En la vida de un matador, fuera y dentro de la plaza, hay muchas cornadas al acecho y no siempre vienen de un toro. El triunfador de la última Feria de San Isidro nos habla de los peligros que rodean su profesión. José María Manzanares se confiesa. Por Virginia Drake / Estilismo: Elisa de Juan / Realización: Raquel Peláez

Tiene cara de niño y cuerpo de hombre musculado, aunque no en exceso. Es elegante y pausado. Frente al toro, convierte el miedo en emoción. El concepto del toreo se lo enseñó su abuelo Pepe Manzanares a su padre, y este se lo transmitió a él. Ha sido, sin duda, el triunfador de la Feria de San Isidro 2016. Acaba de terminar la temporada en España y dentro de unas semanas se marcha a México para empezar allí la americana, que durará hasta el mes de febrero.

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Chaqueta: La Martin / Vaqueros: G-Star / Zapatos: Pedro del Hierro

XLSemanal. Se le ve radiante.

José María Manzanares. Estoy feliz. Ya he terminado la temporada y empiezo mi mes de descanso para estar con mis niños, con mi familia… Este es el único mes del año que puedo estar en casa.

XL. ¿Solo duerme en casa en octubre?

J.M.M. Alguna vez, entre corrida y corrida hay dos o tres días libres y te da tiempo a ir, pero cuando llegas te hinchas de dormir; porque en los coches no descansas y hacemos viajes de 1300 o 1500 kilómetros entre corrida y corrida.

XL. ¿Dónde viven su mujer y sus hijos?

J.M.M. En Alicante. Yo lo prefiero, porque es mi tierra, porque estoy muy a gusto allí y porque tienen a toda mi gente cerca. Según van creciendo los niños, más me cuesta irme de casa porque cuando son bebés no te dicen: «Papá, no te vayas».

XL. ¿Qué edades tienen?

J.M.M. José Mari es de 2011; Julieta, de 2013; y Gabriela tiene cuatro meses.

XL. ¿Y esto cómo se arregla?

J.M.M. Al final te acostumbras a esa vida, como me pasó a mí con mi padre.

XL. ¿Cómo es Rocío Escalona?

J.M.M. He tenido mucha suerte porque la conozco desde que tenía 15 años. Ella es la que me da estabilidad a mí, que estoy expuesto siempre a mucha presión, a muchos miedos…

XL. Dice que Rocío a su lado ha aprendido a sufrir.

J.M.M. Porque ella me conoció sin ser torero. Mi mujer sufre, pero lo lleva fenomenal. Es muy inteligente.

XL. Se casó en 2010 rodeado de 2000 hortensias, más de 600 invitados…

J.M.M. [Interrumpe]. ¡De todo eso se ocupó mi mujer! Lo organizó todo ella con la ayuda de mi compadre Curro, que es amigo mío desde chiquitito. Ellos dos fueron los responsables de todo.

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Trenca: Caramelo / Camisa: Levi’s / Pantalón: Fat / Zapatos: Geox / Reloj: Iwc

XL. Llamó la atención que su padre no asistiera a su boda, ¿había desencuentro entre ustedes?

J.M.M. No, no; mi padre era una persona muy especial y en ese momento sintió que no quería asistir, y hay que respetarlo. A mi padre lo adoro y, aunque nos hayamos enfadado por alguna cosa, yo nunca he dejado de sentir amor por él.

XL. En 2006 lloró en la Maestranza mientras le cortaba la coleta a su padre.

J.M.M. Sí, claro; mi padre tenía 53 años y yo, 24. Me dio tiempo a torear cinco corridas con él.

XL. En esas corridas no habría ni piques, ni quites ni rivalidad…

J.M.M. Bueno, él quería darme lecciones como maestro: está el amor de padre e hijo, pero también el orgullo del torero.

XL. En octubre de 2014 murió a los 61 años, solo, en su finca de Cáceres.

J.M.M. A mi padre le gustaba estar solo.

XL. La soledad puede gustar mucho, pero no a la hora de morirte.

J.M.M. Nadie sabía que se iba a morir. Yo hablé unas horas antes con él y no se sabía que iba a pasar eso.

XL. ¿De qué murió?

J.M.M. De un derrame cerebral. A mí no me parece duro que muriera solo. Él era feliz así. Cuando quería estar acompañado, nos llamaba y nosotros íbamos. Todo el mundo quería estar con él, porque daba gusto estar a su lado. Si estaba solo, es porque fue su decisión. A mí también me gusta la soledad.

XL. ¿A usted le gustaría morir solo?

J.M.M. Me gustaría morir de viejo y solo [sonríe]. Para mí, la soledad es importante para muchas cosas, también para encontrarte a ti mismo.

Dejé de necesitar a mi psiquiatra cuando aprendí a diferenciar el personaje de la persona

XL. Pero los toreros casi nunca están solos: cuadrilla, aficionados, amigos…

J.M.M. Es verdad que estamos rodeados de gente, pero a mí me gusta la soledad. Cuando llego al hotel, me meto en mi habitación y, si tengo ganas de ver a alguien de mi equipo, lo llamo y viene a estar conmigo, y a lo mejor ni siquiera hablamos, pero necesito notar una persona al lado, su calor, sin que me agobie o me esté hablando. Necesito notar su calor, pero que me deje tranquilo.

XL. ¿Qué edad tenía cuando sus padres se separaron?

J.M.M. Yo tenía 15 años y soy el tercero de la familia. Mis padres siempre nos han querido mucho y, aunque una separación es complicada para un hijo, todos lo llevamos más o menos bien.

XL. De los cuatro hermanos, ¿cuántos hay casados?

J.M.M. Solo yo: Ana y Yeyes están solteras y Manolito, el rejoneador, tiene novia, pero de momento… no parece.

XL. De pequeño, lo llamaban el niño de la selva, ¿por qué era ágil y salvaje?

J.M.M. No, me lo decían porque me pasaba el día con los perros en la finca de mi padre, andando solo por el campo. Y yo no era delgado: era gordito, tenía granos en la cara y hablaba con la zeta. Me tenían que dar la sopa con dos cucharas porque engullía y engullía…

XL. Pues parece increíble… [risas].

J.M.M. De muy pequeñito era gordito. Después, con 10 y 11 años adelgacé un poquito y, luego, volví a engordar con la adolescencia, hasta los 18 o 19 que adelgacé otra vez y ya me he mantenido.

XL. En la espalda tiene una rosa tatuada.

J.M.M. Era una manzana, de Manzanares; pero la he convertido en una rosa, mi flor preferida. La manzana me la quiero poner en otro sitio. También quiero tatuarme la Virgen de Guadalupe y otras cosas…

XL. En su capilla particular lleva una foto de su padre y otra de Julio Robles.

J.M.M. De mi padre y mi tío Julio Robles, sí; rodeados por todas partes de Vírgenes y estampas, en una mesa de dos metros de largo y uno de ancho.

XL. ¿Qué siente cuando aseguran que ha superado a su padre?

J.M.M. ¡Qué va! Aún me queda mucho. Lo dicen, pero no es verdad: mi padre para mí ha sido el más grande. Parece que Dios lo hubiera hecho perfecto para torear, era increíble su manera de expresar. Pero sí hay una cosa en la que estábamos los dos de acuerdo y que él siempre me valoraba: que yo tuviera más valor que él, valor natural. La verdad es que delante del toro no lo suelo pasar mal, ante toros muy complicados no suelo perder la calma.

XL. Ha cumplido 34 años con tan solo una cornada.

J.M.M. El 90 por ciento de las cornadas se debe a errores del torero.

XL. El año pasado sufrió una mala cogida, tuvo traumatismo craneal y estuvo cinco minutos inconsciente.

J.M.M. Fue en Albacete; gracias a Dios no he tenido más cornadas que la del muslo, pero he tenido problemas con la mano, que me la han operado 13 veces y no sabía si iba a poder volver a torear (se cortó los tendones con la espada); y lesiones de espalda. También tuve el dengue (por un mosquito en Colombia) y fue horroroso…

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Trenca: Antonio Morato / Camisa: Dockers / Pantalón: Moschino / Pañuelo: Bikkembergs / Calcetines y sandalias: Birkenstock

XL. A su cuadrilla, a la que llama el dream team, le exige encerrarse en el campo con usted varios meses para entrenar.

J.M.M. No es lo normal, pero a mí me gusta hacerlo. Es muy duro porque todos tienen familia, pero hay que sacrificarse si se quiere ser el mejor. A mí no me sirve una cuadrilla que se reúne solo para torear y punto. Yo quiero que mi gente se prepare a conciencia y que lo hagamos juntos.

XL. ¿De cuántas personas hablamos?

J.M.M. De diez: tres banderilleros, dos picadores, un mozo de espadas, un ayuda, dos chóferes y yo.

XL. Y un psiquiatra y un fisioterapeuta…

J.M.M. El psiquiatra es mi compadre, el padrino de mi niña. Ahora es mi amigo y viaja mucho con nosotros, pero ya no como psiquiatra. En un principio sí hablaba mucho con él y me ayudó muchísimo, pero luego la relación cambió y ahora viene para disfrutar, aunque seguimos teniendo conversaciones.

XL. ¿Cuándo dejó de necesitarlo como psiquiatra?

J.M.M. Cuando aprendí a diferenciar el personaje de la persona. Cuando creces como torero y empiezas a triunfar, se produce un conflicto. Si te dejas llevar por el personaje, te acabas olvidando de la persona, que es la realmente importante para torear, porque es la que hace que todo lo que sientes salga en el ruedo. Dejarte llevar por el éxito y el triunfo trae muchas tentaciones…

XL. ¿Tentaciones de ser pretencioso, de ser mujeriego…?

J.M.M. Sí, de ser un mujeriego, de que se te vaya la cabeza… Tienes que ser inteligente para saber distinguir a la gente que se te acerca para hacerte la pelota y a la que lo hace porque te quiere demostrar su cariño.

XL. ¿Usted es inteligente?

J.M.M. Creo [sonríe]. Yo he tenido la suerte de viajar con mi padre y conocer bien este mundo desde muy chiquitito. En esos viajes con él he aprendido muchas cosas porque lo he visto todo.

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Abrigo y pantalón: Tommy Hilfiger / Jersey: Bikkembergs

XL. ¡Hombre!, todo, todo…

J.M.M. ¡Todo! He visto juergas, pasarse de juergas… ¡Lo he visto todo! Yo creo que hay épocas de tu vida que tienes que quemar. En el mundo del toro, desgraciadamente, apenas tenemos adolescencia y, antes o después, eso tiene que salir por algún lado.

XL. Cuando se reúne el dream team en la finca de Salamanca, dice que se organizan como en Gran Hermano.

J.M.M. Solo en algunos aspectos [ríe]. Nos repartimos algunas tareas porque nos apetece hacerlas juntos. Por ejemplo, cada vez cocina uno…

XL. ¿Y aguantan bien tantos hombres juntos encerrados durante meses?

J.M.M. ¡Es la vida del torero! Cuando toca concentración, toca concentración.

De pequeño era gordito y tenía granos en la cara

XL. ¿Y esos meses baja la testosterona y desaparecen otras necesidades?

J.M.M. No, no: eso no desaparece. Vencer las tentaciones es una de las dificultades, pero cada tentación que vences te hace más fuerte mentalmente.

XL. La verdad es que se lo pone muy difícil a su cuadrilla.

J.M.M. Sí, y lo entiendo. Aquí nadie regala nada.

XL. El pasado 9 de julio murió en la plaza de Teruel Víctor Barrio. En las redes se escribieron comentarios inhumanos.

J.M.M. A mí esa gente me da pena, siento lástima por ellos porque no demuestran ninguna sensibilidad. Son cobardes que se amparan en el anonimato, gente sin principios. A mí no me cabe en la cabeza alegrarme por algo malo que le pueda pasar a un ser humano y menos mofarme de su familia. Vivimos una época de bárbaros. Los que critican las corridas de toros van de sensibles, pero ante estas cosas se retratan.

XL. Dígame, ¿su padre se hizo fotos toreando con usted en brazos?

J.M.M. Sí, sí; las tengo en casa. También se las hizo con mis tres hermanos. Mi padre toreó con todos nosotros en brazos cuando éramos pequeños.

XL. Menos mal que entonces no se colgaban fotos en las redes sociales.

J.M.M. Es algo normal. Yo también lo he hecho con mi hijo José Mari y es algo que han hecho todos los toreros.

Mi padre murió de un derrame cerebral. No me parece duro que muriera solo. Él era feliz así

XL. Francisco Rivera se vio en un serio aprieto por mostrar una foto así.

J.M.M. A mí no se me ocurriría ponerme delante de un toro con mi hijo, pero no le veo problema a hacerlo delante de una becerra.

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Jersey: Tommy Hilfiger / Pantalón: Ermenegildo Zegna / Cazadora: Salvatore Ferragamo

XL. A Antonio Bienvenida lo mató una becerra…

J.M.M. Bueno…

XL. Usted ha sido imagen de Dolce&Gabbana, ¿cómo lleva las críticas que le hacen por esto?

J.M.M. Bien, porque tengo muy claro que lo que soy, por encima de todo, es torero. Y ya está. Con Dolce acepté porque toda su colección estaba dedicada a España y al mundo del toro.

XL. ¿Puede ser que se pierda un poco la magia si lo vemos posar en el albero con un pijama de lunares?

J.M.M. Lo mismo que si ve al maestro Luis Miguel [Dominguín] recibir en pijama en su habitación a una periodista de televisión. Y aquello sucedió en los años cincuenta.

XL. Algunos aficionados le han afeado en la plaza que pose como modelo.

J.M.M. Para mí no es una falta de respeto. Yo creo que cada tarde demuestro que soy torero por encima de todo lo demás. La magia de un torero está en lo que es capaz de hacerle al toro en la plaza, no en este otro tipo de cosas.