Portugal

EL BLOC DEL CARTERO

País vecino, país hermano, ¿otro país? La pregunta vuelve a hacérsela esta semana una lectora, y no es la primera. A lo largo de los años hemos recibido cartas similares, conectando con esa vieja corriente del iberismo. La cuestión es que en este siglo XXI de la globalización imparable, y en esta UE que no termina de cuajar como entidad supranacional, la vieja idea de reconocer en la forma de un solo Estado la unidad natural, histórica y cultural de la península Ibérica adquiere nuevos alicientes. Imagínese un país de casi 60 millones de habitantes, desarrollado, en una posición geoestratégica crucial y creador de dos lenguas nativas para 750 millones de personas. Menudo potencial, si se supiera sacarle partido. ¿Utópico o demasiado bueno para lograrlo?


La carta de la semana

Enzo y Quique

Quique tiene catorce meses y ha comenzado ya a caminar solo. Despacito y todavía titubeando, reconoce cada centímetro del patio, cada esquina de la casa de su abuela, mientras aprende y repite todas las palabras nuevas que oye. Los animales, colores o números son eternos mientras los mira. Enzo tiene dos años y medio. Cada acto cotidiano es un juego y una aventura. Un viaje en autobús, una tarde en la playa o la espera por subir a una atracción de feria y convertirse en conductor por tres minutos pueden ser las experiencias más intensas de la vida. Quique y Enzo son el futuro. Un futuro que tenemos atrapado en la incertidumbre. Hipotecado entre la precariedad, el desempleo y carreras profesionales que nos impiden compartir y disfrutar la vida, más allá de retos laborales, muchas veces sin signifi cado. Atrapados en las soledades, donde el otro siempre es desconocido, donde no tenemos lugar para nuevas palabras, nuevos rostros y donde los silencios y la incomprensión nos impiden dialogar en el presente. Atrapados sin ser capaces de encontrar la salida del laberinto. Quique sonríe y señala con un dedo mi teléfono mientras le enseño una foto de Enzo en la playa. Enzo y Quique son el futuro. Si los dejamos. Roberto Porras de Ariiba (Asturias) 

Por qué la he premiado… Por esa mirada sobre los más pequeños que nos impone la responsabilidad del largo plazo, del que ya nadie se ocupa


A continuación el resto de las cartas de la semana.

La primera de todas

Resulta frustrante, como pasajero del siglo XXI en su segunda década nada menos, el leer que más allá de la noticia del nombramiento de Hillary Clinton como candidata demócrata a la presidencia de los Estados Unidos, se esconde el rubor internacional de que sea la primera mujer de la historia norteamericana en lograrlo. El atraso en que se halla sumido el género femenino a estas alturas de la evolución humana es para reflexionar. A los que no les convenza, que los habrá, imagínense por un momento al candidato republicano con las llaves de la soberanía armamentística de nada menos que el imperio de la ley. Esto de las mujeres en el poder ha llegado para quedarse. ¿O prefi eren contarles a sus hijas que vivimos en un país donde una mujer ha de trabajar 79 días más al año que un hombre por la misma retribución? El retraso es mayúsculo. Hillary Clinton puede ser la primera, pero como dijo en su mitin de presentación, mañana puede serlo cada una de vosotras. Ojalá sea para la Historia la primera de todas. Óscar Camiño Santos (La Coruña)


La corriente del uso

Los valores que más me atraen de las personas no son en la sociedad actual frecuentes. La educación es el primero de ellos. Me refi ero a una educación universal, reforzada, mejor aún, por una instrucción determinada, que dé como resultado la igualdad de todos los seres humanos. La sensibilidad es otro. Esta sería aquella condición con la que se logra llegar a los detalles dignos de emocionarnos; la capacidad de conmoverse ante hechos señalados y surgidos en exclusiva para nosotros, los animales racionales. Por último, y esta es la característica de la que más noto su ausencia en el mundo actual, la independencia de pensamiento… No abundan quienes por sí mismos hayan llegado a valorar ideas que no están en boga, quienes ven cómo las gentes se dejan llevar por «la corriente del uso» a la que aludía Cervantes en el prólogo de su obra cumbre. «Abandonáis la naturaleza y tomáis como referencia al pueblo, el cual no hace sino extraviaros», escribió, unos siglos atrás, el insigne Cicerón. Ángel Sáez de Ugarte Pangua 


Vacaciones

Cierro la puerta de casa y, como siempre (aunque salga solo un momento), pienso si habré dejado todo en orden: agua, luz, gas… creo que sí. Pulso el botón del ascensor y me doy cuenta de que para difi cultades, las de nuestros políticos, cuando se vayan de vacaciones. No puedo ni imaginar su preocupación por si han dejado algo importante por arreglar, alguna ley que no debería esperar hasta septiembre, algún impuesto sin aprobar, ayudas a familias necesitadas, cuántas preocupaciones y que mal pagado su trabajo… Encima este año igual se quedan sin vacaciones. Pobres. He oído que alguno de ellos solo ha podido disfrutar de ellas gracias a que se las ha pagado un amigo contratista. Mientras subo al ascensor pienso que podría darles algún consejo. Les diría que no tuvieran remordimientos por distraer algunos millones, que durante las vacaciones piensen en la manera de empeorar la sanidad, la enseñanza, los derechos laborales, las pensiones, etc. Eso da votos. Recuerdo haberle prometido a mi mujer que iríamos a cenar el primer día de vacaciones, pero con mi sueldo y con lo largo que es agosto, no sé yo… Jesús María Perosanz (Guipúzcoa)


Iberismo

Un estudio del prestigioso Instituto Elcano ha revelado que 8 de cada 10 portugueses desearían la unión política con nuestro país. Nos consideran su mejor aliado en la UE a la vez que creen tener intereses comunes con nosotros, pasando por alto aspectos tan importantes como la corrupción interna y la cuestión de independencia catalana. Cierto es que ambos países vecinos han participado de una historia, a veces común, otras paralela, con una evolución coherente y diferente al resto de los países europeos. Y es que –sin tener nada que ver el reciente relevo de campeones de la Eurocopa de fútbol– la tendencia de carácter político del iberismo de integrar Portugal en un todo peninsular procede del siglo XIX, donde gozó de un gran predicamento. Paloma Azón Ramos (Zaragoza)


La jarana del verano

Entre las muchas manifestaciones reveladoras de la llegada del verano hay una que me conmueve de manera especial. Es como si de pronto todos los bebés se pusieran de acuerdo para actuar al unísono. Y así, en cuanto empieza a apretar la calorina, prescinden de las zapatillas y se lanzan a la calle con los pies desnudos. Uno va por la calle y asiste a una continua fi esta de diminutos pies, suaves, tiernos y perfectos, asomando por los cochecitos. Aunque a veces ni siquiera alcances a ver sus caras, todos ellos se entregan con frenesí a esa graciosa danza ejecutada en anárquica coreografía. Es una delicia contemplar cómo sus piernas se agitan en el aire y participan de ese espontáneo fl ashmob que les ha convocado. Es, aunque silenciosa, la gran y gozosa jarana del verano. Mikel Loyola Eguileor (Bilbao)


El silencio del Papa en Auschwitz

Estremece la fi gura del Papa Francisco caminando con decisión, pero contenido, hacia el letrero en que se lee «El trabajo os hará libres» en la entrada al campo de exterminio nazi de Auschwitz. Con su silencio quiso escuchar las voces de las más de 1.100.000 personas allí asesinadas entre 1940 y 1945. Caminó encorvado, compungido, con el peso a la espalda de los sueños truncados, las vidas deshechas, las familias rotas, los niños huérfanos y la muerte de miles de inocentes. Y durante dos horas recorrió tres eternos kilómetros hasta el vecino campo de Birkenau, donde se produjo la ‘solución final’. Allí, las cámaras de gas negaban la palabra a quienes tanto nos podrían haber dicho. Y allí es donde decidió seguir en silencio Donde pergeñó su breve discurso a los jóvenes, y donde pensó que el mejor homenaje era denunciar que «hoy, en tantos lugares del mundo, continúa sucediendo lo mismo». Quizá pensaba en París, Niza, Bruselas, Estambul, Orlando… A partir de ahí, de nuevo el silencio. Pues lo trascendente que tenía que decir, quedó dicho. Luis Alberto Rodríguez (León)


Desnudos

Todo cuanto sea inusual, llamativo y rompedor de costumbres, si además tiene el marchamo de “progre”, es pronto aceptado por políticos libres de prejuicios, bien sea como protesta o pretexto de alguna rara causa, reivindicación de derechos, entretenimiento o exhibicionismo de cara a los ciudadanos. Hay quienes creen que, con estos gestos públicos y púbicos, ya se ha alcanzado el culmen de auténtica liberación personal-social y que ya se está en vías del logro del tan cacareado ‘progresismo’. No comparto tal optimismo. No es liberación personal el simple acto de despojarse de ropa y de cuanto uno lleva encima. Eso es ‘regresismo’ a la Edad de Piedra y de las cavernas. Me atrevería a proponer, para avanzar más en auténtico progreso, organizar carreras de desnudos y a cuatro patas. Este sí sería el máximo progreso al que podría aspirar el homooeconomicus de nuestro tiempo. Vivir para ver. Miguel Rivilla San Martín (Madrid)