Correo Cartas, fax,’e-mails’ xls 1447

El bloc del cartero

Urbanidad

Podríamos hablar también de ‘civilidad’. Palabras en claro desuso por una legión de semejantes que se creen asistidos de toda clase de derechos, trabados por nulas obligaciones y sujetos a ninguna responsabilidad. En todos los órdenes de la vida, en todos los estamentos, en la calle o en las redes sociales. Es una triste evidencia que el anonimato que propician estas últimas ha contribuido a exponer de forma aún más lacerante. Bajo la careta del avatar se veja y se daña sin tasa, sin piedad, sin conciencia. Uno de nuestros lectores añade. Instintiva, inocentemente . Y quizá eso es lo más grave de todo. años de postergar la instrucción y la educación de las personas, en aras de mejor utilizar su potencial como consumidores, nos han traído hasta aquí. Ahora, como decía el chiste, píntalo de verde.

Más allá de la rebelión de las masasEntre la turbamulta de contenidos con que las televisiones nos amenizan los ocios que nos inventan, saltó la inesperada liebre de un coloquio sobre urbanidad. Una liebre que alteraba el monótono páramo de la corrección política y que abordaba el hecho del achabacanamiento colectivo. La sociedad se vulgariza; pierde la elegancia, los modales y el saber estar. Pierde también la sensibilidad, con lo que supera en un grado la rebelión de las masas. El hombre-masa de José Ortega y Gasset se sabía zafio, pero el hombre-masa de hoy ni siquiera es capaz de discernirse como tal. La rebelión del hombre-masa orteguiano consistía en reivindicar su vulgaridad frente a ciertas prescripciones de una sofisticación establecida. El hombre-masa contemporáneo ya no puede reivindicar su ordinariez porque no sabe contra qué hacerlo. El hombre-masa del siglo XXI no puede optar entre las buenas o las malas maneras; no puede preferir subversivamente las unas a las otras. únicamente conoce las malas, y las ejerce instintivamente, inocentemente, sin el concurso de la voluntad. Ha terminado la rebelión de las masas, el tiempo de los hombres-masa enterados de su condición que renuncian a mejorar porque rechazan una escala de valores que los relega socialmente. Ahora vivimos la era del Homo vulgaris, una supremacía natural e inconsciente del palurdo y del mostrenco como productos evolutivos de la irreflexión y el desinterés absoluto por el desarrollo personal. J. V. Yago. Correo electrónicoLa mala educación y las redes socialesEn uno de los últimos días del pasado mes de junio se ha publicado un interesante análisis sobre el deterioro de la educación cívica de los españoles, cada vez más ‘asilvestrados’. Seguramente, las razones que explican estos cambios son múltiples, pero entre ellas destaca la escasa transmisión de la tradición en la familia y en la escuela, así como la zafiedad cultural masivamente difundida a través de ciertos medios de comunicación. Un reflejo de esta ausencia de pautas cívicas que hacen posible la convivencia lo comprobamos con claridad en las redes sociales, que muchas veces se convierten en auténticos vertederos de insultos, cuando no de resentimientos amparados por el anonimato. En todo caso lo que denominamos ‘buena educación’ no puede ser nunca un formalismo, sino la expresión adecuada de un sentido compartido del bien de nuestra vida en común. Eso es lo que seguramente hemos perdido, y de ahí la profundidad de la crisis que atravesamos.  Jesús Domingo Martínez. GErona (cataluña)La vida es sueñoNadie quiere vivir una vida que no es más que una hipoteca, entonces ¿por qué vivimos endeudados hasta las cejas? El liberalismo nos ha conducido hasta un mundo donde no gobiernan los pueblos ni siquiera los dictadores; gobiernan los mercados, los acreedores y el FMI. Ello no quiere decir que tengamos que deshacernos del liberalismo, que también nos ha proporcionado democracia, constituciones, libertades y derechos. Sin embargo, hoy por hoy, el sueño de la gente es tener una casa, un trabajo, una familia Pero eso no son sueños. Un sueño es una meta en la vida, ¡y pobre de aquel cuya meta sea estar siempre en deuda con el banco! Soñar, creo yo, no es tener. Soñar es, más bien, hacer. ¿Qué pasa si los griegos no pagan su deuda, qué pasa si no sale el dinero de los cajeros? Tan solo verán a otros griegos y un precioso paisaje mediterráneo y pensarán. ¿De qué estábamos asustados cuando tenemos todo lo que podemos necesitar? . Quizá los españoles debiéramos dar la espalda a los economistas y los tertulianos de la tele y empezar a disfrutar de un mundo que siempre va a estar ahí para que lo disfrutemos. Jon Ander Espinosa. Bilbao (vizcaya)En la economía del día a díaNo entiendo mucho de macroeconomía. Lo que sí entiendo es que si una familia amiga lo está pasando mal económicamente y yo tengo dinero para prestarles lo haga. Eso es lo lógico. También veo bastante normal que le imponga unos plazos para que me devuelva el dinero. Hasta aquí cualquiera estará de acuerdo. Más adelante te pueden pedir más dinero porque no salen del bache. Me parece razonable. De repente, aunque lo sospechabas, te enteras de que la culpa del bache lo tiene el alto tren de vida que mantienen. Y le pides que lo recorten. Van cambiando de cabeza de familia, pero todos siguen por el mismo camino. Finalmente te enfadas. Te enfadas y le dices a la familia, cada vez menos amiga, que ya no les prestas más dinero hasta que te garanticen devolverte lo anterior. Y el último cabeza de familia te termina chuleando diciendo que necesitan más dinero y que ya se hablará de las condiciones para la devolución. Este último no es el culpable directo de la deuda, pero la chulería te acaba de cabrear y cortas por lo sano. Creo que todo tiene una lógica aplastante. No entiendo mucho de macroeconomía, pero en la economía del día a día las cosas suelen ser así. Por lo menos aquí. En Grecia no lo sé. J. M. V. N. Betanzos (la coruña)Tendré que desobedecer la leyTengo 19 años y soy estudiante. He tenido unos buenos padres y mejores profesores; he crecido rodeada de libros; de novelas fantásticas y de suspense; de libros de historia y filosofía; de enciclopedias. Siempre me ha gustado leer, conocer y contrastar información. Me ha resultado útil cada vez que alguien ha intentado engañarme o coaccionarme, me ha enseñado a tener un espíritu crítico. Por eso, cuando veo en televisión una noticia digna de mis distopías favoritas, una nueva ley que prohíbe la libertad de expresión, que castiga el estar en desacuerdo con el Gobierno y pena la reivindicación activa de derechos por parte de la gente corriente y moliente, solo puedo decir una cosa. yo tendré que desobedecer esa ley.  Elena del Moral Valladares. Granada

La carta de la semana

Por qué la he premiado Porque no requiere glosa ni comentario, por cómo nos retrata, y lo poco favorecidos que en el retrato salimos.

XLSemanal agradece la colaboración de sus lectores premiando al autor de la carta de la semana con este Fnac Smartphone 2 4″, valorado en 139,99 .

Los guantes de Francis. Circulaba con mi mujer y en un semáforo en rojo me detuve. Un joven de raza negra me ofreció, chapurreando el español, un paquete de pañuelos. Le di un euro. Como pasamos tres veces por semana por dicho lugar, he charlado con él varias veces. Es ghanés, habla inglés y es licenciado en Sociología. En una segunda ocasión, al darle el euro, me lo rechazó y me pidió si le podía regalar unos guantes de color claro. Mi mujer y yo nos miramos asombrados, ya que el calor en mi ciudad es duro de pelar. Se los compré y se los di un día lluvioso. Francis así se llama sonrió feliz. Parecía que le salvaban la vida. En otra ocasión, me atreví a preguntarle por qué me había pedido los guantes. Me sonrió y evitó responderme. Me costó más de dos meses que lo me explicara. Por fin, me respondió bajando la cabeza. A muchas personas parece que les da asco rozar nuestra piel y no nos dan nada. Desde que tengo los guantes, todo ha cambiado . Seguí camino pensativo mientras mi mujer se miraba sus manos. ¿Blancas, negras? ¿Tan gris es el mundo? rafael alcalá álvarez. málaga