El buque Pioneering Spirit participa en la construcción de un gaseoducto que enfrenta a Rusia, Ucrania, Turquía y Estados Unidos. Por Fátima Uribarri

La política maneja el rumbo del barco más grande del mundo, el Pioneering Spirit, un gigante de 382 m de eslora y 124 de manga en el que todo es superlativo (desplaza 638.200 t), menos su velocidad: alcanza un máximo de 14 nudos a la hora (26 km/h). Este mastodonte se dedica a montar y desmontar plataformas petrolíferas marinas y a instalar tuberías en el fondo del mar. Esta es su última misión: colocar bajo el mar Negro los tubos del gasoducto Turkish Stream, un macroproyecto ruso zarandeado por los avatares políticos.

Desplaza hasta 638.200 t a una velocidad de 26 km/h

Como Ucrania y Rusia están en conflicto, Rusia ha decidido tender un nuevo gasoducto que evite atravesar territorio ucraniano: hasta ahora Ucrania percibe casi 2000 millones de euros anuales por el tránsito del gas ruso por su territorio. El Turkish Stream, construido por Gazprom, tendrá dos ramales: uno para suministrar gas a Turquía y otro para transportarlo a Europa a través de Turquía. Las trifulcas con los turcos tambalearon el proyecto cuando, en 2015, cazas turcos derribaron un avión ruso en la zona fronteriza entre Turquía y Siria. Las tiranteces entre Erdogan y Putin se han suavizado, pero ahora hay un nuevo escollo: Estados Unidos ha dictado sanciones antirrusas como reacción a las injerencias de ese país en sus elecciones. Las sanciones afectarían a la empresa suiza Allseas, que es la dueña del superbuque Pioneering Spirit, que ya está en aguas turcas instalando tuberías.