Atajos

EL BLOC DEL CARTERO

Coinciden esta semana dos cartas que el azar reúne (o quizá la casualidad no sea tal) para hacernos ver una de las causas de nuestros actuales quebrantos. En una, se denuncia con justa indignación, y sin las incomprensibles excusas que otros le otorgan, el abuso de quienes, desde una opulencia obtenida gracias a la atención generosísima de una sociedad afligida por el empobrecimiento, escurren el bulto a la hora de contribuir como legalmente deben a sostener las finanzas del país que los mima y acoge. En otra, un bombero denuncia que el problema que plantean las plantillas mermadas y envejecidas por los recortes se intenta atajar a golpe de horas extra, comprometiendo seguridad y salud. Quizá lo que nos sobra, desde siempre, son los tomadores de atajos, ese mal endémico de la piel de toro.

LA CARTA DE LA SEMANA

Tristeza animal

XLSemanal número 1517. Artículo. El último orangután. La foto de la página 59 demolió mis defensas. Qué tristeza. Qué miradas en aquellas crías de orangután de Borneo trasladadas en un carretillo para salvarlas de la muerte quizá, pero no de la agonía lenta del ser que ha visto morir a su madre y su hábitat. Antepusieron su beneficio, el cultivo de ‘palmas aceiteras’ al ‘cultivo de la razón’, deforestando lo que nunca se retomará. Y nos indica el notable artículo que consumimos ese aceite de palma y en qué se utiliza, para prevenirnos de su consumo. Dando las gracias, paso las hojas y veo anuncios con cosméticos, que -como indica el artículo- estarán tal vez compuestos con ese aceite. Y viene a mi cabeza de nuevo la foto de las siete crías sobre el carretillo y entiendo sus gestos. no pueden esperar otra cosa del ser humano. Y me indigno. Pero ¿quién soy yo para criticar? ¿Acaso no me olvidaré de ellos en breve y compraré sin mirar que los productos garanticen la sostenibilidad? Pido perdón como humano. Javier M. Elizondo Osés, Pamplona (Navarra)

Por qué la he premiado… Por aceptar la vergüenza en primera persona, eso que tanto nos cuesta, y que tanta falta nos haría, en ocasiones


 

A continuación el resto de cartas de la semana.

No habrá paz para los tramposos

Imagino a Santos Trinidad, el inspector de Policía que interpreta José Coronado en No habrá paz para los malvados, persiguiendo a estos tramposos del fútbol, que pese a ganar una pasta parece que tienen mucha más en paraísos fiscales, evadida de los impuestos no pagados en España. Es necesario que no haya paz para estos tramposos. Deben ser acosados por los inspectores Trinidad hasta que paguen el último euro defraudado. Este dinero, de todos los que pagamos impuestos, sirve para comprar algodón en los hospitales o pagar pensiones a los jubilados y sueldos a los maestros que educan a nuestros hijos. Elías Colom (La Coruña)


 

Profesor Mendoza

Tengo la enorme suerte de haber sido alumna de Eduardo Mendoza. Pronto se ganó la fama de sabio despistado y nos dimos cuenta de que, con él, aquella no iba a ser una asignatura al uso. Recuerdo cuando nos hizo explicar Lo que el viento se llevó, un fragmento de la intrincada trama a cada alumno, tarea imposible que animo a probar aprovechando las reuniones familiares de estos días. O cuando nos hizo describir con profusión de adjetivos una violación y un mercado. su inesperado veredicto fue que aparentemente nos repugnaba más lo segundo que lo primero, de lo que aprendí que hay que saber describir de todo. Otro día perdió su maletín con todas nuestras redacciones y nos las hizo entregar de nuevo. Al confesarle que había escrito la mía en una Olivetti Lettera 42 (en 1992 no había en mi casa ordenador) y que no tenía una copia, me dijo que, sin ordenador, al menos usara papel carbón. Deseé desaparecer de Barcelona. Señor Mendoza, escribo para perdonarle haber perdido mi redacción y para agradecerle aquellas clases en las que nos enseñó a desarrollar el pensamiento crítico en nuestros textos. Por muchos más libros y premios. Lucía Guerrero Romeo (Barcelona)


Compañeros, no dinero

Soy afortunado y, aun así, estoy harto. Tengo 33 años, los últimos 8 los he pasado entre mangueras, herramientas de excarcelación y sirenas. Tras 5 años de duros entrenamientos y largas horas de ingreso en el Cuerpo de Bomberos. Yo no quería ser rico, sí ayudar a los demás. Es muy gratificante que la sociedad te valore y que los niños te admiren, pero por otro lado duele mucho. Tras varios años sin oposiciones a bombero, la plantilla disminuye y envejece. la edad media ronda los 48 años y hay 40 efectivos menos. Ni políticos ni sindicatos atajan el problema, tienen ‘otras causas por las que luchar’. Ahora que el problema es urgente, tratan de poner una tirita en un brazo roto. Ayer me volvieron a llamar para ofrecerme ganar ‘un dinero extra’. «Quiero tener compañeros, no dinero», dije. Es mi seguridad y la de los ciudadanos que pagan mi sueldo lo que está en juego. Un apunte más. 24 horas de servicios extraordinarios ronda los 400 euros netos. Creo que los bomberos debemos estar al servicio de la sociedad y no ser una casta de privilegiados a los que en tiempos de crisis se les sube el sueldo a costa de los recortes que diezman su propio servicio. Cómo no van a doler los elogios de los niños? E. A. Correo electrónico


 

Ceguera voluntaria

La falta de empleo hizo que tuviera que aceptar un trabajo a cualquier precio. Y lo pagó caro. No tenía familia cerca. Tampoco amigos. Vivía en el lugar en el que trabajaba, y apareció muerta en las inundaciones que asolaron Estepona hace unas semanas. Su cadáver flotaba en una habitación en la que estaba sospechosamente encerrada. Tampoco estaba su documentación con ella. En octubre, Carmen Posadas publicó un artículo en esta revista tratando de despertar nuestras adormecidas conciencias ante la trata de mujeres en España. 45.000 mujeres son extorsionadas cada año. Pero toleramos que esto ocurra ante nuestros ojos. Acabo con unas palabras de la propia Posadas en su artículo. « Por qué esa connivencia de las autoridades, de los clientes y de la sociedad en general con los explotadores, con los delincuentes? […]. El oficio más viejo del mundo no es la prostitución […], el realmente ancestral es mirar para otro lado». Javier García Herrería (Madrid)