Conectar

EL BLOC DEL CARTERO

Muy pertinente la distinción que nos propone esta semana uno de nuestros lectores entre los conceptos de conexión y comunicación. Pueden parecer afines, pero entre ellos casi media un abismo. La comunicación presupone comprensión e inteligencia en el emisor, pero también en el receptor. La conexión, en cambio, puede producirse entre el emisor más estólido y el receptor más obtuso: basta con que sus respectivos nodos estén enlazados por una red, del tipo que sea. La suplantación del fenómeno de la comunicación por el de la conexión es maravillosa para esas empresas que han aprendido a “monetizar” el enlace entre nodos y que todos tenemos en mente. Para el resto de la humanidad tiene tantas sombras como luces. Y en lo que toca a la hondura y la sutileza, ah, cuánto hemos perdido.


 

La carta de la semana

La feliz vuelta al cole.

«¡Voy a llegar antes y a aprender más que túúú!», le retaba un niño a otro al salir del coche de sus padres corriendo a clase. Me sorprendió su inocente competición e ilusión por aprender. Niños con la mirada brillante y feliz. Hay dos días en el año que relucen más que el sol en los ojos de los niños: la noche de Reyes y el día de la vuelta al cole. Compensan la tristeza de los miles de niños abandonados, maltratados, refugiados o muertos por las guerras. Los maestros saben que los niños son siempre iguales, ni mejores ni peores que otras generaciones. Saben que en ellos hay esperanza. Quieren aprender y dialogar, convivir y jugar al juego de la vida. Somos los mayores quienes no comprendemos. Recuerdo mi recibimiento a un nervioso niño con su madre en un primer día de colegio. «Y tú, ¿cómo te llamas?», le pregunté tendiéndole la mano. «Fran», me contestó. Mi memoria no lo situaba en las listas. Miré de reojo a la sonriente madre en busca de auxilio, pero nada. Estaba en éxtasis mirando a su retoño. Le dije: «¡Hombre, Fran! ¿Fran… qué más?». «Cisco», me contestó. Si probamos a ponemos a la altura de los niños y de las ilusiones de sus madres, todo irá bien. Y este mundo mientras tanto será mejor. Adrianey Arana (La Coruña)

Por qué la he premiado…
Porque es verdad: tenemos tanto que aprender de ellos…


 

A continuación el resto de las cartas de la semana.

Sr. Holocausto

Después de haber leído el artículo de Efraim Zuroff, el cazanazis, en XLSemanal 1504, saco una conclusión, y es la falta de caridad y un revanchismo anticristiano total. Comprendo que los familiares de los judíos masacrados por los nazis no puedan olvidar. Yo he visitado Auschwitz y Birkenau, y no soy capaz de describir lo que sentí. Imposible olvidar. Pero todo pasó hace ya 70 años, y la mayoría de los asesinos han muerto y los que viven, aunque se diga que no se arrepienten, eso estará por ver. Seguro que su vida está marcada por sus recuerdos. Y con tantas películas sobre el Holocausto, olvidarlo les será imposible. Así que por caridad, en este Año de la Misericordia, tratemos de perdonarlos y pedirle a Dios que tengan un arrepentimiento sincero; y nosotros rezar para que así sea, y que jamás vuelva a ocurrir algo similar. Charo Zarazaga del Castillo. Correo electrónico


¿Se mueve Europa?

En Ventotene se reunieron Merkel, Hollande y Renzi. Dice Renzi que se trata de los tres grandes de la Unión Europea (UE). A falta de Gran Bretaña, los países más poblados de la UE preparan la Cumbre de Bratislava del 16 de septiembre. Después, la reunión de Atenas, el 9, los países del Sur con Francia incluida. Bienvenidas sean las cumbres y las minicumbres si en ellas se discute seriamente sobre una Europa sin Gran Bretaña, el futuro de los jóvenes, la seguridad y el crecimiento económico. Sin embargo, la agenda europea debe incluir otras cuestiones. En esta ocasión ha sido Angela Merkel quien sigue empeñada en que Europa ponga en su agenda el desafío de la cooperación y la crisis migratoria. Los problemas de Europa no son solo internos: en este mundo globalizado, lo local y lo global ya no pueden disociarse. Si lo local permite tener los pies en el suelo, lo global corrige la mezquindad. Juan García (Cáceres)


 

La culpa es de los Pokémon

Leo sin sorpresa otra carta de queja. Lo respeto y, en parte, lo entiendo. Soy joven y estudiante, y mis padres también pensaban al principio lo mismo. Quizá quienes critican este videojuego prefieren que los jóvenes salgamos de fiesta y nos emborrachemos en un parque. O que nos pasemos el día viendo la televisión o derrochando el dinero. O piensan que la culpa de los accidentes de coche es del juego en concreto, no de quien conduce, por irresponsable. O quizá ignoren todas las ayudas a asociaciones de niños hospitalizados, las rutas turísticas en torno a las paradas del juego o el apoyo a protectoras de animales para pasear mientras se juega, así como los puestos de trabajo creados. O quizá no entienden que Pokémon Go es solo una afición, compatible con una vida social saludable y con el trabajo o estudios. Pero la culpa de todo es de los Pokémon. Espero de corazón que la joven que debió irse de España para estudiar y trabajar tenga un futuro brillante y que, en el camino, se lo pase bien capturando criaturas. Pablo Sánchez. Correo electrónico


 

Comunicar vs. conectar

Se dice que las redes sociales favorecen una mayor y mejor comunicación entre las personas, comentario que parte del error de confundir “comunicar” con “conectar”. Comunicarse es algo atribuible a seres inteligentes capaces de interactuar en función de un diálogo que subyace a la comunicación. Un diálogo fruto de la inteligencia emocional que se le presupone al ser humano, permitiendo incluso ser capaces, razonablemente, de llegar a acuerdos. Conectar, en cambio, es establecer una continuidad física y lógica mediante algoritmos preestablecidos que son invariables y que caracterizan el típico funcionamiento de las máquinas. Hay veces que en las redes sociales el nivel cualitativo del diálogo, ese que presupone un acto de habla y de escucha, es de tan dudosa calidad cognitiva y de tan baja sustantividad que lo que allí “ocurre” está a un nivel de pura “conexión” y muy lejos de un nivel legible de “comunicación”. Sería triste a estas alturas seguir dándole a McLuhan la razón en aquello de: «El medio es el mensaje». Horacio Torvisco. Alcobendas (Madrid)


 

Marruecos, un islam más espiritual

En Marruecos, para presentar el islam como una religión tolerante que respeta otras creencias, de acuerdo con la reforma constitucional introducida a raíz de la Primavera Árabe hace cinco años, ha sido el propio rey Mohamed VI quien ha dado instrucciones para que desaparezcan de la enseñanza escolar las representaciones sexistas, racistas y extremistas que, hasta hoy, se han considerado normales en la cultura islámica. Durante meses, una comisión de expertos se ha dedicado a elaborar un proyecto de ley cuyo fondo es hacer una interpretación más espiritual de los versículos coránicos que dan lugar a equívocos como los que han llevado a la locura asesina del ISIS. Hace ya tiempo que el monarca alauí decidió expulsar a los predicadores extremistas llegados de otros países. Ahora se pretende dar un paso más profundo que afectará a más de siete millones de alumnos. Pedro García. Sant Feliu de Guíxols (Gerona)


 

La mesa grande

Solo estaban los platos y cubiertos en el lugar de la mesa que solía ocupar, pero su presencia se intuía… Víctima de un cáncer, decidió en su día abandonar el hospital y morir en su casa. En su último viaje en coche, mientras yo conducía, me dio una lección de valentía y dignidad ante su muerte. Lo que decía, pero sobre todo lo que callaba, me hacía un nudo en la garganta que se me reproduce siempre que lo recuerdo. Murió en 2003 y desde entonces no habíamos vuelto a utilizar la mesa grande del salón para las comidas familiares; nos bastaba la de la cocina. Pero la vida no se detiene por nada ni por nadie. Nuevas incorporaciones a la familia (novios, nietos…) han vuelto a hacer necesaria la mesa grande del salón. Quizá nos acordamos más de las personas que queremos cuando se van. A mí me pasa. También a uno de mis hermanos: puso los cubiertos en la cabecera de la mesa huérfana y cuando nos sentamos a comer, todos miramos hacia allí. Mi otro hermano puso un trozo de pan en su plato vacío. Mi padre se hacía presente por momentos y nos acompañó todo el día. Nadie se muere del todo mientras alguien le recuerde. Antonio A. Fraga Sánchez (La Coruña)


 

¿Debería quedarme en casa?

Hace unos días volvía caminando de una cena y, saliendo del metro, vi cómo un hombre se me acercaba haciendo algún gesto desconcertante. Iba bien vestido y su aspecto era cuidado, nada que hiciera saltar las alarmas. No me percaté de su estado de embriaguez hasta que estuvo cerca. El pulso se me aceleró y la cara me empezó a arder. A mis 24 años sé los peligros que enfrenta una chica sola caminando por la noche en la ciudad. Sin embargo, ¿debía haberme quedado en casa? Mis manos temblorosas acertaron a abrir el portal de casa antes de que el susodicho lograra alcanzarme. Mañana volveré a salir, a disfrutar y a llegar a mi casa a la hora que me venga en gana. La pena es que deba que hacerlo con ese miedo que pocos comprenden y muchas sufren, que te hace mirar a tus espaldas, por eso de ser una chica caminando por la calle a “esas horas”. Elvira Rodríguez (Madrid)
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