Residencias

EL BLOC DEL CARTERO

Algunos de quienes nos lean esta semana no la conocerán. La carta se recibió hace unas semanas y la firmaba Pilar, desde una residencia de ancianos. A la emoción y la intensidad de su historia se unía la firmeza y la claridad de su escritura. Hay quien al leerla se siente gratificado por haberse esforzado para que sus propios mayores continúen viviendo rodeados de los suyos. Hay quien por el contrario, no habiéndolo hecho, sufre una punzada de culpabilidad. De ambos sentimientos hay muestras entre nuestras cartas, y el cartero agradece a quienes expresan uno y otro. No todas las circunstancias son iguales, no todo el mundo tiene las mismas opciones; tampoco hay dos casos idénticos. Dispares son las historias que se juntan bajo el techo de una residencia. No sobra que nos hayan hecho pensar en ellas.


La carta de la semana

“Carpe diem”

Cada vez son menos los que cargan con el peso del mundo, algo que resulta comprensible teniendo en cuenta que, desde hace décadas, impera el carpe diem por bandera. No el de Horacio, que solo lo concebía como filtro para centrarse en lo importante, sino uno de nuevo cuño, paradójicamente contrario, empleado como excusa para eludir lo importante y lanzarnos al disfrute sin límite ni remordimiento. Hoy día, todos nos creemos acreedores del mundo como parque de atracciones, como lugar al que se viene a disfrutar y a pasar el rato. Esta concepción individualista solo propugna un egoísmo sin fronteras. Y esa ceguera voluntaria no es menos pesada porque sea acordada y compartida con los demás. El escritor, filósofo, poeta y líder del movimiento del trascendentalismo, Ralph Waldo Emerson, dejó escrito que «a un hombre se le da de comer no para que coma, sino para que trabaje», para que pague todo lo que se nos ha legado hombre y naturaleza con el sudor de la frente y para ensanchar nuestro legado futuro todo lo que nos sea posible. Porque cada vez son menos los que piensan en la carga que comporta un mundo. Luisa del Olmo (Murcia)

 Por qué la he premiado… Por introducir, aunque sólo sea de vez en cuando, algún mensaje que le salga al paso a la corriente dominante del momento.


A continuación el resto de las cartas de la semana

Una emoción inusitada

Hace unos 30 años cambiamos mi mujer y yo de piso, y en la distribución de las habitaciones escogimos una que era de las más amplias para dedicarlas, «el día de mañana», a nuestras madres (ambas, viudas). No es que no tuviéramos hermanos, pero no sabíamos cómo iban a reaccionar en el caso de que les llegara a nuestras respectivas madres los años de no poder vivir solas. Por desgracia, mi madre falleció joven. La madre de mi mujer, en cambio, cuando llegó a los 90 años, empezó a necesitar tener a alguien con ella. La llevamos a nuestra casa y desde entonces vive con nosotros. El día 2 de marzo cumplió cien años. Tiene 3 hijos, 6 nietos, 5 bisnietos y otro en maravillosa espera. Cuando leí la carta que escribió Pilar Fernández Sánchez hace unas semanas, se me llenó el alma de pena. No me hubiera importado que usted, Pilar, hubiera sido mi madre. Haberla disfrutado más. ¡Qué saben algunos hijos de tener a alguien tan mayor a su lado! No saben lo que se pierden. Solo ver a la bisnieta benjamina de 20 meses ir corriendo a saludar a su bisabuela cuando entra en casa… ¡Es de una emoción inusitada! Un fuerte beso, Pilar (con su permiso). Jokin Álvarez Vélez  (Bilbao)


Lo que ven los ojos

El corazón se me contrae al finalizar de leer la carta de Pilar Fernández Sánchez. Sí, tengo a mi madre en una residencia. Su padre, mi abuelo, vivió con nosotros cuando enviudó hace unos 40 años. Entonces parecía lo normal. Mi madre era viuda y, literalmente, le correspondía. Escuché su silencio, lo vi envejecer, encorvarse y mirar con sus pequeños ojos a mi hermana y a mí. Estos ojos que ha heredado mi madre. Como andaba con cachaba, salía todos los días. Le gustaba tomar algo. Luego apareció la demencia senil, pero podía andar y salía. En sus últimos momentos lo veía por la calle y lo seguía con la mirada. No me conocía. Un día enfermó, estuvo entrando y saliendo del hospital durante unos meses, y… al fin se apagó su luz. Mi madre sigue sus pasos. Mientras pudo, vivió sola. Luego la llevamos a un centro de día; y tras una caída y unos meses en casa de mi hermana la llevamos a la residencia. Sí, la residencia. La he visto deteriorarse, perder inhibiciones que nunca hubiese creído. Empieza ya a no acordarse de quién soy. Después de recibir estas y otras puñaladas, ahora estoy tranquilo. Ella está bien y me reconforta. Pero esa carta me ha abierto alguna de las heridas del corazón. Y me pregunto: ¿qué estamos haciendo mal? A mí me ha dado imágenes que nunca hubiese imaginado. Ella, que sola, con pocos recursos, pudo sacar adelante a dos hijos. Pedro J. García Rueda  (Bilbao)


La vida no tiene propietario

El pasado domingo 26 de julio de 2016 pude leer un artículo titulado ¿A quién pertenece la vida? La autora, Nikola Sellmair, incurría en muchos errores sobre el sector de la industria de la obtención vegetal. El negocio de las semillas no pertenece a 6 empresas; solo en España son 46. Hay un gran número de empresas obtentoras, grandes y pequeñas, nacionales y multinacionales, tal como sucede en la gran mayoría de los sectores productivos. De hecho, las de menor dimensión facturan conjuntamente más que las grandes. Solo una pequeña parte de la semilla está sujeta a derechos de propiedad intelectual. Del total de la superficie cultivada mundial, unos dos tercios utilizan «semilla de granja» o semilla producida localmente. Del tercio restante, un tercio utiliza variedades desarrolladas por la investigación pública. Por tanto, solo el 22 por ciento de la agricultura mundial utiliza semillas producidas por empresas. El agricultor es libre de comprar semillas protegidas o de utilizar otras libres sin ningún coste. Además, la reutilización de semillas está permitida en aquellos cultivos en los que está justificado por razones alimentarias o agronómicas (cereales, patatas, legumbres y cultivos forrajeros). Esta «excepción del agricultor» permite dicha reutilización sin necesidad de autorización alguna por las empresas titulares y, cuando se trata de pequeños agricultores, sin tener que abonar royalties. El descenso de la población de mariposa monarca se debe a la eliminación en los campos de cultivo de algunas malas hierbas que les sirven para depositar sus huevos, no de la tecnología de modificación genética. Esto sucede en todos los tipos de cultivo, incluidos los ecológicos. En este contexto conviene recordar que 1330 científicos, entre los que se encuentran 110 premios Nobel, han firmado un documento en defensa de los cultivos transgénicos. También vale la pena recordar que el sector de la obtención vegetal se encuentra en la vanguardia tecnológica. Alrededor del 20 por ciento de los ingresos de la industria de semillas se invierte en I+D, llegando a alcanzar el 24 por ciento en el caso del cereal de invierno. El coste medio para poner una nueva variedad vegetal en el mercado es de 1 a 1,5 millones de euros, y se tarda de 10 a 12 años en conseguirlo. Antonio Villarroel. Secretario General de la Asociación Nacional de Obtentores Vegetales


Con Trump, lo nunca visto

Al excéntrico multimillonario norteamericano Donald Trump, discutido y discutible, incluso para quienes le presentan como candidato a la presidencia de los Estados Unidos, no se le puede identificar de forma clara con los valores tradicionales del viejo Partido Republicano. Es el espejo de una parte de la sociedad estadounidense marcada por la insatisfacción, confusa y temerosa ante el futuro, que busca mensajes simples y fuertes, y que refleja más un desencanto que una nueva propuesta. El aire extraño que se respira en los Estados Unidos no permite descartar nada en este momento. La paradoja la ilustran algunos sectores del propio Partido Republicano que, a esta hora, oscilan todavía entre la abstención y el voto a Hillary Clinton, candidata de su gran rival histórico, el Partido Demócrata. Para ellos, cualquier cosa con tal de no tener que apoyar al final a su propio candidato. Lo nunca visto. Pedro García. Sant Feliu de Guíxols (Gerona)


El término medio

En España tenemos un serio problema a la hora de encontrar el término medio. Del hidalgo que esparcía migajas por su barba para aparentar haber comido, o dejaba asomar una pata separada del resto de un ave por debajo de su capa para aparentar que iba a comer, al golfante que es capaz de lucrarse a costa de todo o de todos, hay un viaje desde el exceso de culto al honor, al más absoluto desprecio por él. Ahora resulta que quien se enriquece con la estafa o el soborno es un «artista» o un «tío hábil», mientras que en el siglo XVII «todo un señor» podía pasar las noches en vela de puro hambre con tal de no dar palo al agua y poder presumir de una conducta moralmente irreprochable. Y digo yo que ni tan calvo ni con tres pelucas, ya que por el camino debe de haber un término medio que le permita a uno vivir decorosamente, y hasta tener de honor su justa medida, sin ser esclavo de vanos prejuicios o autor de provechosas vilezas. Serafín Alcázar Cuesta. La Solana (Ciudad Real)