Las ofrendas de pelo a los dioses alimentan un negocio millonario: las donaciones acaban convertidas en pelucas y extensiones en occidente. Por F. G. 

Los fieles conocen el destino de sus cabellos y, sin embargo, no parece importarles que estos acaben convertidos en pelucas y extensiones para cubrir o adornar las cabezas de occidentales. A Rupa, la mujer de la fotografía, por ejemplo, solo le preocupa que sane su hija, que está muy enferma. Por eso ha acudido, como muchos otros miles de peregrinos, al templo de Tiruttani, en el sudeste de la India. Allí hacen donaciones de pelo a los dioses para conseguir a cambio la curación de su pequeña, que también se somete a un rapado en toda regla.

La venta del cabello genera al templo 2,7 millones anuales

Ella sabe que el templo, donde trabajan más de 600 barberos, subastará su pelo y el de muchos otros fieles -unos 20.000 al día- entre los mayoristas que lo transportan a plantas de procesado con destino a la importación. No en vano el pelo de las indias es el más codiciado del mundo por su sedosa textura natural y porque prescinden de productos artificiales para su cuidado. Es, en todo caso, una práctica normalizada en este lugar de peregrinaje que recolecta 500 toneladas de pelo humano cada año, las cuales generan a los administradores del templo unos ingresos superiores a los 2,7 millones de euros. A cambio, no se cobra por el corte ni por el alojamiento ni por la comida ni por la celebración de matrimonios.