte extremo es el viaje que realizan los niños de Gulu, también en China: caminan en fila india por un sendero de solo 30 centímetros de ancho esculpido en la pared de piedra de una montaña. Circense (y sin red) es el cruce del río de los niños de Padang, en Indonesia: hacen equilibrismo sobre unos cables situados a casi 10 metros de altura.

Un resbalón durante las dos horas de escalada supone una caída desde 800 m

En Rionegro, Colombia, los escolares ‘vuelan’ casi un kilómetro en una tirolina a 400 metros de altura. Los niños de la provincia de Rizal, en Filipinas, transportan sobre la cabeza los neumáticos de camión sobre los que luego se montan para atravesar el río; los colegiales de Zanskar, en la parte india de la cordillera del Himalaya, caminan kilómetros a bajo cero sobre el hielo. En varias regiones de Indonesia y en Kerala, India, viajan en canoas; en Myanmar, lo hacen a lomos de vacas… así es el camino al cole de muchos niños. No hay obstáculos para ellos.