Angela Merkel lleva once años en el poder y nunca había tenido rival. Hasta ahora. La ultraderechista Frauke Petry, presidenta de Alternativa para Alemania, era una desconocida hace un año. Por Carlos Manuel Sánchez

“Ningún policía quiere disparar sobre un refugiado. Yo tampoco. Pero en una situación de último recurso hay que hacer uso de las armas para garantizar las fronteras”.

Frauke Petry soltó esta frase a principios de este año. Fue su tarjeta de presentación ante el mundo. Cualquier otro dirigente, y más en un país como Alemania, que tiene a sus fantasmas encerrados bajo cuatro candados, se hubiera convertido en un cadáver político. O en una figura extravagante. Todo lo contrario de lo que ha ocurrido con Petry, líder de Alternativa para Alemania (AfD), un partido ultra, irrelevante por aquel entonces.

Durante los últimos meses, y en un calendario salpicado de elecciones regionales y municipales, esta mujer menuda de rostro aniñado y sin maquillaje, pelo corto y voz dulce ha ido ganando simpatías. Despotrica del euro y anuncia que va a recuperar su añorado marco alemán, aunque lo haga con una sonrisa angelical en los labios.

La encuestas le dan ya el 15 por ciento del voto y su partido está presente en 10 de los 16 parlamentos regionales, Berlín incluído

Tiene encanto y carisma. La prensa germana la compara con Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes, pero también con Leni Riefenstahl, la cineasta de Hitler, y, a diferencia de otros líderes extremistas, su aspecto es inofensivo y las simpatías han cristalizado en votos. Tantos que es ya la gran rival de Angela Merkel para los comicios del año que viene.
Partiendo de cero, en apenas tres años de existencia, la AfD ya tiene una presencia significativa en 9 de los 16 estados federados y acaba de irrumpir en Berlín, un granero de la izquierda, con un 14 por ciento de las papeletas. Las encuestas nacionales -no solo en el territorio de la antigua Alemania Oriental, donde los experimentos ‘nostálgicos’ tienen más predicamento- le dan ya en torno al 15 por ciento de intención de voto. Y subiendo…

Frauke Petry, ¿canciller? De momento, firmaría una presencia de dos dígitos en el Bundestag el próximo otoño que le sirva de trampolín a la Cancillería en 2021. Pero que alguien le tosa a Angela Merkel, que ha sido una figura hegemónica en sus 11 años al frente del país, ya es novedad. Es la primera vez que se ve desafiada y el desconcierto ha cundido en las filas de su partido. En las tertulias, las siglas de la CDU, Unión Demócrata Cristiana, han pasado a significar Unión Desmoralizada Cristiana.

Un desafío inminente

Petry levanta tantas adhesiones como temores. Karl Lagerfeld la caricaturiza y la compara con Donald Trump. Su ascenso ha sido igual de meteórico y, aunque Petry hablaba en su día del magnate «como un soplo de aire fresco», hoy califica sus recetas de «demasiado simplistas». Sin embargo, Petry no es una rara avis. Su popularidad sigue la estela de movimientos ultras en países como Holanda, Austria, Hungría o Francia y se la compara con Marine Le Pen por dotar de ‘respetabilidad’ a un partido de proscritos.

Por edad, 41 años, podría ser hija de Merkel, de 62, a la que sus compatriotas llaman Mutti (‘mamá’) y, al igual que ella, Petry (Dresde, 1975) creció en la antigua RDA. «Me educaron para no expresar mis opiniones en público. Ni siquiera podías pronunciar la palabra ‘Alemania’. Si lo hacías, te castigaba el profesor. Tenías que decir RDA o RFA. Incluso te preguntaban cómo era el reloj del telediario para enterarse de si tus padres veían clandestinamente las noticias del Oeste, porque los relojes de los noticiarios eran diferentes», recuerda.

Su padre, ingeniero, planeó durante una década la fuga de su familia. Al final, consiguió una visa de turista y se marchó solo. Su mujer y sus dos hijas lo siguieron pocos meses antes de la caída del Muro. Petry tenía 14 años. «Nunca esperé el paraíso en la RFA que algunos compatriotas soñaban. Pero sí hubo cierta decepción. Recuerdo que el nivel en matemáticas y ciencias era mucho más bajo en el instituto. Además, mis compañeros me miraban como a una chica de pueblo. Me esforcé en hablar sin acento para que no se rieran». Esa experiencia la fortaleció contra las críticas.
Petry se licenció en Químicas, como su madre -Merkel, en Física-, y trabajó en Bayer. En 2007 fundó una empresa y recibió un premio por el sesgo medioambiental del proyecto, aunque quebró un par de años después. Se afilió en 2013 a la recién fundada AfD y escaló hasta la cúspide sorprendiendo a los dirigentes que la consideraban un adorno. Cuando se dieron cuenta, ya era demasiado poderosa. Algo similar le pasó a Merkel, también infravalorada por los varones de la CDU.
La religión tiene en ambas una impronta decisiva. Merkel es hija de un pastor protestante y Petry se casó con otro, Sven Petry -afiliado tras su divorcio a la CDU-, con quien tuvo cuatro hijos antes de divorciarse hace un año.

A medida que asciende su popularidad, Petry habla cada vez menos de los refugiados. Con la ruta de los Balcanes sellada y autorizadas las deportaciones masivas a Turquía, Merkel está apechugando casi en solitario con el descontento generado por el millón de personas que Alemania recibió el año pasado, mientras sus socios europeos los filtraban con cuentagotas. Según las encuestas, más de la mitad de los alemanes siente que «deben tener cuidado con lo que dicen» sobre el tema y el 46 por ciento cree positivo que la AfD le dé un toque de atención a los partidos tradicionales. «La política de ‘puertas abiertas’ fue un regalo para nosotros», dijo cínicamente un dirigente de la AfD.
Petry dirige ahora la artillería contra la «islamización» de Alemania, en sintonía con el xenófobo Pegida. Criticó por «antipatriota» al futbolista Mesut Özil, de origen turco, por peregrinar a La Meca; señala que hay escuelas donde se dan las clases de natación por separado a niños y niñas y denuncia los casos de acoso sexual por parte de musulmanes y la destrucción de capillas cristianas en casas de asilo. El cóctel le está haciendo ganar adeptos entre la gente corriente, alarmada por el yihadismo y pesimista sobre el futuro.

Merkel la subestimó

Petry también carga contra la UE, aunque lleva más cuidado desde el brexit. Y, sobre todo, ataca a Merkel. «Tengo cuatro hijos y Merkel, ninguno. Los hijos te llevan a mirar más allá de tu propio horizonte vital. Es algo que Merkel no hace», declaró. Merkel, como canciller, no puede bajar a ese nivel para defenderse. Y mientras Petry recorre el país, Merkel proyecta una imagen de lejanía en reuniones en Washington o Bruselas. La opinión pública se ha polarizado. A Petry le quemaron el coche, un Seat, en Leipzig. Y a ‘la mujer más poderosa del mundo’, de la que los alemanes se sentían orgullosos, la abuchean.

“Tengo cuatro hijos y Merkel ninguno. Los hijos te hacen mirar más allá de tu propio horizonte vital, algo que Merkel no hace”

Merkel subestimó a Petry y tardó tanto en reaccionar que se ha resignado a llevar una mancha en su expediente. haber contribuido al surgimiento de una fuerza a la derecha de la CDU y quizá a su consolidación a largo plazo. Merkel no entiende cómo alguien que ha crecido, como ella, en la RDA pretende volver al aislamiento. Petry, por su parte, dice que Merkel se parece a los líderes seniles de la RDA y apela al orgullo nacional sin importarle soltar los viejos fantasmas. «Los alemanes siempre estamos pidiendo disculpas. La culpa ha ocupado demasiadas veces la primera línea del debate y nos ha impedido recuperar los aspectos positivos de nuestro pasado».


LÍOS DE FAMILIA

BERLIN, GERMANY - NOVEMBER 27: Frauke Petry (L), Chairwoman of the Alternative fuer Deutschland (Alternative for Germany) political party and Marcus Pretzel, Chairman of the North-Rhine-Westphalia AfD (Alternative fuer Deutschland) political party attend the Bundespresseball 2015 at Hotel Adlon on November 27, 2015 in Berlin, Germany. (Photo by Clemens Bilan/Getty Images)

Petry con Marcus Pretzell / Getty Images

Un amor ultrarradical

Consumado su divorcio de Sven, la presidenta de la AfD anunció que había desarrollado «algo más que sentimientos de amistad» hacia Marcus Pretzell, miembro del partido ultraderechista.

Cultivando una imagen familiar

De padre químico y madre ingeniera, Petry se crio en Sajonia, en la antigua República Democrática Alemana. Madre de cuatro hijos, Petry cultiva una imagen humilde y familiar.

El exmarido del partido rival

Petry utiliza el apellido de su exmarido y padre de sus cuatro hijos, Sven Petry, un pastor protestante del que se divorció hace un año y está afiliado a la CDU.


LO QUE DEFIENDE

La redacción, en mayo, del programa de la AfD escenificó la lucha de poder entre el ala dura y Petry, que salió airosa con una versión más ‘aceptable’ para el votante conservador. Los duros proponían acabar con los «privilegios» de las madres solteras, excluir a los niños discapacitados de las escuelas «normales», bajar la edad penal a los 12 años, encerrar a alcohólicos y drogadictos… Así quedó la versión final.

1. Adiós al euro

Retorno a las divisas nacionales. Democracia directa al estilo suizo.

2. Reforma de la UE

No a los millonarios rescates a países como Grecia. La Unión Europea debe renunciar a muchas de sus competencias actuales y devolvérselas a los gobiernos nacionales. No al ingreso de Turquía y salida de Alemania.

3. Controles migratorios

Frenar la llegada de inmigrantes. Las peticiones de asilo se tramitarán fuera de Alemania.

4. Musulmanes

El islam no forma parte de Alemania y sus versiones ortodoxas tampoco respetan las leyes alemanas. Prohibir las llamadas a la oración desde los minaretes y el velo integral en público, así como el sacrificio ritual de animales.

5. Política familiar

No al matrimonio gay. No al aborto financiado con fondos públicos. Incrementar las ayudas a las familias numerosas, pero solo para ciudadanos con pasaporte alemán.

6. Economía

Cancelar los subsidios a las energías renovables y potenciar la industria del automóvil, que genera empleo y no está demostrado que influya en el calentamiento global.

7. Seguridad

Recuperar el servicio militar obligatorio para los hombres a partir de los 18 años. Retomar las buenas relaciones con Rusia. Verificar en cada misión de la OTAN si se protegen los intereses de Alemania.

8. Historia

La enseñanza en las escuelas debe valorar los aspectos positivos del pasado.