¿Quién manda de verdad en el Reino Unido? Dicen que Theresa May no toma ninguna decisión sin consultar con su oráculo, Nick Timothy, de 36 años, su cojefe de gabinete (la otra es Fiona Hill). Un tipo polémico, sin pelos en la lengua y con un aspecto muy poco hipster, a pesar de su poblada barba.  Por Carlos Manuel sánchez

Timothy se ha convertido en todo un personaje que los tabloides exprimen: sus orígenes humildes; su novia alemana, Nike Torst, una auditora de la autoridad financiera que vigila los 56.000 fondos de la City; sus salidas de tono -llama «pomposos e hipócritas» a celebridades de izquierdas como Chris Martin, el cantante de Coldplay-; y, sobre todo, su desprecio por el establishment -«la camarilla de Notting Hill»-, los políticos de la clase privilegiada cuya carrera está predestinada desde que se sientan en su pupitre en Eaton. El desprecio, por cierto, es mutuo. Un secretario de Estado lo comparó en The Sun con Rasputín, en referencia al barbudo monje ruso que tenía embelesada a la zarina Alejandra. «Tiene demasiado poder».

Y es cierto que ejerce una gran influencia sobre la primera ministra británica, Teresa May, a la que asesora desde 2006. Incluso le escribe los discursos. Timothy es el hombre que está llamado a transformar el voto de la clase obrera, de la Inglaterra profunda, la que votó a favor del brexit, en un voto conservador. Ha entendido mejor que nadie por qué los barrios duros (él procede de uno), tradicionalmente laboristas, votaron por la ruptura. Y quiere aprovechar el tirón para reconvertirlos en los nuevos viveros de la derecha. Lo explica así. «Crecí entre gente corriente y trabajadora que siente que los políticos no están de su parte. Son los primeros que se quedan en el paro, a los que les reducen la jornada o les congelan el salario cuando la economía va mal».

Timothy sabe de ese malestar porque lo ha vivido en carne propia. Hijo de un obrero del metal y de una secretaria, creció en la dura Birmingham de los noventa en plena reconversión industrial.

Esto explica el conservadurismo nacionalista con un sesgo social de algunas iniciativas del Gobierno de May, como su proteccionismo industrial. Timothy es enemigo de los impuestos ‘verdes’ o de hacer concesiones para frenar el cambio climático «que nos cuestan empleos». O su posición dura sobre la inmigración, «que propicia reducciones salariales a los trabajadores autóctonos».