La cacería del presidente filipino a camellos y narcos se cobra ya 40 vidas al día: menores incluidos. Por E. F.

La niña estaba en una calle de Manila hablando con un amigo de 21 años. Llevaba una Barbie en la mano y un reloj de Hello Kitty en la muñeca cuando un hombre motorizado se acercó a ellos y les disparó. Murieron los dos. Sobre el cuerpo de su amigo dejaron un cartel: «Usted era un traficante de drogas, usted era un animal». Es la firma de los ‘vigilantes’, los asesinos que, amparados por el Gobierno de Rodrigo Duterte, ejecutan impunemente a camellos o sospechosos de serlo.

El presidente lo prometió en su campaña y lo está cumpliendo: «A todos los que estáis en las drogas os voy a matar. Mi orden es disparar. No me importan los derechos humanos».

Filipinas acumula cada vez más cadáveres en las morgues. La propia Policía informa, con orgullo, de 40 ejecutados al día. Algunos jugaban con muñecas.