Mientras se destinan cada vez más recursos a la lucha contra el terrorismo, los narcos no pierden tiempo y se expanden. Al frente del negocio están ahora los albaneses. ¿Cómo actúa esta violenta mafía? Por Jonas Breng y Carlos Manuel Sánchez

«Albania exporta dos productos: drogas y violencia», sentencia Artan Hoxha, de 42 años, sentado en un café de Tirana, la capital albanesa. Hoxha presenta un programa de televisión donde habla de las mafias. denuncia las rutas de contrabando, destapa los nombres de los ‘señores de la droga’ y sus conexiones con políticos. Todas las mañanas se asoma entre las cortinas de su casa y mira la calle, preguntándose qué método utilizará la mafia para librarse de él. Si le dieran a elegir, él se decidiría por un tiro de Kaláshnikov. O un coche bomba. «Es solo una explosión y se acabó», dice.

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Los corredores son los que trasladan la droga. Son leales hasta la muerte. Las mafias pagan a sus familias en Albania. Eso convierte a estos parientes en rehenes

Según Hoxha, el ascenso de esta mafia se debe a tres motivos: la estructura de los clanes, la situación geográfica de Albania y la política. «Es como un invernadero. Se dan las condiciones adecuadas, y las plantas proliferan».

La prensa británica dice que la mafia albanesa es ‘glocal’. Local solo en apariencia, atrincherada en el patio trasero de Europa, pero sus tentáculos se han extendido por muchas capitales europeas. Lo saben bien en Londres, Ámsterdam y Fráncfort, donde empezaron controlando los locales de apuestas y ahora quieren adueñarse de las calles.

Los albaneses tienen lazos con las mafias italiana y turca, con los narcos colombianos y con los capos gallegos... Pero no se conforman con unas migajas. Quieren más. Y lo quieren ya.

Alarma en Europa

Alemania ya ha alertado de que se está produciendo un cambio de poder en el narcotráfico. Las mafias albanesas le están comiendo el terreno a las demás. El Reino Unido también ha señalado la creciente influencia de estas bandas, que, según los británicos, utilizan el puerto de Bilbao como lanzadera para intentar colar a sus peones ilegalmente en Southampton.

Las sanguinarias guerras balcánicas fueron la escuela de estos gánsteres. Actúan con profesionalidad militar. Son brutales, eficaces y discretos. Ninguno se va de la lengua. A esto se añade la diáspora albanesa que les ofrece contactos por toda Europa. Hay medio millón de albaneses en Italia; 300.000 en Alemania; unos 28.000 en el Reino Unido; en España su presencia es testimonial, apenas 1781 empadronados. Aquí se han especializado en el asalto a casas de lujo. Cinco albaneses fueron detenidos en noviembre después de robar en más de 200 inmuebles en Madrid. Les resulta tan fácil que son casi como unas vacaciones pagadas. Y si caen, suelen quedar en libertad con cargos. Vuelven a Albania, cambian de identidad -un pasaporte nuevo cuesta 50 euros- y hasta la próxima escapada…

Las sanguinarias guerras balcánicas fueron la escuela de estos gánsteres. Actúan con profesionalidad militar. Y ninguno se va de la lengua

Veinte clanes albaneses tienen conexiones en el extranjero. Y dos ramas compiten entre sí: la albanesa, asentada en Tirana; y la kosovar, en Prístina. Operan como organizaciones familiares, protegidas por una tupida red de hermanos, tíos y primos. Al círculo no se accede, se nace dentro de él.

Esto hace a los clanes inmunes a la traición o las luchas de poder. «En el caso de los italianos, el padrino actúa como un dictador, aquí se trabaja en grupo. Si eliminas a un hermano, se hace cargo el siguiente», dice Hoxha. Y se rigen por un código feudal, el Kanun, basado en el honor y la venganza. Una deuda de sangre se paga con sangre. Y condena a toda la familia por los siglos venideros.

El ‘caballo’ ha vuelto

El ascenso de los clanes empezó en los noventa. Fueron los años de la transición de una dictadura paranoica, similar a la de Corea del Norte, a una democracia en la que reinaba el caos.
Los clanes han aprovechado que la mayoría de la heroína de Afganistán pasa por Albania antes de entrar en Europa Occidental. El ‘caballo’ ha vuelto. En parte, porque los albaneses son los nuevos proveedores. La cortan con paracetamol en polvo, que se vende en las tiendas de Tirana por sacos. Y utilizan el puerto holandés de Róterdam como centro logístico. Desde allí llega en coches y camiones a Madrid, Sevilla o Vigo.

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La Policía albanesa ha intensificado la lucha contra el narco por petición de la UE. En las zonas rurales, los agentes prenden fuego a las plantaciones de cannabis y desmontan arsenales

Las mafias complementan este negocio con el cultivo de cannabis. Los albaneses son ya el principal productor de marihuana de Europa. Y solo era cuestión de tiempo que se metieran en el negocio de la cocaína, el que más beneficios genera. Hoy ya tienen acceso directo a la mercancía a través de los propios productores en Sudamérica, sin necesidad de intermediarios. Este salto cualitativo ha sido un puñetazo en la mesa. Meten la droga entre la mercancía legal en los puertos europeos y falsifican los precintos para que parezca que los contenedores no han sido manipulados. Solo por el puerto de Hamburgo pasan nueve millones de contenedores al año. Es como buscar una aguja en un pajar.

Los colombianos, también en Albania

Samo (nombre ficticio) es el prototipo de mafioso de la Albania rural. A sus 33 años, se gana la vida con la cocaína y el cannabis. Para los pequeños traficantes como él, la situación en estos momentos es complicada. El primer ministro albanés, Edi Rama, quiere que su país entre en la UE. Y le ha declarado la guerra al cannabis. «Quieren demostrarle a la UE que están haciendo algo -asegura Samo-. Pero es ridículo, esta guerra no la van a ganar».

Que los cárteles colombianos estén introduciendo la coca a través de Albania es una novedad, y da la medida del poder de estos nuevos clanes

Samo vivió varios años en Estados Unidos, donde fue detenido por tráfico de drogas y asesinato. Lo dejaron en libertad, porque algunos de los testigos desaparecieron durante el juicio. No puede evitar sonreír mientras lo cuenta.

Ahora consigue la cocaína gracias a unos contactos en el puerto albanés de Vlora. El hecho de que los cárteles colombianos estén introduciendo su mercancía a través de Albania es toda una novedad. Esta ruta implica un rodeo para entrar en los mercados europeos, lo que pone de manifiesto el nuevo poder ganado por los albaneses. Normalmente, es mucho más fácil por España. Pero los puertos de Algeciras, Valencia, Barcelona y Vigo han sido escenarios de grandes decomisos en los últimos meses. «Los colombianos saben que nosotros podemos llevar su material a cualquier sitio, donde sea…», dice Samo.

El narcotráfico en Europa se ha incrementado en los últimos años. Estas son las drogas que más se consumen

A diferencia de lo que ocurre en Tirana, a Samo la Policía local no le causa problemas. «Son unos pobres desgraciados, y no están tan chiflados. Si se les ocurriera detenerme, mis hermanos se los cargarían a ellos y a sus familias», dice, y dirige su mirada a una maleta junto al sofá. Su contenido. una ametralladora, dos pistolas, una bomba lapa y munición. Matar no suele ser una cuestión personal, pero forma parte del oficio. «Si no te tienen miedo, te joden», dice Samo.

En el año 2016 se produjeron en Albania 1349 detenciones relacionadas con la droga. Pero los juicios apenas llegaron al centenar. Y en ninguno de ellos se procesó a un pez gordo.

Un Robin Hood muy peligroso

Y el pez más gordo se llama Klement Balili. Es ‘el Pablo Escobar de los Balcanes’. Han aparecido fotos en las que se ve al presidente de Albania en una de las fiestas del capo. «Aquí todo el mundo sabe que la mafia te puede ganar elecciones», comenta Samo.

El narco albano más importante, Klement Balili, pagaba tan bien que la propia Policía se encargaba de los portes de la droga, según un investigador

«Los partidos intentan silenciar el asunto, pero mi trabajo es recordárselo», dice Hoxha, el periodista, que viajó a Stjar, el pueblo natal de Balili. La mujer del capo y buena parte de su clan siguen viviendo allí. Antes de entrar en el pueblo, Hoxha se reunió con el jefe de la Policía local, que estuvo antes en las unidades especiales y le han encargado la caza de Balili. «Tienes que sacarme de Stjar si me pasa algo», le dijo Hoxha. El policía se mordió el labio. «¿Y cómo, si el 80 por ciento de mis hombres trabaja para Balili?», le respondió.

trafico de drogas mafia albanesa (2)  El periodista de investigación Artan Hoxha muestra en su móvil la foto de Klement Balili, considerado el hombre más buscado del mundo. A pesar de ello, se lo ve repetidamente en Albania.

La Policía ha intentado atrapar a Balili cinco veces. En el último intento, el mafioso estaba sentado en el palco vip de un estadio de fútbol. Cuando los agentes entraron, ya había desaparecido. «No es que tenga un topo dentro de la Policía -cuenta Hoxha-, tiene un ejército de ellos».

Balili, el ‘señor de la droga’, pagaba tan bien que cuando se metió en el negocio del cannabis la propia Policía le hacía los portes. En 2007, un coche patrulla interceptó un vehículo con 700 kilos de marihuana. Cuando se descubrió que el cargamento estaba relacionado con Balili, detuvieron al capo, pero a los cinco meses lo dejaron en libertad. «La gente de aquí salió a la calle a celebrarlo», comenta Hoxha. Era muy apreciado. Balili se preocupaba por los vecinos, pagaba bodas y médicos. Lo llamaban Robin Hood.

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En 2014, a Balili le dieron un cargo ministerial. Se cree que fue entonces cuando entró a lo grande en el tráfico internacional de cocaína. Pero ya tenía agentes de la DEA y de Europol pegados a sus talones. En 2016 se emitió una orden internacional de detención. Entrar en política fue su error. Al hacerlo, se puso bajo los focos. La presión internacional fue en aumento, y Balili acabó perdiendo su cargo. Desde entonces vive en la clandestinidad. O al menos en lo que se entiende por clandestinidad en Albania. «Así es este país -afirma Hoxha-. Todo el mundo lo está buscando, ¿y qué hace él? Pues darse un paseo como un turista».

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