Hartazgo

EL BLOC DEL CARTERO

Varios de nuestros lectores ponen de relieve el cansancio, rayano en el hartazgo y hasta en la desesperación, con que la ciudadanía asiste a la impotencia de quienes ostentan la representación pública para proponer un proyecto o un relato (o lo que sea) apasionante, ambicioso o simplemente viable. Puedo asegurar que hay muchas más cartas de las seleccionadas, y que las escogidas no son las más duras. Algo se está poniendo a prueba más allá de lo que aconseja la prudencia, y aun la dignidad de quienes todavía tengan alguna aspiración de aparecer como líderes solventes ante quienes los sostienen con su voto. Todos sabemos que en política hay gente que aúna generosidad, competencia y honradez. Lo que cada vez cuesta más entender es por qué son otros, al final, los que marcan el paso y la agenda.


LA CARTA DE LA SEMANA

Ejemplo de servicio

He pasado parte de mis vacaciones en un pueblo de la sierra de Guadalajara. He podido descansar, estar con la familia, pasear por el monte y disfrutar de las fiestas. Lo que más me ha impresionado ha sido la actitud de los políticos locales en dichas fiestas. La música terminaba a las 6 de la madrugada, ¿y quién barría y limpiaba la plaza, escobón en mano, a las 8 de la mañana? El alcalde y los concejales. También compartimos una comida en la plaza que consistió en una paella gigante (riquísima), y ¿quién nos hizo la paella? El alcalde y los concejales junto con vecinos voluntarios. Representantes de distintos partidos trabajando codo con codo y sirviendo al pueblo. Muchas gracias, Mariano, Javi, Amparo, Enrique, Ángel… Siento no saber el nombre de todos. No salís en las noticias, no cobráis ni un euro por vuestro trabajo ni por vuestra dedicación, esfuerzo e ilusión. No tenéis dietas ni coches oficiales. Pero sí clase, espíritu de servicio, generosidad y ganas de trabajar. Sin protagonismos, nos habéis dado una gran lección. Sobre todo, a los jóvenes, que seguirán vuestros pasos en el futuro. Si todos los políticos siguieran vuestro ejemplo, estaríamos mucho mejor y más orgullosos de nuestra clase política. María Victoria Almansa López (Madrid)

Por qué la he premiado…
Por ofrecernos ejemplos y referentes positivos, ahora que tan necesitados andamos, y hallarlos donde menos se cree.


A continuación el resto de las cartas de la semana:

La hipocresía de la inmersión

La consejera catalana de Educación, Meritxell Ruiz, ha declarado que una educación que incluya asignaturas en catalán, español e inglés es un modelo «caduco» y ha defendido la inmersión solo en catalán. Resulta sorprendente que en los colegios privados de élite de Barcelona, donde estudian los hijos de empresarios y líderes políticos, se aplique este modelo trilingüe tan pésimo. ¿Cómo explica la consejera que la élite catalana elija para sus hijos un sistema educativo obsoleto mientras la enseñanza solo en catalán nos la dejan a los demás? Seamos claros. en Cataluña existe una enorme hipocresía sobre la inmersión que roza el clasismo. A los padres que no podemos pagar mil euros al mes por un colegio trilingüe nos imponen el modelo «exitosísimo» de la inmersión, mientras la clase dirigente es muy modesta y prefiere un modelo «caduco» para sus hijos. Curioso. María Sánchez Reyes. Barcelona


Heridas sin curar

Me causó un gran dolor enterarme de que, cuando viene al pueblo, no sale de casa. no quiere saber nada de este lugar que lo vio nacer y crecer. Y todo por haberse sentido ‘machacado’ por compañeros crueles que nunca aceptaron su diferencia y esta solo les ofrecía una buena oportunidad para la diversión y la burla. Me causó un gran dolor porque también fue alumno mío. En mis años de colegio tenía yo un compañero que por su extrema delgadez era la diana perfecta para los amantes del menosprecio. Al celebrar los 25 años de nuestra despedida, él no estuvo y lo entiendo. Quizá aquel chico hoy hubiera sido atendido de otra forma y aquellos que lo pisoteaban habrían sido corregidos de su terrible error. He comenzado ya un nuevo curso y recuerdo cada día a ese muchacho que no es capaz de salir de su casa o a aquel que desgraciadamente se liberó al despedirse de nosotros. Esas heridas tampoco a mí se me han curado. Antonio José García Gómez. Villafranca de los Barros (Badajoz)


Cada vez me gusta menos el tenis

Aunque Rafa Nadal haya dado una lección de esfuerzo ganando una medalla de oro en dobles y luchando por el bronce hasta la extenuación, cada vez me deprime más el tenis. Cuando la genialidad se ausenta, un partido de tenis viene a ser como un debate de investidura para presidente de Gobierno. Tú le pegas fuerte a la bola para intentar sacarme fuera de la pista, yo le pego más fuerte aún; tú me tiras un passing shot de corrupción y yo te devuelvo otro igual o más largo; tú me haces una dejada de ineptitud a la hora de acabar con el paro, y yo te devuelvo más desempleos… En esto estamos, en dar y devolver sin que ninguno de los contendientes cambie el sistema de juego para ganar el partido, y eso nos lleva a unos inacabables juegos y sets, con muchos deuce que se hacen eternos. ¡Casi un año de partido ya! Llegará el momento en el que el pueblo se siente en el banco, ese alto que hay en las pistas de tenis, y diga. «¡Nooo!». Y entonces… al maestro armero. José Manuel Bou Aguilar. Sanlúcar la Mayor (Sevilla)


La sonrisa de Jaime

¿Qué tiene la sonrisa de Jaime, esa persona que aún no ha llegado a celebrar cuatro cumpleaños, y que en infantil trueque, te cambia besos por chocolate? Ríe con los ojos, y su mirada transmite luz y vida, es limpia y cristalina. Reflejo de una mente donde todos sus pensamientos son estreno entre juegos y nuevas experiencias, que aún no ha tenido tiempo ni de tener memoria. Cuando ríe, su risa es un derroche desbordado, una mezcla perfecta de alegrías, por la que vislumbramos que existe la felicidad. Es una sonrisa blanca, coloreada por la simpatía de un arcoíris completo. Es auténtica y verdad, ni una insinuación de interés, no sabe que existe la hipocresía. Es espontánea e inesperada, total y plena; cuando te alcanza, fulmina la tristeza, el desánimo. Quizá porque ese instante mágico en el que Jaime ríe expresa un sentimiento tan limpio y puro que nos transporta a esa época infantil, en la que como él no teníamos pasado ni memoria, como dice la canción: «El alma sin medias suelas». Francisco Javier Sánchez González. Correo electrónico


Nuestro patrimonio

Estimado alcalde de Ficticio y, por extensión, a todos los alcaldes con costa en su municipio. Es muy lícito que, para atraer el turismo, utilice los recursos naturales que los ciudadanos le hemos prestado por cuatro años para que cuide y gestione, intentando así mejorar la economía de su ayuntamiento. Que señalice rutas, ponga bancos en balconadas naturales, ilustre folletos para darse a conocer, perdón, darlo a conocer, y que por los nuevos viales abiertos miles de desaprensivos accedan cómodamente hasta la misma orilla del mar. Es lícito. Pero, por favor, utilice una mínima parte de los ingresos conseguidos con estos gratuitos recursos para dejar como estaba nuestro patrimonio natural, eliminar los nuevos vertederos creados, adecentar las nuevas zonas de acampada ilegales y que así podamos descansar los que, aun pagando todo el año los impuestos, recogemos, además, de estos lugares su basura en el verano. Carlos García. San Salvador (Cantabria)


‘Amazing men’

Hace unas semanas, pude cruzar algunas palabras con un militar retirado del ejército británico con 35 años de experiencia. Me contó que compartió noches en vela con los soldados españoles desplegados en Bosnia durante la guerra de los Balcanes. «Amazing men», decía. «Siempre con una sonrisa… amazing men», decía. «Juntos ayudamos a salvar al país y a la gente». Aún los recuerdan por Bosnia. La conversación derivó hacia la realidad política española, la corrupción, el desgaste ciudadano… Me dio por pensar en cómo se recordará en unos lustros a los que ahora se pelean por ser el primero en el ranking de salvar a este país. Los soldados de la democracia con sus armaduras discursivas. Aún se los recordará. Más que a aquellos soldados, seguro. Porque el prisma del recuerdo es caprichoso, y le gusta más el mal que el bien. Me temo que nunca se dirá sobre ellos. «Amazing men, they were». Silvia Nortes Manjavacas. Murcia


El cromo más guay

No importaba el tiempo. ni el de seleccionar los más bonitos, ni el de exhibirlos ante el corro de amigas, ni el de jugarlos a todo o nada… ni el de perder. Porque, aunque todas queríamos el cromo más llamativo, el más delicado, el más grande, sabíamos que cada tarde solo una de nosotras sería la dueña del cromo más guay. Y éramos tan buena gente que nunca reñíamos por ese minúsculo trozo de papel, hasta el punto de que a la amiga que nunca lo ganaba se lo dejábamos unas horas para que también ella -la perdedora- disfrutara a su manera. Y todas tan contentas porque, aun sin saberlo, sabíamos que el bienestar del grupo dependía de la generosidad de cada una. Ahora, las niñas ya no juegan a los cromos. Han recogido el testigo unos adultos infantilizados, acostumbrados a repartirse el botín cada cuatro años, enrabietados porque otros tan irresponsables como ellos ansían arrebatárselo. Por eso no se ríen, no se fían ni se miran. No saben lo que sí los ciudadanos. que ceder no es ser cobarde, aunque se pierda el cromo más guay. Esmeralda Ayape Zaratiegui. Pamplona (Navarra)


 

RECTIFICAR ES DE SABIOS

En el número 1506 de XLSemanal del pasado 4 de septiembre atribuimos La carta de la semana no a su verdadera autora, Ana Costa Pérez, sino, por error, a Esmeralda Ayape Zaratiegui, autora de otra carta que esta vez sí incluimos adecuadamente en esta página.