El productor de cine Harvey Weinstein ha sido acusado de haber abusado de mujeres durante años. Por Lars-Olav Beier y Thomas Hüetlin / Fotos: Getty Images y Cordon Press

El escándalo sacude Estados Unidos, pero esta es una historia sobre el sexismo de ciertos hombres poderosos y la complicidad de su entorno que va más allá de Hollywood.

El productor Harvey Weinstein, un egocéntrico narcisista de 120 kilos, era un hombre poderoso. Y le gustaba dejar claro el verdadero significado de este término, sobre todo a las mujeres que eran «su tipo».

La escena era casi siempre la misma. Su repertorio seductor parecía limitarse a súplicas alternadas con amenazas: si no entras en el juego, ya puedes ir olvidándote de tu carrera. Atraía a las mujeres -la mayoría de ellas, jóvenes actrices- a su suite o a su oficina con cualquier pretexto y luego las obligaba a que le dieran masajes, o se masturbaba delante de ellas, o les tocaba los pechos y se sorprendía de que ellas no lo encontraran tan natural como él. Según su abogada, todo ocurría siempre con el consentimiento de ambas partes. En al menos tres casos, las acusaciones son de violación. Weinstein personalmente ha negado estas imputaciones.

«Si no ha pasado nada», habría dicho un Weinstein en albornoz a una de sus víctimas, una alarmada actriz francesa que había caído en el habitual truco de la visita a su habitación de hotel.

A la actriz italiana Asia Argento, de por entonces solo 21 años, la habría obligado a practicar sexo oral. Sentada en su cama, con el vestido desgarrado y el maquillaje corrido, la chica balbució: «No soy una puta». Él se echó a reír: «Esa frase es para estamparla en una camiseta».

Gwyneth Paltrow admite que la acosó durante los primeros años. “Yo todavía era una niña. Tenía un contrato, estaba petrificada”

Son detalles como estos los que hacen que el caso haya tenido tanta repercusión. Pero lo que ha convertido un escándalo sexual en tema de debate político es la coincidencia temporal entre la salida a la luz del pasado de un dirty old man del cine y el presente de otro dirty old man en la Casa Blanca.

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Heidi Klum: esta foto la colgó la modelo alemana (a la izquierda) en su Instagram durante los Globos de Oro de 2014. Klum dice ahora. «Es difícil encontrar una mujer -incluida yo misma- que no se haya sentido intimidada o amenazada por un hombre haciendo uso de su poder»

La abogada de Harvey Weinstein describe a su cliente como «un viejo dinosaurio que tiene que adaptarse a los nuevos tiempos». ¿Pero de verdad es la de Weinstein una conducta propia de un pasado ya superado? ¿Por qué la reacción a este escándalo ha sido una sorpresa generalizada? En realidad se sigue tratando de un problema estructural que afecta a cientos de miles de mujeres. La única diferencia es que hoy los ataques y abusos suelen acabar saliendo a la luz.

Mucho tiempo calladas

Con todo, ha tenido que pasar mucho tiempo para llegar al momento que estamos viviendo. Las primeras informaciones sobre la conducta de Weinstein aparecieron en el New York Times después de años de rumores. Muchas de las víctimas guardaron silencio durante décadas. Finalmente fueron mujeres como la actriz Ashley Judd, entre otras, las que derribaro n ese muro construido a partir de amenazas, vergüenza y acuerdos extrajudiciales.

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Miranda Kerr: la modelo australiana, entonces casada con el actor Orlando Bloom, saluda al productor en las calles de Nueva York en 2011

La revista New Yorker se sumó al caso con nuevos relatos de víctimas atemorizadas que por fin reunían el valor para salir a la luz. Todas estas mujeres describen el abismo de culpa al que se asomaban; aseguran que todo el mundo en el sector estaba al tanto de lo que ocurría, que tenía que estarlo, y hablan de un Hollywood en el que el sexo y el sexismo han sido y siguen siendo parte del modelo de negocio.

Cuando grandes estrellas como Gwyneth Paltrow y Angelina Jolie se sumaron a las acusaciones y contaron que Harvey Weinstein las había sometido a acoso en sus primeros años, quedó claro que en la industria del cine pasa lo mismo que en todas partes, solo que a lo grande. «Yo todavía era una niña -ha dicho Gwyneth Paltrow-. Tenía un contrato, estaba petrificada».

«Tuve una mala experiencia con Harvey Weinstein en mi juventud, por eso decidí no volver a trabajar con él y advertir a otras mujeres de que podía ocurrirles lo mismo -ha dicho Angelina Jolie-. Ese comportamiento hacia las mujeres es inaceptable, en todos los ámbitos y en todos los países».

Una macarra audaz

Para la Norteamérica cultural, el caso Weinstein es especialmente doloroso porque al que se acaba de sacar de la caverna es a uno de los suyos, una figura destacada de la mitad liberal y progresista del país, simpatizante y donante de los demócratas. Y esto en un momento en el que otros señores ya mayores caen a un ritmo casi semanal por sus abusos lujuriosos; ahí están los ejemplos de dinosaurios de la comunicación como Roger Ailes y Bill O’Reilly o la leyenda de la comedia televisiva Bill Cosby. Weinstein también sirve como prueba de que el lado más oscuro del país no solo acecha tras la figura de Donald Trump.

En los Oscar de 2013, el presentador bromeó con la fama del productor: “Felicidades a las nominadas, ahora ya no tendréis que fingir que os atrae Weinstein

Weinstein se hizo grande en los años de Bill Clinton, un hombre que, por causas distintas, se vio envuelto también en un escándalo sexual, su sonado affaire con Monica Lewinsky.

En esos años Weinstein transformó la industria cinematográfica. Él y su productora, Miramax, eran sinónimo de un cine diferente, audaz. Fue él quien convirtió Sexo, mentiras y cintas de vídeo, una película de autor, en el gran éxito de 1989, con lo que puso la primera piedra del edificio de su fama. Pulp fiction, de Quentin Tarantino, producida por Weinstein, recaudó más de 200 millones de dólares en todo el mundo, 25 veces más de lo que había costado.

 

actualidad, escandalo, harvey weinstein, hollywood, xlsemanalKate Hudson aunque dice no haber sido víctima de abusos, admite que «las mujeres son acosadas constantemente»

A nadie le importaba que Weinstein se comportase como el eterno macarra de barrio. A lo largo de los años, los filmes producidos por Weinstein han acumulado más de 300 nominaciones a los Oscar. No triunfaban tan a menudo por ser excepcionales, sino porque Weinstein se tomaba sus películas como una cuestión personal, porque desplegaba unas campañas de relaciones públicas pensadas como si fuesen campañas militares, en las que solo contaba la victoria y la destrucción de todos los enemigos.

Durante la entrega de los Oscar de 2013, el presentador Seth MacFarlane llegó a hacer una broma sobre la conducta de Weinstein. Tras haber leído los nombres de las cinco nominadas para el Oscar a la mejor actriz de reparto, MacFarlane dijo: «Felicidades, señoritas, ahora ninguna de vosotras tendrá que fingir que se siente atraída por Harvey Weinstein». Es este consciente no querer saber lo que hace que el caso resulte tan sintomático.

Poder y sexo, en Hollywood y más allá

Ciertos hombres que ocupan puestos de relevancia, señala el psicólogo Joris Lammers, tienen una enorme confianza en sí mismos, lo que al mismo tiempo es un aspecto clave para desplegar un gran apetito sexual. El «no» para ellos no es una respuesta aceptable. Y con el poder aumenta su sensación de ser irresistibles. Algo que, según Lammers, también se puede aplicar a las mujeres. Si hubiese más mujeres en puestos de poder, tendrían aventuras sexuales con la misma frecuencia que los hombres, añade.

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Gwyneth Paltrow, en el 98, en el estreno de ‘Shakespeare in love’. Ha contado que antes había sufrido acoso por parte de Weinstein

Por otro lado, el sexo ha sido y es una especie de moneda de cambio. «Existen los abusos, indudablemente -dice la agente de actores Heike-Melba Fendel-, pero también hay mujeres que hacen cualquier cosa para llegar a ser famosas. Y que lo asumen gustosamente como parte del juego».

Fendel defiende que las cosas han cambiado. «Los productores son hoy más bien tecnócratas o adictos al trabajo inseparables de su botella de agua mineral. Los excesos como componente intrínseco del sector cinematográfico ya no están vigentes. Aquello era parte de esa cultura del machismo envuelta en humo de puro que ya no existe».

Aunque sea cierto que los dinosaurios del show business han pasado a la historia, es evidente que los abusos no lo han hecho ni tampoco el vínculo entre el poder y el sexo.

Silicon Valley es uno de los nuevos centros del poder, y está dominado por hombres. Este verano, la emprendedora Cheryl Yeoh decidió dar a conocer los abusos que sufrió a manos del inversor Dave McClure, de 51 años, cuya compañía ofrece financiación para empresas tecnológicas. Poco después, una veintena de mujeres del sector denunciaron en The New York Times haber sido víctimas de acoso sexual por parte de inversores a los que se habían dirigido para pedir financiación para sus empresas.

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Penélope Cruz: la actriz ganó el Oscar con Vicky Cristina Barcelona, película distribuida por Weinstein. Dice estar sorprendida. «Yo no conocía ese lado suyo. Ese abuso de poder es inaceptable»

Dinero, poder y megalomanía forman una combinación tóxica, tanto en Hollywood como en Silicon Valley. Y el único antídoto es dar a conocer los abusos. Lucia Evans, una de las mujeres que ha acusado a Weinstein de violación, dice: «Guardé lo que me ocurrió en un rincón de mi cerebro y cerré la puerta». Su vida continuó. Pero de vez en cuando veía a Weinstein por la calle, en Nueva York. Se miraban. «Sigo teniendo pesadillas con él», reconoce.