Veteranos

EL BLOC DEL CARTERO

Las cartas de esta semana reflejan el desdén hacia la experiencia que parece haberse instalado en nuestra sociedad. Mal pronóstico tiene una comunidad que no deja ni ofrece camino a los jóvenes, como en este mismo espacio han señalado muchas cartas a lo largo de estos últimos años. Pero no es mejor el que tiene la comunidad que olvida el valor de la obra y la memoria de los más veteranos, y oscuro es el horizonte de la que se permite despreciar esas pertenencias como si fueran trastos inservibles. Hay quien al no ver cumplido en las recientes elecciones el resultado que ansiaba ha cargado contra el miedo mezquino de los viejos. viejos miedosos y mezquinos hay y habrá, pero tildarlos de tales solo por disentir de su voto tiene un feo nombre. Arrumbar a quienes nos enseñaron lo que sabemos, también.

LA CARTA DE LA SEMANA

Lo que tengo y lo que no

Esta carta representa el balance de mi vida. Tengo 82 años, 4 hijos, 11 nietos, 2 bisnietos y una habitación de 12 m2. Ya no tengo mi casa ni mis cosas queridas, pero sí quien me arregla la habitación, me hace la comida y la cama, me toma la tensión y me pesa. Ya no tengo las risas de mis nietos, el verlos crecer, abrazarse y pelearse; algunos vienen a verme cada 15 días; otros, cada tres o cuatro meses; otros, nunca. Ya no hago croquetas ni huevos rellenos ni rulos de carne picada ni punto ni crochet. Aún tengo pasatiempos para hacer y sudokus que entretienen algo. No sé cuánto me quedará, pero debo acostumbrarme a esta soledad; voy a terapia ocupacional y ayudo en lo que puedo a quienes están peor que yo, aunque no quiero intimar demasiado: desaparecen con frecuencia. Dicen que la vida se alarga cada vez más. ¿Para qué? Cuando estoy sola, puedo mirar las fotos de mi familia y algunos recuerdos de casa que me he traído. Y eso es todo. Espero que las próximas generaciones vean que la familia se forma para tener un mañana (con los hijos) y pagar a nuestros padres por el tiempo que nos regalaron al criarnos. Pilar Fernández Sánchez (Granada)

Por qué la he premiado…
Por susurrarnos al oído, directa y como si nada, esta historia corriente que atruena en la conciencia y en el corazón.


A continuación el resto de las cartas de esta semana.

Nuestras similitudes

Hace dos semanas mantuve una charla política con una amiga -ambas somos nuevas votantes y de ideologías opuestas-, pero fuimos respetuosas e incluso coincidimos en varios puntos. Llegamos a la clara conclusión de que el diálogo es posible, pese a tener ideas distintas, y de que debemos conseguir que la política potencie nuestras similitudes. No tomemos el ejemplo malo del fútbol, sino el bueno. jugadores que dejan de lado sus diferencias porque en el partido todos son uno. Al final, en política somos un gran equipo cuyos jugadores deben cooperar, ya que uno solo no puede marcar gol. Sara Pita Gismero (La Coruña)


Sociedad huérfana

Después de leer la amalgama de comentarios en redes sociales tratando peyorativamente a la sociedad española por los resultados del 26-J, me da la sensación de que más de uno tiene el síndrome del que va por la autovía en sentido contrario y cree que son los demás quienes se equivocan. Más nos valdría analizar lo que se está haciendo mal desde los partidos que quieren ser alternativa y, sobre todo, recuperar a los escritores que mejor que nadie hicieron, a través de su obra, una radiografía del carácter español; ese que no se tiene en cuenta en las encuestas y que explica buena parte de lo que sucede. Más Ortega, más Pío Baroja, más Unamuno y menos tertulias televisivas de peperos y populistos vendiendo soflamas y eslóganes a precio de saldo. Lo que esta sociedad necesita no son políticos que escuchan para contestar, sino que escuchan para comprender. Somos una sociedad huérfana e incomprendida que perdona la corrupción y que opta por el continuismo como mal menor ante la decepción y el desengaño. Germán Hernando Moyano


Ojo con los referéndums

Si algo llama la atención del referéndum del brexit, es el burdo engaño a la opinión pública con falsas promesas. El principal argumento de los partidarios de la salida de la UE, los 17.000 millones de libras anuales que ‘expoliaba’ la UE al Reino Unido, no era más que una mentira reconocida por sus propios creadores. Todo ello ha coincidido en Cataluña con un interesante debate televisivo entre José Borrell y Oriol Junqueras en que se puso de relieve la falsedad de otros míticos 16.000 millones del supuesto ‘expolio’ del «Madrid nos roba». Quizá quepa extraer dos conclusiones. La primera es que los referéndums no son ninguna varita mágica para resolver cuestiones complejas, sino que la decisión popular se toma a veces basándose en falsedades y lemas de propaganda repetidos una y otra vez, para votantes incautos. La segunda es que hay que desconfiar de aquellos políticos que te prometan ser más rico si les votas, sin necesidad de trabajar o esforzarte. Posiblemente acabarás siendo más pobre y encima te sentirás engañado y frustrado. Antonio Peiró (Lérida)


Sofá en llamas

Llegué al colegio electoral con mis abuelos y elegí mi papeleta tras la cortinilla. Cuando salí, ya estaban votando. Traían el sobre de casa y no tengo dudas sobre las papeletas que contenían. Esperé mi turno detrás de una pareja que sacó los sobres de un bolso y poco después llegaron otras personas a la cola. La cortinilla no se había movido. Cuando deposité mi sobre en la urna tenía la certeza de que mi voto no cambiaría nada, de que la inmensa mayoría de los que estaban allí le darían su apoyo a un mismo partido. Pero no importaba, tenía clara mi decisión y el pegamento de la solapa por fin me sabía a democracia. De camino a la puerta, una mujer reconoció a mi abuela y charlaron unos minutos. Tuve tiempo de ver llegar a varias personas que se colocaron en la cola dispuestas a votar. Cuando la mujer se despidió, eché un último vistazo a la cortinilla antes de salir. Seguía vacía. Era mucho más cómodo traer el sobre de casa, igual que era mucho más cómodo no pensar, no informarse o no afrontar ningún cambio. Sigamos cómodos en este sofá en llamas. Javier Galán Taboada (La Coruña)


Noche toledana

Estas manos son capaces de sostener un libro toda la noche a la luz de la lámpara, como una luciérnaga solitaria en medio de la oscuridad de la noche y de la ignorancia. Hago una parada en la lectura. es la hora de la ronda. Son las tres de la mañana. Una débil luz alumbra los pasillos de la residencia. Un hilo de vida se esconde tras las puertas. Mis ancianos duermen. Un día, este comprador compulsivo de libros ingresará en una residencia, y seré, entonces, uno de ellos. ¿Qué será de mi biblioteca? ¿Quién mimará mis libros? ¿Cómo podría pasar los días sin leer? Silencio sepulcral… pero no; se oye un gemido. Entro en la habitación. Mi anciana llora. «¿Es por el pañal, todavía te da apuro a estas alturas?». «No es por eso. Es que yo antes me pasaba las noches enteras leyendo… ¡y mira ahora!». Me enseña sus manos inútiles con los dedos deformados. ¿Cómo consolarla?
Mariano Berja Casado (Jaén)


Mal repartidos

Ella, de amistad sin fisuras y trayectoria profesional intachable, me lo confesó. «Estoy encantada en el juzgado, pero no tenemos contenido para acabar el día». No es el primero ni el último caso de unidad de administración pública que no tiene una correcta gestión de recursos humanos. Sin ir más lejos, en el espejo reconozco a quien recibió una llamada a las 7.30 de un lunes de alguien recién incorporado que, tras caer de baja y enterarse de que no se le iba a sustituir, le sugirió «bajar el pistón». Fueron tres meses sin problema organizativo alguno. El contrapunto corre a cargo de unidades sanitarias, administrativas, educativas, donde se demuestra la gravedad que supone la carencia de personal, muchas veces provocada por carencias presupuestarias para contratar. No permite mi pobre opinión dar consejos, pero si aceptamos el «donde comen cinco lo hacen seis» del dinero publico, quizá sería bueno decir que la mies es mucha y los obreros no es que sean pocos, sino que están mal repartidos. Marian de León (Bilbao)