Este científico está convencido de que, muy pronto, nuestra noción del ser humano va a cambiar. Para Hugh Herr, estamos a las puertas de un Renacimiento biónico, donde hombre y máquina serán un todo, más bello y más perfecto. Por Daniel Méndez

Casi todos tenemos dos piernas. Él tiene siete pares: unas para caminar, otras para escalar, correr, conducir… Así que ¿de verdad tiene algún sentido hablar de discapacidad para referirse a Hugh Herr? Él está seguro de que no: es mucho más capaz que cualquiera de nosotros, pese a haber perdido sus dos piernas durante un accidente en alta montaña. Niño prodigio de la escalada, Herr tenía 17 años cuando se perdió con un amigo en las altas cotas de Nuevo Hampshire. Deambularon durante cuatro días bajo fuertes ventiscas; creyeron incluso que iban a morir.

No fue así, pero a consecuencia de la congelación sufrió la amputación de ambas piernas. Las prótesis que le dieron -allá por 1982- eran tan burdas que decidió diseñar otras. Él, que había sido un estudiante poco aplicado, aprendió ingeniería, mecánica y lo que hiciera falta para mejorar sus prótesis. Hoy lidera toda una revolución desde su propio laboratorio de biomecatrónica, en el prestigioso MIT Media Lab, en Estados Unidos.

Hugh Herr perdió las piernas con 17 años. Era un estudiante poco aplicado, pero aquella experiencia lo empujó hacia la ingeniería y la mecánica hasta convertirse en el mayor experto mundial de la biomecatrónica

En el futuro imaginado por Herr y su equipo podremos tener tres brazos si queremos, la depresión no tiene por qué existir y podremos estar tan en forma a los 70 como a los 20. Según él, la tecnología pronto lo permitirá. Por supuesto, el debate tiene muchas otras implicaciones. éticas, jurídicas, políticas e incluso estéticas. Hablamos con él de todo esto en su despacho a orillas del río Charles, que separa las ciudades de Cambridge y Boston, pocos días antes de su viaje a España, donde recogerá el próximo viernes el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica.

XLSemanal. Usted no suele hablar de ‘discapacidad’. Prefiere usar otro, el término ‘inusual’…

Hugh Herr. Hablo de gente con un cuerpo inusual, sí. El término ‘discapacidad’ es un concepto negativo, denota debilidad. ¿Quién dice que la gente con un cuerpo inusual es débil?

XL. Viéndolo a usted, yo no, desde luego.

H.H. El mundo de la ciencia, del diseño, de la tecnología debe lograr una interacción apropiada entre la máquina y el cuerpo humano. Esto permitirá a la gente ejercer sus derechos humanos.

XL. ¿Derechos humanos?

H.H. El derecho a vivir la vida sin una depresión severa, sin una parálisis o una ceguera. Hemos aceptado la discapacidad en la sociedad porque estamos acostumbrados a estar limitados por la naturaleza, por la genética. Eso va a cambiar en este siglo.

Hugh Herr. bionico, xlsemanal

XL. ¿En qué sentido?

H.H. Llegará un momento en el que el ser humano estará a los mandos, no la naturaleza. nosotros crearemos esa naturaleza. Crearemos nuestros cuerpos.

XL. ¿Y dónde está el límite?

H.H. El único límite es el límite de las leyes físicas, de la química… y nuestra imaginación. Solo estamos en el inicio.

XL. ¿Adónde nos llevará todo esto?

H.H. Estamos empezando a vislumbrar una tecnología integrada en el cuerpo humano, una unión sin fisuras entre ambos. El hombre ya no verá la parte diseñada de su cuerpo como una herramienta. Irá más allá. Cuando le ponemos un miembro biónico a un paciente, dice frases como. «Me habéis devuelto la vida. Me habéis devuelto mi cuerpo. Me habéis devuelto mi pierna». ¡Eso nunca lo dirías si te dieran un martillo! Es una herramienta, es útil, pero no es parte de tu cuerpo.

XL. Usted va más allá. plantea que muchos de nosotros usaremos exoesqueletos. No solo aquellos con discapacidades.

H.H. Nuestras capacidades se verán aumentadas de muchas maneras diferentes. El exoesqueleto es una de ellas, otra vía serán los implantes neuronales. ¡Pero hoy día ya estamos aumentados! Tenemos teléfonos móviles, ordenadores, una ampliación de nuestra memoria, estamos comunicados, yo he venido hoy desde Los Ángeles en un avión… Este aumento, esta mejora, nos rodea ya. Simplemente se convertirá en algo mucho más pronunciado, más personal e íntimo. Seremos capaces de hacer cosas tan normales como caminar mejor gracias a la tecnología.

“Llegará un momento en que el ser humano estará a los mandos de la naturaleza: nosotros crearemos nuestros propios cuerpos”

XL. ¿Cómo ocurrirá? ¿A través de la tecnología?

H.H. Somos totalmente inconscientes de nuestros cuerpos. Nos duele una rodilla y nos sorprende. Tenemos un feedback terriblemente pobre sobre el momento en que nuestro cuerpo está estresado y necesita descansar. La tecnología puede ofrecernos esto. Puede ayudarnos a movernos de un modo saludable, a avisarnos cuando superamos el nivel de estrés; puede decirnos cuándo cambiar nuestros hábitos.

XL. Y mejorar nuestro rendimiento…

H.H. Imagínate un mundo donde los atletas no se lesionen. El ejercicio físico extremo produce lesiones y nos impide llegar al siguiente nivel…

XL. Siga, siga…

H.H. La tecnología nos puede servir para mantener nuestras capacidades innatas, independientemente de nuestra edad. Imagínate un mundo donde puedas correr tu mejor maratón a los 60, aunque hayas empezado a los 18. La tecnología nos puede permitir vivir independientemente de la edad.

XL. Entran muchos componentes éticos en escena. ¿Dónde ponemos el límite?

H.H. No debemos permitir que la tecnología nos lleve a la reducción de la diversidad humana o que amenace las libertades individuales. Más allá de eso, en mi opinión, todo va bien. Si alguien quiere tener un tercer brazo, adelante. Por qué detenerlo? Esto cambiará la noción de lo que es un ser humano. Nuestra noción sobre la belleza. Eso es bueno.

XL. ¿Somos demasiado cortos de miras?

H.H. Ahora mismo, nuestra visión es muy estrecha. No puede faltarte una extremidad, o ser ciego, y ser considerado bello. Si hay cualquier desviación, eres imperfecto. Esto es una de las cosas emocionantes de la biónica, además de la reducción del sufrimiento humano. habrá una explosión de la diversidad humana. Será como un Renacimiento del cuerpo humano, donde todo encaje y sea hermoso.

XL. ¿Ese es el escenario que imagina?

H.H. Ya hemos visto casos de una modelo a la que le falta un brazo y tiene una mano biónica preciosa. Y no la esconde, la convierte en parte del outfit, de su vestimenta. Estamos en un momento de la historia donde hay una transformación de la conciencia. Es muy emocionante.

XL. No será algo rápido.

H.H. Será mucho más rápido de lo que la gente imagina. Ya hay laboratorios de investigación trabajando sobre el tercer brazo. A menudo tener solo dos es un inconveniente. Estás trabajando y te falta una mano para el martillo, por ejemplo. Una extremidad más puede ser muy útil.

XL. La idea también encontrará mucha oposición.

H.H. Toda nueva tecnología tiene detractores. El automóvil, el avión… La gente tenía miedo. « Qué significa esto?, me debería asustar?». Pero si es útil, la gente protesta la primera semana y la siguiente ya lo está usando.

XL. Pero son avances no exentos de peligros.

H.H. Hay amenazas reales, por supuesto. Si los padres pudieran elegir cómo son sus niños, la diversidad humana se vería amenazada. Tenemos una idea muy estrecha sobre la belleza, la inteligencia, y someterse a ella daría lugar a una sociedad espantosa.

“Toda tecnología tiene detractores. Pero sería horrible que pudiéramos poner fin a enfermedades y discapacidades y que, por miedo, no lo hiciéramos”

XL. ¿Cómo evitarlo?

H.H. Ahí es donde entran las leyes. Trabajo con gente muy brillante en asuntos legales y políticos. Cuál debería ser la normativa en este aumento de capacidades del ser humano? Otro ejemplo clásico es. cuando seamos capaces de controlar el estado de ánimo a través de la tecnología, cómo lo usaremos? Que el Gobierno pueda hacerlo no es algo bueno, desde luego. A nuestros hijos les va a tocar tomar decisiones muy importantes.

XL. ¿Por ejemplo?

H.H. Hay dos extremos. En uno de ellos no hay ley, nada, dejamos que ocurra lo que venga. En otro intentamos bloquearlo todo. Incluso prohibir la investigación en biónica. Ese camino también es terrible. Podríamos poner fin a enfermedades y a discapacidades y sería horrible que no lo hiciéramos porque nos dé miedo. Tenemos que estar en algún punto medio.

XL. Habla de la depresión, del estado anímico… ¿Cómo controla la biónica nuestro cerebro?

H.H. Si pudiéramos medir el sufrimiento humano, comprobaríamos que la mayor parte de ese dolor tiene su origen en condiciones cerebrales. la ansiedad, depresión, esquizofrenia… El sufrimiento que causan esas enfermedades no tiene nada que ver con el que produce un dolor físico, una parálisis o la pérdida de un miembro. El gran premio de este siglo será solucionar estos problemas. Por eso, la Administración Obama ha invertido cientos de millones de dólares para entender el cerebro humano. Por eso, la Unión Europea ha invertido incluso más. Hay una carrera para entender el cerebro y para desarrollar herramientas tecnológicas que nos permitan interactuar con él.

XL. Supone una inversión fuerte en investigación.

H.H. Sí, pero esos problemas cerebrales ya nos cuestan mucho más. Millones de dólares. Te imaginas un mundo sin depresión? Sería mucho más productivo.

XL. Sería un mundo mejor, sin duda.

H.H. Eso creo yo. Antes del siglo XX diseñábamos objetos para ser utilizados. Hoy se trata de integrarlos en nuestro cuerpo. Nos fundiremos con lo que hemos diseñado para ampliarnos, para extendernos, para ser mejores. Será una narrativa dominante de este siglo.

XL. Menciona usted a Obama. ¿Influye quién esté en el Gobierno?

H.H. Influye, sí. La última Administra-ción Bush invirtió mucho en la lucha contra el sida. Mandó millones a África. Y gracias a eso la situación es mucho mejor hoy. ¡Quién lo hubiese dicho! Bush, que fue una roca de guerra.

XL. ¿Y si ganase Trump?

H.H. Nunca se sabe. Podría incrementar los fondos dedicados a investigación. Probablemente no sería así, diría que Hillary es quien haría eso, pero…

XL. ¿Es usted religioso?

H.H. Crecí en una familia menonita, en Pensilvania, donde la mayoría de la población es amish. Tengo una impronta muy religiosa. Los menonitas y los amish son pacifistas devotos. Cuando el Nuevo Testamento dice. «Benditos sean los pacificadores», ellos se lo toman muy en serio. ¡Ni siquiera votan por miedo a que el presidente empiece una guerra! Crecí en esa filosofía pacifista. Y creo que mi misión, mi deseo para eliminar la discapacidad, nace de algún modo de esa tradición.

XL. ¿Cómo fue el accidente donde perdió las dos piernas?

H.H. Empecé a escalar con 7 años y de adolescente ya era uno de los mejores del país. Un día, a los 17, fui a Nuevo Hamsphire para hacer una escalada en hielo en el monte Washington. Cuando empezamos, hacía un poco de mal tiempo, pero las condiciones comenzaron a empeorar.

XL. ¿Qué hicieron?

H.H. Cometimos el error de seguir subiendo hacia la cima. Casi no podíamos mantenernos en pie por el viento. Estábamos atrapados. Era de noche cuando llegamos a una zona arbolada y hubiese sido suicida tratar de ir hacia la cima. Los vientos eran fortísimos.

XL. ¿Intentaron bajar?

H.H. Era lo único que podíamos hacer, pero la nieve nos llegaba hasta la cintura, a veces hasta el cuello. La única solución era tratar de seguir el curso de un río, pero en esas condiciones no sabes cuándo caminas sobre la tierra o sobre una fina capa de hielo. Era fácil caer dentro. En un momento determinado quedé con medio cuerpo dentro del agua, solo los brazos sobre el hielo evitaban que me sumergiera. Mi compañero, lentamente, me sacó. Así estuvimos cuatro días, sufrimos hipotermia y congelación. Ya no podíamos movernos. Nos sacaron en helicóptero. Era el peor caso de congelación que los médicos habían visto en muchos años. Nuestros pies eran bloques de hielo.

XL. ¿Y cómo fue su primera experiencia con las prótesis?

H.H. Me chocó que fueran tan ridículamente poco sofisticadas. Solo plástico, madera y goma.

XL. Y decidió mejorarlas…

H.H. Pensé. «Ahora mismo soy una página en blanco, puedo crear cualquier estructura que imagine». Decidí que no tenían por qué imitar la forma humana.

XL. Es algo que dice a menudo. «No tenemos por qué imitar el cuerpo humano».

H.H. Nuestros cuerpos son extraordinarios, pero eso no quiere decir que no podamos hacerlo mejor.

XL. ¿Cuántas piernas biónicas tiene usted ahora mismo?

H.H. Tengo un par para caminar, otro para correr, uno para conducir y cuatro pares para escalar. ¡Mi armario tiene un aspecto muy curioso!

XL. ¿Tiene contacto con la gente que recibe sus prótesis biónicas?

H.H. Normalmente, no. Con algunos pacientes, sí. No suelo estar allí cuando se las ponen, pero veo testimonios, veo vídeos… Y es maravilloso.

XL. Hay un caso muy célebre. el de la bailarina Adrianne Haslet-Davis, que perdió su pie por las bombas del atentado durante el maratón de Boston, el 15 de abril de 2013…

H.H. Aquí, en el laboratorio, tenemos que hacer pruebas con humanos, ensayar cosas que pueden funcionar o no. Tenemos una lista de gente que viene a probar cosas, ¡son los astronautas de hoy en día! Y exige mucha paciencia, porque muchos de los experimentos no funcionan -se ríe-. Pero cuando lo hacen es emocionante. Ella ha conseguido volver a bailar.

XL. Usted estaba haciendo el Camino de Santiago en España cuando ocurrieron los ataques de Boston…

H.H. Sí. No lo olvidaré nunca. Andaba en una bicicleta de montaña, mientras que mis hijos y su madre lo hicieron todo a pie. Y la gente se hacía fotos conmigo…

XL. Todavía no estamos acostumbrados a ver a alguien sin piernas realizando una actividad atlética.

H.H. Cambiará. Recuerdo algo que me pasó hace un año, en la época del maratón de Boston, en el aeropuerto de esa ciudad. Cuando viajo, normalmente llevó las perneras subidas para que se vean las piernas. Así, cuando atravieso el control de seguridad, no tengo que explicarles nada. ya lo ven ellos. En el aeropuerto, cinco personas me preguntaron si había corrido el maratón. Eso era impensable hace cinco o diez años. Me veían como un hombre biónico, perfectamente capaz. [Ríe]. Con poder, con fuerza. ¡Qué progreso!


Este Premio significa para mí…

«Hace muchos años que conozco los Premios Princesa de Asturias. Sé lo que representan y fue una grata sorpresa recibirlo. No es la primera vez que sueno entre los nominados. Pero siempre quedaba en segundo lugar. ¡Creo que estaban esperando a que envejeciera un poco! -Se ríe-. Era demasiado joven. necesitaba tener más canas. Espero que este premio sirva para destacar el papel que la tecnología puede tener en la lucha contra la discapacidad».