Trincheras, intercambios de disparos, muertos… A pesar del alto el fuego y de las negociaciones, la guerra en Ucrania no se detiene. Las posiciones no avanzan, ni en el frente ni en los despachos. Por Bettina Sengling

Viajamos al último conflicto europeo en la guerra de Ucrania poco antes de que Donald Trump, admirador de Vladímir Putin, llegue a la Casa Blanca.

Defender la patria sería más sencillo si los soldados tuvieran pilas. El aparato de visión nocturna, por ejemplo, funcionaría. Son las tres de la madrugada y las tinieblas se extienden sobre el frente. Vitali, al que llaman Awer, mira entre los sacos terreros. Su arma es un vetusto Kalashnikov de 1963. A lo lejos retumba la artillería. De vez en cuando tabletea una ametralladora. Entre los intercambios de balas se producen largos intervalos de inactividad y aburrimiento. En la posición vecina, alguien ha escrito en una pared: «Ni una guardia nocturna sin 250 gramos». Se refiere al vodka.

August 17, 2016 - Mariinka, Ukraine: Ukrainian soldier fires PKM machine gun at the time of the separatists attack on his emplacement, The Ukraine conflict between Ukrainian government troops and Russian-backed separatists is now in its 30th month, and despite many cease-fires the front line is still very dangerous. About 9,600 people have now been killed and some 22,231 wounded, and around 1.7 million civilians fled their homes rather than remain in the crossfire. Entire towns in the Donbas region of Eastern Ukraine now sit empty and destroyed. The last large push of the war took place in the town of Marinka, on the outskirts of the separatist stronghold of Donetsk, during the summer of 2015. It was thwarted by Ukrainian troops. Since then, the two sides have resorted to battling it out from their heavily entrenched positions using snipers, machine guns, artillery and even tanks. The war drags on for the volunteer soldiers of the UDA. (Dmitri Beliakov/Polaris)

Un soldado ucraniano observa fijamente las líneas enemigas en busca de un objetivo

Así es la guerra en el este de Ucrania, un conflicto que ni siquiera existe, vigente como sigue el alto el fuego pactado en los primeros acuerdos de Minsk -se han firmado dos- hace dos años. Solo en el batallón de Awer, sin embargo, han muerto 5 soldados y 67 han resultado heridos en los últimos tres meses.

Inmovilismo

El último acercamiento entre las partes se produjo en octubre, cuando el presidente ruso Vladímir Putin, que incitó a los separatistas a iniciar el conflicto y los ha financiado y respaldado hasta hoy, acudió a una nueva ronda de negociaciones en Berlín. Las cuestiones fundamentales son qué influencia tendrá Rusia sobre Ucrania, el estatus de la región prorrusa del Donbass y la voluntad de Kiev de recuperar el control sobre sus fronteras. Tras las conversaciones, las partes se comprometieron a elaborar una «hoja de ruta». ¿Será una más?

En el batallón de Awer no reina el optimismo. La moral tampoco está alta. Con el alba, el jefe de su grupo despierta a los hombres. «¡Levantad de una vez, joder!», ruge Sergéi, al que llaman Niebla. Duermen en una casa de campesinos por la que corretean los ratones durante la noche. La vivienda pertenece a una familia del pueblo que odia al Ejército ucraniano. El hijo lucha en el otro bando, con los separatistas. Algunas mañanas, la dueña entra de mal humor en la cocina y les cobra tres euros por cabeza por la electricidad. El jardín y las habitaciones parecen un vertedero. Hay latas vacías y plásticos en el baño, una cuba con agua colgada sobre un fregadero en el patio. La letrina está en la otra punta del jardín, en dirección a los separatistas. Por eso, nadie lleva luces cuando va allí por la noche.

August 19, 2016 - Mariinka, Ukraine: Ukrainian soldiers on the base. "Timon" is getting new tattoo. The Ukraine conflict between Ukrainian government troops and Russian-backed separatists is now in its 30th month, and despite many cease-fires the front line is still very dangerous. About 9,600 people have now been killed and some 22,231 wounded, and around 1.7 million civilians fled their homes rather than remain in the crossfire. Entire towns in the Donbas region of Eastern Ukraine now sit empty and destroyed. The last large push of the war took place in the town of Marinka, on the outskirts of the separatist stronghold of Donetsk, during the summer of 2015. It was thwarted by Ukrainian troops. Since then, the two sides have resorted to battling it out from their heavily entrenched positions using snipers, machine guns, artillery and even tanks. The war drags on for the volunteer soldiers of the UDA. (Dmitri Beliakov/Polaris)

Este grupo de soldados vive en una cabaña, que parece un vertedero con agujeros de bala, incautada a unos campesinos afines al bando prorruso

Los soldados han colgado un póster sobre un agujero de bala en la pared. En el sofá descansa Ruslan, politólogo del oeste de Ucrania. Bajo la ventana, cubierta con una colcha, duerme Roman, El Italiano. Hace dos años regresó desde la Toscana, donde había emigrado con sus padres, para combatir en el Donbass. Misha, el cocinero que lustra sus botas todas las mañanas, ronca en la habitación de al lado.

Awer se ha hecho un sitio en el suelo, rodeado por su colección de uniformes, chalecos antibalas y camisetas con emblemas ucranianos. Preferiría pasar al ataque, luchar. «Pero aquí estamos, esperando a que nos caigan encima los misiles», se sincera. ¿Y de verdad necesita Ucrania la región de Donbass? «A esta gente no la cambiaremos nunca», dice.

Los soldados se sienten abandonados. Temen que en Ucrania ya nadie crea en su lucha

Entre los hombres circula la historia de un borracho que se llevó una granada al baño por si había un ataque y perdió las dos piernas cuando explotó. El comandante del batallón la cuenta a menudo. El vodka es un problema en el frente. Algunos mandos atan a los borrachos a las farolas o los meten en jaulas o pozos.

Tensión civil

Awer y sus compañeros tienen que presentarse hoy en el centro de mando, en Marjinka, una localidad donde se suelen producir situaciones desagradables con los vecinos. «Disparáis contra nuestras casas -grita una anciana ante una tienda de ultramarinos que vende incluso cuando arrecian los combates, y empuja a Awer-. ¡Dejad de hacerlo de una maldita vez!». Awer mantiene la calma. «¿Cómo vamos a disparar contra vuestras casas desde aquí? -pregunta-. ¡Los disparos vienen del otro lado!».

Es normal que a los soldados también se les acerque gente mendigando. Aquí son quienes más dinero ganan: 11.000 grivnas al mes, unos 395 euros. Las pensiones medias en Ucrania rondan los 50 euros. En el pueblo casi nadie tiene trabajo, las fábricas de los alrededores echaron el cierre hace tiempo.

August 17, 2016 - Mariinka, Ukraine: Soldiers from "Raccoon" platoon are getting ready for the separatists attack, The Ukraine conflict between Ukrainian government troops and Russian-backed separatists is now in its 30th month, and despite many cease-fires the front line is still very dangerous. About 9,600 people have now been killed and some 22,231 wounded, and around 1.7 million civilians fled their homes rather than remain in the crossfire. Entire towns in the Donbas region of Eastern Ukraine now sit empty and destroyed. The last large push of the war took place in the town of Marinka, on the outskirts of the separatist stronghold of Donetsk, during the summer of 2015. It was thwarted by Ukrainian troops. Since then, the two sides have resorted to battling it out from their heavily entrenched positions using snipers, machine guns, artillery and even tanks. The war drags on for the volunteer soldiers of the UDA. (Dmitri Beliakov/Polaris)

Los soldados se preparan durante el día para los combates de la noche. El armamento escasea o es obsoleto. Gran parte de las minas las fabrican los combatientes

El propio Awer era diseñador gráfico en una agencia de publicidad de Kiev. Pero llegó la revolución y se alistó voluntario en el batallón Donbass. De su primer combate hace ya dos años, pero lo recuerda bien. en Popasna, no muy lejos de Lugansk. Al poco de empezar, el soldado que estaba a su lado cayó muerto. «Allí se quedó -dice-, con la cabeza ladeada». Otro recibió un disparo en un pulmón. Awer se lo cargó al hombro y lo sacó del campo de batalla. Luego murió. A pesar de todo, decidió quedarse. Después trasladaron su unidad a Shirokine, un desolador paisaje de escombros que fuera lugar de vacaciones a orillas del mar de Azov. Una vez, en febrero de 2015, viajaba con varios soldados en una columna, el conductor se pasó el desvío y todo el convoy se encontró bajo fuego enemigo. Una de las balas alcanzó a Awer. El hombre que lo puso a salvo fue abatido poco después. Awer acabó en el hospital. La doctora que lo atendió no quería que volviera al frente, temía por su salud mental. Pero volvió.

En la tienda del pueblo, hoy se encuentra con Lidia Bondarenko, a la que todos llaman Petrovna, por el nombre de su padre. Petrovna, de 80 años, vive casi en el frente. El Ejército ucraniano instaló un puesto de observación en la casa de al lado y otro en su jardín. «Me llevo bien con los soldados», dice, pero su pequeña vivienda no tiene un cristal intacto. Incluso el tejado ha recibido impactos.

En la destruida localidad de Marjinka, los lugareños -como esta mujer cuya vivienda se halla en línea de fuego- y los soldados ucranianos comparten refugio

Solo queda una habitación para Petrovna. Sobre la cama ha colgado una bolsa con documentos y medicinas para salir rauda si vuelven los disparos en plena noche. Cuando la cosa se pone fea, reza en voz alta. Como en agosto, cuando un depósito de municiones empezó a arder, las llamas saltaron a los árboles y avanzaron hasta hacer explotar las minas enterradas en los campos al tiempo que la artillería no dejaba de atronar.

La moral por los suelos

Cuando Awer regresa a su posición, se encuentra en el patio con Andréi, Macho es su nombre de guerra. Como casi siempre a estas horas, trastea en el camión del batallón. Es un vehículo de más de 50 años, casi ni puede subir la cuesta que conduce al puesto de mando, instalado en el centro del pueblo. «Chatarra», resume Andréi.

En octubre, en Berlín, Rusia y Ucrania acordaron, una vez más, elaborar una hoja de ruta

De vez en cuando, Macho lee las declaraciones que el presidente Petro Poroshenko hace sobre el Ejército ucraniano. Por ejemplo, que es uno de los más poderosos de Europa. Y no puede evitar preguntarse si, en realidad, él está sirviendo en otro ejército. El Italiano busca de vez en cuando en Internet piezas de repuesto para su lanzagranadas de los años sesenta. El Ejército ya le ha dicho que no se las puede suministrar. Vladímir, Mapache para sus compañeros, compra los accesorios de su armamento en tiendas de caza.

October 01, 2016 - Mariinka, Ukraine: Ukrainian President Petro Poroshenko claimed that "Ukrainian army is one of 5 most mighty on the continent. WW II telephone on the frontline in the area of Mariinka. The Ukraine conflict between Ukrainian government troops and Russian-backed separatists is now in its 30th month, and despite many cease-fires the front line is still very dangerous. About 9,600 people have now been killed and some 22,231 wounded, and around 1.7 million civilians fled their homes rather than remain in the crossfire. Entire towns in the Donbas region of Eastern Ukraine now sit empty and destroyed. The last large push of the war took place in the town of Marinka, on the outskirts of the separatist stronghold of Donetsk, during the summer of 2015. It was thwarted by Ukrainian troops. Since then, the two sides have resorted to battling it out from their heavily entrenched positions using snipers, machine guns, artillery and even tanks. The war drags on for the volunteer soldiers of the UDA. (Dmitri Beliakov/Polaris)

Los mensajes de radio crepitan sin parar durante la noche mientras llueven las balas

Hay días como hoy en los que Macho sospecha que están luchando por algo en lo que el resto del país ya no cree. Se siente abandonado, estafado, olvidado. «No estamos aquí por el Gobierno -dicen muchos-, sino a pesar del Gobierno».

Al anochecer, en la casa de campesinos reina la tensión. El Ejército ha distribuido alimentos; insuficientes para todos. Muy poco fiambre y tres pollos para cuatro puestos, con un total de 40 hombres. Los comandantes discuten. Awer está de mal humor. Ha preguntado por las pilas para el aparato de visión nocturna. «Pídeselas a los voluntarios, a ver si hay suerte», le dicen en el puesto de mando.


Para volverse loco

August 22, 2016 - Mariinka, Ukraine: "Aver", 29-year-old Ukrainian army veteran, fighting for 3 years in the recent conflict during patrol on the frontline beside ruin of the mill house. The Ukraine conflict between Ukrainian government troops and Russian-backed separatists is now in its 30th month, and despite many cease-fires the front line is still very dangerous. About 9,600 people have now been killed and some 22,231 wounded, and around 1.7 million civilians fled their homes rather than remain in the crossfire. Entire towns in the Donbas region of Eastern Ukraine now sit empty and destroyed. The last large push of the war took place in the town of Marinka, on the outskirts of the separatist stronghold of Donetsk, during the summer of 2015. It was thwarted by Ukrainian troops. Since then, the two sides have resorted to battling it out from their heavily entrenched positions using snipers, machine guns, artillery and even tanks. The war drags on for the volunteer soldiers of the UDA. (Dmitri Beliakov/Polaris)

El soldado ucraniano Vitali, llamado Awer, patrulla por las calles de Marjinka. Antiguo diseñador gráfico en Kiev, combate desde el comienzo de la guerra en 2014. Hace casi dos años fue herido de bala y acabó en el hospital. La doctora que lo atendió no quería que volviera al frente, temía por su salud mental. Pero aquí sigue.

Balance de víctimas

Casi 10.000 personas han perdido la vida en la guerra en Ucrania y otras 20.000 han sufrido heridas. Hace dos años se firmó un alto el fuego, pero continúa el intercambio de balas y morteros. Recientemente, los disparos de los secesionistas incendiaron un depósito de municiones en Marjinka, una localidad cerca de Donetsk, epicentro del conflicto.