Estadísticas

EL BLOC DEL CARTERO

Protesta un lector por la falta de verificación del dato aportado en la carta de otro lector, que afirmaba que una mujer debía trabajar en España 79 días más que un hombre por la misma retribución. El dato, naturalmente, no puede entenderse en sentido literal: surge por extrapolación del dato de brecha salarial entre sexos, haciendo la regla de tres correspondiente. Y no es inventado: está tomado de un estudio presentado recientemente por el sindicato UGT. Podrá discutirse su metodología, pero no sin examinarla antes. Lo mismo cabe decir, por cierto, de los estudios ministeriales aducidos para refutarlo. Debemos aprender a valorar las estadísticas, que jamás representan verdades directas e irrefutables: tan solo marcan tendencias. Y algunas tendencias no son como para enorgullecernos.


 

La carta de la semana

El entrenador de Marcus Walz

Esta ha sido una Olimpiada en la que la participación de las mujeres ha destacado. Pero no nos engañemos: ellas y ellos han luchado por su deporte, por su manera de entender el mundo. Ahora bien, me sorprenden los enfoques de las noticias. Me centraré en nuestras últimas ganadoras de un oro olímpico, Carolina Marín y Ruth Beitia (aunque no se me va de la cabeza la imagen de Maialen Chourraut abrazando a su hija). En fin, Carolina y Ruth, con Rivas y Torralbo, aupándolas desde su condición de entrenadores, han sobrepasado cualquier índice de periodismo subjetivo. Y es que su nombre de pila va ligado al apellido de un entrenador que se ha dejado la piel por ellas, como cualquier otro del mundo, y gracias a su apoyo, a que han sabido calmarlas de sus histerias, ellas han logrado la cima olímpica. Porque ellas, pese a su palmarés intachable, son menores de edad para ganar el oro, un oro que se parte para que unos lectores ávidos de testosterona celebren una victoria mixta… En fin, lo siento por ti, Ekaitz Saies, no tuviste la suerte de entrenar a una mujer. Solo así hubieses conseguido colocar tu nombre en un titular junto al de tu tutelado (Marcus Walz, por cierto). Esmeralda Ayape Zaratiegui. Pamplona (Navarra)

Por qué la he premiado…
Por poner el ojo en una de esas cosas que, querámoslo o no, todavía nos retratan, y no de manera favorecedora.


 

 

A continuación el resto de las cartas de la semana.

Dos llamadas

Te llegan varios mensajes de tu hijo adolescente: «Mamá, que me han robado la bici». «Han cortado el candado», acompañados de la foto en que aparece su mano sujetando el candado partido en dos. Quedáis y vais a denunciarlo a la Policía Foral. En menos de 24 horas recibes una llamada. ¡Han recuperado la bici! «Podéis pasar a recogerla». Una llamada que te llena de alegría, admiración y agradecimiento por la eficacia de la Policía Foral. La alegría, sin embargo, va cambiando según conoces más de la situación. El autor del robo es un chico de 16 años (¡como tu hijo!, piensas), que lleva meses en España y del que su madre «no puede hacer carrera». El chaval está ahí. Y esa señora que estaba esperando y ahora va acompañada de un policía debe de ser su madre. No has podido verle bien, pero te pones a pensar en que ella también ha recibido una llamada esta misma tarde. Para ti ha sido de alegría, y para ella, como un puñal: «Venga por comisaría: hemos detenido a su hijo por robar una bicicleta». Tu alegría se contagia del dolor de esa madre, de esa impotencia mezclada de vergüenza, soledad y desesperación. Dos llamadas en una misma tarde de domingo. Susana Aragón Fernández (Pamplona)


 

La próxima la pago yo

Iñaki sale con su mujer de la fábrica de herramientas en la que trabajan a las afueras de Vitoria y se toman una caña antes de irse para casa. El trabajo está bien: 40 horas a la semana y un salario que les permite pagar la hipoteca y plantearse ir a por el primer hijo. A Iñaki le gustó el detalle que tuvo el jefe en Navidad con todos los empleados. Les regaló un conjunto de los mejores destornilladores que fabrican: cushion grip con varilla al cromo vanadio. Le gustó porque tiene destornillador para toda la vida y, sobre todo, porque no escatimó el aguinaldo cuando un mes antes había invertido 75.000 euros para pasar la auditoría de seguridad: reforzó la resistencia al fuego de la estructura de la nave principal y renovó los EPI de todos los trabajadores: guantes, gafas de protección y auriculares para el ruido del taller. Yo hoy he vuelto a equivocarme. Intento atornillar la bisagra de la puerta y el destornillador, comprado en el todo a cien de enfrente, se ha retorcido dejando el tornillo en el mismo lugar. Acabo de tirar otros tres euros. Porque la diferencia de precio entre el cushion grip y el made in China se debe a su deficiente calidad y a que el “Iñaki” del país oriental no tiene ni el tiempo ni el dinero para tomarse una caña, o lo que tomen allí. Recemos para que una chispa no provoque un desastre en la nave del Lejano Oriente. Hoy, me lo prometo de nuevo: no volveré a equivocarme. Y las cañas de mañana, Iñaki, las pago yo. Luis Subías. Correo electrónico


 

¿Alguien verifica la veracidad?

No van a publicar esta carta. Soy consciente. Va en contra de lo políticamente correcto. Leo en el XLSemanal 1503 que Oscar Camiño Santos (La Coruña) afirma que en España una mujer debe trabajar 79 días más al año que un hombre por la misma retribución. Ojo, no pone horas, pone días. Y me pregunto: ¿alguien verifica la veracidad de semejantes datos antes de publicarlos? ¿No tiene quien edita estos datos una responsabilidad con la sociedad que los lee? Busco información. Concretamente, un estudio del Ministerio de Trabajo e Inmigración sobre la incorporación de la mujer al mercado laboral, su evolución basándose en su nivel profesional y en la geografía. Claramente, la evolución en España es muy positiva, lo que me lleva a decir que la afirmación de Oscar Camiño Santos es falsa. Un ejemplo. En una empresa de resinas químicas situada en la provincia de Huesca, en la oficina trabajan tres mujeres, con retribuciones superiores a colegas masculinos de esa y otras comunidades autónomas. ¿No será entonces, quizá, que la estadística se descuadre por otros empleos, de menor cualificación, en otras empresas o comunidades? Luis Enrique Muñoz de la Hoz. (Amorebieta-Etxano)


 

Es tan sencillo sonreír

Un centro comercial cualquiera por la tarde. A cuatro metros de nosotros la vi. Sola, quizá esperando a alguien. Tendría unos 50 años y su atuendo, totalmente árabe, no me resultó extraño: en Málaga viven muchos árabes y es normal encontrárselos. Vi que comenzaba a sonreírme ampliamente, lo que me llamó la atención. A mí aún me cuesta bastante sonreír, debido a un trastorno de ansiedad por el que estoy pasando, pero hice un esfuerzo y le devolví la sonrisa, todo lo enorme que pude. Me pregunté qué la había llevado a sonreírme de esa manera tan agradable. Yo le hubiera devuelto la sonrisa de todas maneras, pero quizá también me acordé de mi nieta, una preciosa e inteligente niña hispanomarroquí que nos tiene robado el corazón. Es tan sencillo sonreír a cualquier persona… pero no lo hacemos nunca, quizá por vergüenza, por timidez o porque no es “normal” sonreír a un desconocido. Di por muy bueno el esfuerzo que hice para sonreírle desde mi ansiedad. ¿Quizá ella lo adivinó? ¿Quizá ella quiso darme fuerzas? Rosa María Ruiz Cuenca (Málaga)


 

Soy de la EGB

Cinco de la tarde, salíamos como un rayo del colegio, mochila a cuestas y, en menos de una hora, en casa. Antes de salir a la calle, mi madre me decía que hiciera los deberes y así «ya estaba descuidado» para el día siguiente, trozo de pan con chocolate y pies para correr. Se iba de puerta en puerta llamando al resto de la tribu. Hoy se necesita el móvil para localizar a tus amigos virtuales: nos ha convertido en seres impacientes cuando envías un WhatsApp y ves que lo reciben, lo leen y no contestan. Esta generación no se lleva bien con la incertidumbre ni con la espera, y cualquier retraso en la respuesta de sus deseos se convierte en una tortura que comienza exigiendo luego explicaciones.
Rogelio Guillamón Candel. Correo electrónico.


 

Prevención y mano dura

La clase política española no acaba de entender que una democracia que no es firme con el delito reincidente es otra dictadura. El buenismo institucional lo pagamos todos. Hablo de los incendios intencionados de cada año, de lo barato que les sale a estos terroristas ecológicos la gracia. En 2015, solo 8 -de 350 detenidos- acabaron en prisión. Al enorme daño medioambiental con toneladas de CO2 lanzadas a la atmósfera se une la pérdida de masa forestal, recursos naturales y no pocas viviendas calcinadas. Hay que pedir una mayor responsabilidad civil y penal a sus autores. (Por supuesto, ningún responsable político tiene la culpa de nada…). También se debería limpiar el monte, y eso corresponde a la Administración y a los vecinos. Prevención, eficacia y mano dura. Luis C. Núñez Gómez. (Valladolid)


 

El verdadero verano

Este verano, mi madre tiene mucho trabajo y por eso estas semanas se levanta a las seis de la mañana. No podemos irnos de “vacaciones”. Pero yo estoy contenta y no me importa. La ayudo en su trabajo, hablo con ella; también estoy con papá, con mi hermano y con mis abuelos. Por la tarde, cuando ya no hay tanto trabajo, voy a la playa con mi abuelo o juego al bádminton. Y así paso el verano, mi verano verdadero. Helena Ballesteros Sineiro. Pontevedra