Digitalizados

EL BLOC DEL CARTERO

Nos guste o no, lo queramos o no, usemos ordenadores o no, ya estamos todos digitalizados. Nuestros datos, nuestras transacciones, nuestra vida toda pasa por máquinas que funcionan solas, programadas por otros, teóricamente para prestarnos servicios y satisfacer nuestras necesidades. De vez en cuando, como nos cuentan dos de las cartas de esta semana, resulta que las máquinas priman las necesidades y los intereses de otros (casualmente, quienes las programaron), o directamente se les desajusta un circuito y enloquecen. No vamos a negar las ventajas del progreso tecnológico, de las que todos disfrutamos. Pero cuando se deja a una máquina sola, o se confía demasiado en quienes la programan, a veces sucede lo que no debería. Ojo con la confianza ciega. Casi nada, casi nadie sabe merecerla.

LA CARTA DE LA SEMANA

Tu bandera

Porque vives en una isla desierta llena de gente, en un triste piso de la espalda de la ciudad. Y miras tu bolsillo con temor, midiendo cada gasto. Y solo te dan las migajas y no puedes remediar que la mirada se te caiga al suelo. Porque intentan exprimirte los que se creen con derecho por haberte obsequiado un puesto temporal y un sueldo miserables. Y estás harto de oír hablar de crisis para explicarlo todo. Porque te has formado con esfuerzo, tiempo y dinero que no había. Y eres de una generación que paga los platos rotos, hijo de tantos padres como yo, orgullosos por demostrar tener lo que hay que tener, luchando por seguir de pie en una guerra cruel para defender la patria de tu dignidad y futuro. Aunque solo oigas mis aplausos en esta noche oscura, no cesaré ni aunque me sangren las manos, para que sientas el eco de tu casa y saques fuerzas de flaqueza. Sé, por mi fe, que tu lucha será recompensada y curarás tus heridas y recuperarás la bandera de la sonrisa que has perdido. Por eso, no temas, sigue peleando. Dios cuida de los suyos. Antonio J. García Gómez. Villafranca de los Barros (Badajoz)

Por qué la he premiado… Por contar esta historia amarga que no es sino la de nuestro futuro, desde donde va para bien y mal a construirse.


A continuación el resto de cartas de la semana.

Viriato

Recuerdo que en mis lejanos años escolares, cuando Wert era una lejana distopía, nos enseñaban Historia. Uno de los pasajes preferidos era la vida de Viriato. Nos tenía subyugados. Era un pastor ‘de base’ que, ante las humillantes derrotas de su pueblo ante el arrollador avance de las legiones romanas, se erigió en líder de los lusitanos. Resulta curioso, dada la época, que en este pueblo el caudillaje era de carácter electivo. Entre los años 147 y 139 a. C., Viriato marcó una serie de líneas rojas a los imperiales causándoles sucesivas derrotas a prestigiosos generales, a los que repetía una y otra vez que «no es no». Fue el cónsul Quinto Servilio Cepión el que consiguió, mediante sobornos, acabar con la resistencia del lusitano. Con nocturnidad y alevosía, sus ‘baroniles’ capitanes, al amparo de sus espadas, decapitaron al bravo caudillo. Cuando acudieron, sumisos, a presencia del cónsul en funciones portando la cabeza en un saco de abstención, con intención de cobrar la recompensa, la respuesta fue la conocida frase que pasó a la historia. «Génova no paga a traidores». Cien años después, Cicerón nos dejaría una frase lapidaria. «El pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla». Leonardo Martínez Expósito (Zaragoza)


 Mi robot de transporte

Mi coche, un anquilosado término para definir al vehículo cargado de electrónica autogestionada que me lleva a diario, se transformó en un ladrillo sin control regresando del trabajo anoche. La diosa Fortuna evitó que me estrellara contra los árboles laterales de la carretera. De haberme incrustado en ellos, alcohol o somnolencia hubieran sido las conclusiones del accidente. Nunca se hubiera diagnosticado el «fallo de mecanotrónica» del robot como el causante de la situación, tal y como lo describieron en el taller oficial de la marca. Y así, tan fríamente, concluyó otro caso, no investigado, de un presunto robot homicida. Hay millones de ellos circulando y en ninguno de sus códigos binarios está la primera ley de Asimov para los robots. «Un robot no puede dañar a un ser humano». Se deberían diseccionar a fondo estos circuitos con ‘fallos mecanotrónicos’ o añadirles una caja negra que registre sus decisiones, en lugar de desguazarlos sin más. Queda demostrado que también se equivocan, incluso sin ser humanos. Felip Vidiella (Correo electrónico)


 Riesgos en Internet

Según el INE, el 90,6 por ciento de los niños de 10 años utiliza Internet y más de la mitad de la población de 11 años dispone de móvil, con los riesgos que ello conlleva. Ha salido a la luz que Google reclamaba más de 100.000 euros a los padres de un menor de 12 años que, seducido por la idea de ser youtuber y con la ayuda de un amigo 3 años mayor que él, acabó contratando por error los servicios de publicidad de la multinacional para promocionar la página creada entre ambos. Albergando la esperanza de llegar a contar con un ejército de suscriptores, acabaron generando un gran lío con abogado de por medio. Aunque la iniciativa de los chicos, el desconocimiento de los padres y la responsabilidad de la confusión no sean atribuibles a la compañía, parece que la sencillez del trámite para realizar la contratación del servicio da lugar a serios quebraderos de cabeza y problemas económicos, algo que podría minimizarse con más filtros o verificaciones. Alejandro Prieto Orviz (Asturias)


 Musulmanes y libertad religiosa

Se está planteando introducir asignaturas relacionadas con el islam en las clases con mayoría musulmana. Dadas las mil y una interpretaciones que hay ya del Corán, el asunto requiere especial cuidado. El problema no estará en el texto de las asignaturas, sino en la forma de explicarlas y en el tipo y procedencia de profesorado que se contratará. En Francia, Alemania y Gran Bretaña han empezado a aplicar drásticas medidas para vigilar e incluso expulsar a profesores e imanes que predican un islam radical, inspirado en el wahabismo o en el salafismo. Los musulmanes deben gozar de plena libertad religiosa como los demás ciudadanos, en diálogo y respeto al resto de las identidades de una sociedad abierta y plural, que lo es, entre otras cosas, por su larga tradición cristiana. Pedro García (Sant Feliu de Guíxols)


 Oda a un olvido

No me resisto a no citar a los refugiados. Me lo dicta mi conciencia. Son ya muchos días en que todo está olvidado, como pasando de largo, sin quererlo remediar. Ellos aún luchan con el corazón y el alma y son moneda de cambio «pa’ que no molesten más». Quieren un mundo mejor que ese que les van robando. Solo piden eso, qué maldad. Y aún me queda lo peor. A quien les da de comer, se le puede masacrar? Tanto los odiamos? Alguien debiera contestar. Solo pido que respeten a quien los quiere ayudar. Que los gobiernos que pueden no vayan maquillando cuanto pueden esta cruda realidad. Los ignoramos? Son humanos, y lo pueden remediar. Pónganse en su lugar. Tal vez debieran probarlo y, viendo lo que no ven, despierte su humanidad. Roberto Panizo Monasterio. Elgoibar (Guipúzcoa)