A la devastación del país causada por los terremotos, se une un drama más: el tráfico infantil. Amparadas por la desesperación, las mafias secuestran o compran a menores para venderlos como esclavos o explotarlos sexualmente. Viajamos a Nepal con ‘Save the Children’ para testimoniar la tragedia. Por Daniel Méndez

Llegan a las aldeas cargados de falsas promesas. podrás ir al colegio , tendrás un trabajo en la ciudad , un techo En realidad, los niños que caigan en sus redes terminarán como semiesclavos, explotados sexualmente en un burdel de Bombay o tejiendo sin parar alfombras en un taller ilegal. Vendidos por 200 o 400 dólares.

Las mafias del tráfico de personas -un negocio que mueve más de 30.000 millones de dólares al año en todo el mundo- son especialistas en detectar situaciones de vulnerabilidad, donde la necesidad obliga a dar por buenos sueños envenenados. El trabajo del intermediario consiste en convencerlos -a los niños o a las personas a su cargo- de que tiene la llave de una vida mejor. En un país devastado por el terremoto del pasado 25 de abril, no les resulta difícil encontrar una presa. la ONG Save the Children, presente en Nepal desde hace cuatro décadas, calcula que un millón y medio de niños han sido desplazados de sus hogares. Más de 760.000 casas cayeron o quedaron inutilizadas. Muchos menores han perdido a uno o a ambos padres. Son presas fáciles para las redes del tráfico de personas.

La trata o el trabajo infantil no son problemas nuevos en Nepal, pero después del terremoto se ha incrementado el riesgo para los menores que quedaron en una situación más vulnerable, explica Tarak Dhital, director ejecutivo de la Comisión Central para el Bienestar Infantil, un organismo gubernamental encargado de velar por los derechos de los menores.

Pasaporte al infierno

El intermediario es, a menudo, alguien cercano a la familia. Incluso un tío de la víctima que vive en la ciudad. Pero el terremoto ha abierto también la puerta a la llegada de muchos intermediarios camuflados, que aseguran llevar ayuda humanitaria al pueblo. Si tienen éxito, empieza el calvario más terrible para el menor o la menor.

Tarak explica que no resulta difícil falsificar la edad en el pasaporte de un niño. a menudo no existe ni siquiera una cartilla de nacimiento. Si un adolescente se viste como un adulto, puede aparentar unos años más. Si el funcionario de la ventanilla traga, emitirá, sin saberlo, un pasaporte al infierno. El destino tradicional para las víctimas de la trata en Nepal era la India: un burdel en Bombay o un taller de costura ilegal. Ahora se han detectado nuevos destinos. muchos acaban en países de Oriente Medio, como Arabia Saudí o Catar. Incluso en África. También se ha producido un incremento de falsos matrimonios que permitan a las menores viajar a China, Corea o Japón. Incluso ha crecido la trata en el interior del país. para fábricas o para la creciente industria del entretenimiento en Katmandú.

Durante las semanas que siguieron a los terremotos, el país estuvo sumido en el caos. Los muertos se contaban por miles y los heridos, por decenas de miles. La prioridad era salvar vidas. Llevar la ayuda de emergencia allí donde era más necesaria, tarea difícil en un país que alberga 8 de los 14 picos de más de 8000 metros de altura que hay en el mundo. Entretanto hubo un movimiento incontrolado de población del que las mafias del tráfico de personas intentaron sacar tajada.

Los largos tentáculos de los burdeles

Las cifras no abundan, pero en la prensa local aparecen esporádicamente noticias referidas al tráfico de menores. El 25 de mayo, solo un mes después del terremoto, las autoridades indias afirmaron que habían rescatado de la trata a 26 menores en 20 días. Alguno tenía solo 8 años. En junio ya eran 337 los menores rescatados. Más de 200 continúan en paradero desconocido, entre ellos un grupo de menores de un monasterio budista en el distrito de Gorkha a los que, tras sobrevivir al terremoto que destruyó el edificio donde vivían, se les perdió la pista, y todo hace temer que hayan caído en las manos equivocadas.

Naciones Unidas y las ONG cifran entre 10.000 y 15.000 el número de personas víctimas de trata al año en Nepal. En su mayor parte son mujeres y niños.

Niños como Sunita Danuwar, que a los 14 años entró en las redes de la explotación sexual. Dos hombres que se habían ganado la confianza de sus padres la drogaron con mithai, un dulce nepalí, cargado de narcóticos. Cuando abrió los ojos, estaba ya en un burdel de Bombay. Hoy, Sunita es presidenta de la ONG nepalí Shakti Samuha, fundada por supervivientes del tráfico de personas, que se estableció hace casi dos décadas con el apoyo de Save the Children. Nos preocupa la gran cantidad de niños y madres que son mucho más vulnerables tras el terremoto. Muchos han perdido sus medios de vida y mucha gente tiene acceso a esas comunidades , explica. Y da un truculento ejemplo: cuenta Sunita que solo unas semanas después de los terremotos alguien reconoció en una aldea de Nepal al propietario de una red de burdeles de Bombay, en la India. ¿Qué hacía allí? Camuflado entre quienes llevaban ayuda, buscaba en realidad mano de obra para su turbio negocio.

En la casa que tiene la ONG Shakti Samuha en Katmandú residen varias decenas de niñas y mujeres rescatadas de las redes de explotación sexual y laboral. Han salido del infierno, pero siguen pagando sus consecuencias. Cuando una mujer o una niña está en un burdel -explica Sunita-, sufre torturas físicas y mentales por parte de los clientes y las redes de explotación. Pero, una vez que son rescatadas, deben afrontar nuevos problemas psicosociales. En sus familias y comunidades son esibles enfermedades que puedan haber contraído.

A un par de centenares de kilómetros al este de Katmandú se encuentra el distrito de Sindhupalchok, uno de los más pobres del país y de los más afectados por el terremoto. Recorriendo sus calles se percibe la magnitud del desastre. Casi la totalidad de las casas del distrito quedaron destruidas o severamente dañadas. De las 9000 personas que perdieron la vida en Nepal durante ambos seísmos, 4000 murieron aquí.

 Las comunidades se organizan contra la trata

En un control de carretera, un policía explica que suelen encontrarse un par de casos al mes de niños desparecidos o vendidos. Y en la aldea de Thulosirubari, Shava KC, de 62 años, cuenta que desde el terremoto ha habido tres casos de niños vendidos en su comunidad. Shava es presidente del Comité de Protección de la Infancia de su aldea, un órgano que en condiciones normales se reúne una vez al mes y en el que hay también dos pequeños en representación de los menores. En los tres casos, el intermediario era un tío de la víctima.

Por suerte -explica con alivio y un cierto orgullo por el trabajo bien hecho- los hemos detectado a tiempo y las pequeñas siguen en el pueblo . Las menores, afirma, se han sentido mucho más vulnerables tras el terremoto. Perdieron sus casas o duermen sin ventanas, sin puertas. Ha habido más casos de abusos y también más casos de trata. Es normal que la gente sea más susceptible a caer en la trampa de los que vienen ofreciendo promesas. lo han perdido todo, su casa y su modo de vida .

Han prohibido a los menores de 16 años viajar solos

Conscientes del riesgo tras el terremoto, las autoridades prohibieron que los menores de 16 años viajaran solos o se desplazaran de un distrito a otro sin un permiso de los padres, sus tutores o, en su defecto, del propio gobierno regional. Policías especialmente formados detienen los autobuses en las carreteras. Buscan niños que viajen solos o adultos que levanten sospechas.

Los propios conductores de los autobuses han sido instruidos para detectar y denunciar casos de tráfico de menores. Y el Ejecutivo ha puesto en marcha campañas de divulgación para que la población esté alerta. Al mismo tiempo, las ONG han formado al personal en el terreno para que dé la voz de alarma si detectan casos vulnerables. Save the Children tiene una amplia red de voluntarios trabajando en todo el país. También ha puesto en marcha puntos de escucha, donde el personal de la ONG escucha, literalmente, los problemas que se plantean.

Que son muchos Save the Children calcula que harían falta 9 millones de dólares para restaurar las 7000 escuelas que cayeron con el terremoto, y 7 millones más para responder a las necesidades de salud de las comunidades más necesitadas. En junio se celebró una Conferencia de Donantes, en la que se recaudaron 4000 millones de dólares. Pero de momento es solo papel mojado. el dinero no llega y el invierno acecha.

Entre el miedo y la esperanza

Entre 10.000 y 15.000 personas son víctimas de trata al año en Nepal. En su mayor parte son mujeres y niños. El terremoto ha empeorado la situación. Las autoridades y las ONG se han desplegado para combatir el tráfico de menores.

Rescatada de las redes

Una de las menores acogidas en la casa que tiene la ONG Shakti Samuha en Katmandú. Fue rescatada de las redes de explotación sexual y laboral. Muchas de ellas tienen entre 10 y 12 años.

Vivir entre cascotes

Escombros y casas a medio caer invaden las calles de Chautara. Más de 760.000 casas cayeron o quedaron inutilizadas. El trabajo de reconstrucción apenas ha comenzado. Ni en la ciudad ni en las áreas rurales. La ayuda internacional prometida todavía no ha llegado.

Abusos

Maya, de 15 años, con su bebé en brazos, fruto de un abuso sexual (no dice quién fue). Ahora vive con un marido que la aceptó, pese a estar embarazada. Es 20 años mayor que ella. La madre de Maya murió en el seísmo. Su padre apenas está en casa y sus cuatro hermanos menores se apañan como pueden.

Mucho más que una escuela

En una situación de emergencia, una escuela es más que un lugar donde se acude a estudiar. El profesor pasa muchas horas con los pequeños, que le cuentan cómo les va en casa. si la cosecha prospera o el dinero falta, o si alguien se ha acercado a la familia para proponer que acuda a trabajar a Katmandú.

Una lenta reconstrucción

Más de 9000 personas perdieron la vida en los terremotos que tuvieron lugar hace seis meses. El pasado 25 de abril, un seísmo de magnitud 7,8 devastó Nepal. Apenas tres semanas más tarde, un nuevo temblor de magnitud 7,3 sacudía a este país de 30 millones de habitantes, que será difícil reconstruir.