Los pequeños de un campamento de refugiados en Bangladés nos muestran su objeto favorito. Por Fernando Goitia

Son manos de niños rohinyás que salieron a la carrera de sus hogares en Birmania Occidental camino de Bangladés. Algunos escaparon con un solo juguete; otros ni siquiera eso: tuvieron que improvisarlo en el campo de refugiados de Cox’s Bazar. Más de 600.000 rohinyás han huido de los militares birmanos y las mafias budistas; la mitad de ellos son niños.

rohinyas juguetes, xlsemanal

El fotógrafo Ed Jonse observó que los pequeños pasaban muchas horas solos mientras sus padres improvisaban tiendas y buscaban alimentos. Los vio jugar con pequeños objetos y les pidió que se los mostrasen. «Como padre no pude dejar de reparar en sus rudimentarios juguetes. No deja de ser asombroso lo ingeniosos que pueden ser los niños». Así, un trozo de manguera, una jeringuilla o una cuchilla de afeitar pueden amenizar sus días en un miserable campo de refugiados.