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El bloc del cartero

Rapacidad

Una hermosa palabra del castellano para designar una fea cosa que denuncian muchas de las cartas de esta semana. Por ejemplo, la que nos habla con amarga lucidez del suelo en que se asienta la corrupción, y que no es otro que el interés, el miedo y la perversión de las reglas que los corruptos encuentran entre sus conciudadanos. Pero también hay rapacidad tras los petroleros que navegan en precario exponiéndonos a todos al chapapote (y si se da mal, untándonos con él), o en quienes cada vez retribuyen menos a los que trabajan y esperan que desde esa indigencia encima consuman. O en esas manos largas que, como otro lector señala, son las de demasiados, cada uno metiendo la suya donde puede. en el saco grande desde la poltrona, en el pequeño con la conexión a Internet. Y así vamos.

Muchas manos largas.Confirmada, por probada, ha quedado la reiterada corrupción y defraudación por parte de un buen número de nuestros políticos, también sindicalistas y algún otro grupo, incluidos determinados directivos bancarios. Pero hemos de reconocer que en esta España, y viene de antiguo, hay muchas manos largas entre la ciudadanía de a pie, sea de la clase que sea y en cualquier gremio. Y donde haya caja a la que afanar se viene haciendo, bien defraudando a través del IVA o cualquier otro impuesto, de las supuestas comisiones y dietas, de las ayudas sociales, de la ocultación de bienes o de la abundante piratería, que también es fraude, aunque no se quiera admitir. Lo triste es que lo saqueado, estafado, robado o defraudado no se devuelve; se queda en el limbo ante la complacencia de la justicia. O mejor sería decir de quienes la componen. Y así nos luce a todos. ángel santamaría. bilbao (vizcaya)Que no nos desanime.He crecido y envejecido entre tres grandes catástrofes medioambientales en La Coruña, mi ciudad. el hundimiento del Urquiola, el Mar Egeo y la enorme tragedia del Prestige. Aún recuerdo con escalofrío aquel 12 de mayo de 1976 cuando, desde el patio del colegio a la hora del recreo, mirábamos al cielo con estupor observando una enorme humareda negra que cubría toda la ciudad. Procedía del Urquiola, un petrolero que embarrancó y ardió frente a la Torre de Hércules. Años más tarde, por mi gran afición al mar, tuve la oportunidad de bucear en el interior del pecio del Mar Egeo. Dentro de sus bodegas podías ver cómo sus chapas todavía despedían gran cantidad de óxido y los animales que allí vivían (congrios, centollos, pulpos, anémonas) presentaban un color ferroso que demostraba la enorme contaminación que, después de tantos años, existía en la zona. Cuándo nos daremos cuenta de que el planeta no nos pertenece; de que nuestra obligación y compromiso es cuidarlo, conservarlo, para que las futuras generaciones disfruten de sus innumerables recursos, de sus bellísimas costas y puedan contemplar la extraordinaria belleza que en su interior alberga. Deseo fervientemente que la sentencia del Prestige, que jurídicamente tal vez sea ‘correcta’ aunque personalmente la considero injusta, no nos desanime y sigamos luchando para que cada día exista una mayor concienciación ecológica en la población que nos haga plantearnos la creación de protocolos de seguridad y conservación y de medidas preventivas más eficaces para que este tipo de catástrofes no se repita. Como decía mi buen amigo y ya desaparecido Malpi, último cazador de ballenas de La Coruña. ¡Querido amigo. o mar é femia sempre pare e reprodúcese! . juan francisco garcía casal. la coruñaFalta lo que sobra.No tiene sentido alguno que, mientras medio país está en paro, el otro medio esté siendo explotado laboralmente. Pero tampoco lo tiene que, mientras medio mundo muere de hambre, el otro medio ni siquiera valore sus lujos. Si la competitividad va a llevarnos a términos de esclavitud a todos, ¿cuándo cesará esa vorágine que se autoconsume? Pues incluso los que ahora ocupan puestos excesivamente cómodos podrán encontrarse en el ojo del huracán de una avaricia mayor. La única brújula que encuentro en esta tormenta es la defensa de unos servicios sociales de calidad y sostenibles, así como unas condiciones laborales dignas y que repartan el trabajo entre toda la población. Pues la competitividad sin principios atenta contra la verdadera libertad. javier blasco sendra. sevillaProductos ecológicos.En el número 1359 de XLSemanal aparece un reportaje presuntamente desmitificador de los productos ecológicos. Bajo el título La cara oculta de los productos bio se enumeran algunos supuestos mitos sobre algunos de estos productos. Es curioso ver cómo, cada vez que surge el debate en torno a dichos productos, sus detractores realizan tremendos esfuerzos argumentales para desmitificarlos. Señores detractores, no hay mitos que valgan. un huevo de gallina en semilibertad y alimentada como es debido siempre será infinitamente mejor que el huevo insulso y meteórico de la pollita superestabulada. Un tomate, una patata, una pera, una hortaliza, una mermelada y un largo etcétera de productos cultivados y elaborados de acuerdo con las normas ecológicas todo ello, no lo olvidemos, vigilado por el correspondiente Consejo Regulador siempre tendrán una mayor calidad que los productos digamos convencionales, de los cuales no tengo que decir nada en contra (que cada cual consuma lo que le parezca). Pero, repito, la diferencia de calidad es evidente. p. garcía. valladolidEl sostén de las tiranías.Las tiranías no se constituyen ni se mantienen en el tiempo por el poder y la maldad del tirano, sino por la legión de colaboradores que las aplauden, apoyan y sostienen, ya sea por cobardía o interés. Algo parecido ocurre con la corrupción, con el fraude, con los abusos o las injusticias. Casi siempre ponemos el acento en los protagonistas de las malas acciones, pero pocas veces en los actores secundarios y en el sistema que las permite. Y es que, para que los corruptores puedan llevar a cabo sus corruptelas, tienen que existir los medios, las circunstancias adecuadas y, por supuesto, las personas que se dejen pervertir; pero además, y quizá sea lo más importante, una miríada de cómplices que faciliten las acciones delictivas o reprobables callando, haciéndose los sordos o mirando para otro lado. En un gran edificio, lo importante no es el pináculo, por mucho que este resalte, sino la estructura que lo sostiene. pedro serrano martínez. valladolid

La carta de la semana

Por qué la he premiado Porque, en su dureza y su rabia, viene a ponernos ante una de las paradojas más inquietantes de nuestro presente.

La recuperación. La tan ansiada recuperación, dicen, está llamando a la puerta. Las grandes empresas del Ibex obtienen jugosos beneficios (en proyectos fuera de España). Los bancos van saneando sus cuentas (comprando deuda a precio de saldo y sin prestar un euro). Los inversores extranjeros regresan (buscando chollos). La compraventa de viviendas se recupera. El paro disminuye (aunque también el número de cotizantes). Mientras tanto, el 30 por ciento de los negocios familiares continúan cerrados. La contratación no se concibe sino a través de una ETT. La edad de jubilación deja de tener sentido, salvo para el reducto de trabajadores fijos (especie en extinción). Un mayor de 40 años no trabajará, ni en sectores marginales, mientras haya jóvenes deseando hacerlo. Las empresas históricas siguen cerrando y se pierden miles de puestos de trabajo fijo todos los meses (Panrico, Fagor ). Los mejores emigran. Cuatro millones de los actuales parados no trabajarán en su vida ¿Sabemos adónde vamos? ¿No es aterradora esta situación?j. fernando estévez carretero. correo electrónico