Lo llaman ‘el oído que todo lo escucha’, un sistema de vigilancia repartido por todo el planeta que detecta explosiones nucleares. Por Ixone Díaz Landaluce / Fotos: CTBTO Preparatory Commission

Clave para ‘cazar’ los ensayos de Corea del Norte, ha salido a la luz al localizar el submarino argentino perdido en el Atlántico. Así funciona.

Crozet es un remoto archipiélago en el Índico. Tan aislado del mundo como isla Ascensión, en mitad del Atlántico. En ambos lugares, dos estaciones hidroacústicas de un desconocido ente internacional detectaron el pasado 15 de noviembre un inusual «evento impulsivo subacuático» a la misma hora y en el mismo punto del planeta. Las coordenadas del suceso (latitud -46,12 y longitud -59,69) coincidían con la última posición conocida del submarino argentino ARA San Juan, desaparecido ese día en el océano. Gracias a los datos proporcionados desde Crozet y Ascensión se ha sabido que la nave, probablemente, haya sufrido una explosión. Pudo iniciarse así una impresionante operación de rescate internacional.

Muy poca gente, sin embargo, conocía la existencia de estas estaciones hidroacústicas, nada menos que más de 300 diseminadas por todo el planeta. El sistema forma parte de una inmensa red global con un papel clave en la geopolítica mundial: evitar un cataclismo nuclear. O, al menos, hacer todo lo posible para disuadir a las potencias nucleares de coquetear con ese peligroso escenario.

En septiembre, Corea del Norte probó en su territorio una bomba de hidrógeno. Dos horas después, este organismo sabía el punto exacto

Conocido como ‘el oído que todo lo escucha’, el Sistema Internacional de Monitorización (SIM) -una infraestructura valorada en más de 1000 millones de dólares- recoge en distintos puntos del planeta datos subterráneos, atmosféricos, subacuáticos y radiactivos para la Organización del Tratado de Prohibición Total de Pruebas Nucleares (CTBTO).

Objetivo: pillar a los ‘malos’

Gracias a este sofisticado y omnipresente sistema de vigilancia es muy difícil que un país pueda desarrollar una bomba nuclear por primera vez (y en secreto) o que aquellos países que ya las tienen pongan a punto armamento nuclear más potente y sofisticado sin llamar la atención de la comunidad internacional.

La historia de este organismo independiente de la ONU se remonta a 1996. Las pruebas atómicas se habían convertido en un problema muy grave durante la Guerra Fría. De hecho, entre 1945 y 1995 se realizaron más de 2000 test nucleares en todo el planeta, de los cuales un millar habían sido realizados por Estados Unidos y más de 700 por la Unión Soviética.

Después de tres décadas de conversaciones y dos años de intensas negociaciones, en 1996 se presentó la CTBTO, un tratado internacional para prohibir las pruebas atómicas en tierra, aire, subsuelo o profundidades oceánicas. Actualmente lo han firmado 183 países, entre los cuales no figuran Corea del Norte, la India ni Pakistán, mientras que potencias nucleares como Estados Unidos o China no lo han llegado a ratificar.

«Falta voluntad política y confianza -asegura Lassina Zerbo, secretario ejecutivo de la CTBTO-. Es toda una paradoja que exista desconfianza entre estados a la hora de firmar un tratado que se encarga, precisamente, de construir esa confianza». Por eso, el tratado en realidad nunca ha entrado en vigor. Lo cual no impide que sus mecanismos de vigilancia funcionen y provoquen, de hecho, un intenso efecto disuasorio.

En los últimos 20 años, solo tres países se han atrevido a romper el statu quo: la India y Pakistán en 1996 y Corea del Norte en seis ocasiones; la primera, en 2006, y la última, el pasado septiembre, cuando el país asiático probó con éxito una bomba de hidrógeno en su propio territorio. Dos horas después de ese último suceso, y gracias al SIM, todos los miembros de la CTBTO conocían la localización y magnitud del test atómico llevado a cabo por el régimen de Kim Jong-un.

Detectan terremotos y tsunamis

Dentro de esta red global existen 170 estaciones sismográficas que, al tiempo que vigilan posibles ensayos nucleares, registran cientos de terremotos a diario. Las ondas sísmicas de ambos fenómenos son muy distintas. difieren en su duración (las pruebas atómicas son mucho más cortas), en el tipo de ondas que generan y en la forma de las gráficas que dibujan los sismógrafos al detectarlas.

Tienen más de 300 estaciones repartidas por el planeta. Todos los datos recogidos se procesan en Viena

A eso se añaden las 11 estaciones hidroacústicas -que, como las de isla Ascensión y Crozet, ‘escuchan’ las ondas de sonido que viajan a grandes distancias en los océanos- y otras 60 estaciones de infrasonidos, ‘atentas’ a registrar ondas de frecuencias muy bajas (inaudibles para un ser humano) como las que generan las grandes explosiones. Por último, el SIM cuenta con 80 estaciones y 16 laboratorios de radionúclidos que buscan partículas radiactivas en la atmósfera. La sensibilidad de estos sistemas de detección es altísima. De hecho, 40 años después del accidente de Chernóbil, el SIM es capaz de detectar aún los isótopos radiactivos liberados por la central nuclear ucraniana.

Todos los datos recogidos por el SIM se procesan en Viena, sede de un organismo con un presupuesto anual de 120 millones de dólares y en el que trabajan 260 personas. Si el SIM detecta un evento que indica que se ha realizado una prueba nuclear en algún lugar del mundo, la CTBTO puede poner en marcha una inspección sobre el terreno, si bien ese trámite requiere el acuerdo mayoritario de los miembros del consejo.

Más allá de su poder disuasorio y de su trabajo en la prevención de pruebas nucleares, la infraestructura de la CTBTO tiene muchas otras aplicaciones científicas. Para empezar, las estaciones submarinas que forman parte de su red están conectadas a los sistemas de alerta de tsunamis. Además, los datos que producen sus más de 300 estaciones de observación sirven a científicos de todo el planeta para estudiar la actividad de los volcanes y los océanos, el cambio climático y hasta la migración de las ballenas. El CTBTO también colabora estrechamente con las autoridades en operaciones de búsqueda de accidentes aéreos, como la misteriosa desaparición del vuelo 370 de Malaysia Airlines, o en tragedias navales como la reciente del submarino argentino ARA San Juan.

No conviene, en todo caso, como advierte Lassina Zerbo, olvidar la principal tarea del SIM. «A veces, el desarme nuclear y la no proliferación son susceptibles de perder importancia en las prioridades de los estados y sus ciudadanos. Sin embargo, los peligros que plantean las armas nucleares aún existen y las consecuencias de no prestar atención a estos temas son demasiado graves». Al menos, el estetoscopio que registra las constantes vitales del planeta permanece siempre alerta.

ASÍ FUNCIONAN LOS OÍDOS DEL PLANETA

Rastreadores nucleares

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Un grupo de expertos de la organización de Tratado de Prohibición Total de Pruebas Nucleares (CTBTO) Ssobrevuela una zona sospechosa en busca de anomalías que indiquen un ensayo nuclear.

El avión perdido

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El sistema ayudó a buscar el avión de Malaysia Airlines desaparecido en 2014. Desde una estación en Australia se detectaron dos señales sospechosas. La aeronave sigue desaparecida.

Por cielo, mar y tierra

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El personal del organismo utiliza métodos geofísicos para identificar perturbaciones relacionadas con una posible explosión nuclear subterránea.

El desastre de Fukushima

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La CTBTO posee una red mundial de sensores que detecta partículas radiactivas en la atmósfera. En 2011, tras el desastre de Fukushima, compartieron datos con la OMS y el Gobierno japonés.