Competidores

EL BLOC DEL CARTERO

Desde tiempos remotos, los clanes humanos han competido entre sí por el territorio, la caza, los pastos, el agua y las sucesivas formas de riqueza que hemos sido capaces de identificar, aprovechar y producir. Era un fenómeno espontáneo, y que en tanto que se daba entre grupos con una capacidad reducida, tanto de construir como de destruir, solo redundaba en la extinción recurrente de un número variable de individuos de los grupos competidores, siendo el que más perdía el que se veía al final desplazado del objeto de la competición. Ahora somos más, muchos más que nunca; y nuestros medios son tan poderosos como jamás lo fueron. La competición que mantenemos, y que sigue siendo a menudo cruenta, lo amenaza todo. Lo apunta un lúcido lector. toca cooperar, o irnos todos juntos al garete.

LA CARTA DE LA SEMANA

Pesadilla antes de Navidad

Falta poco para el festival de Navidad y alguien en el WhatsApp de la clase ha enviado una foto de la tienda en la que ha localizado las zapatillas blancas de ballet que necesita mi hijo pequeño. Todos los niños calzan lo mismo. No hay tiempo que perder. Mientras, en el grupo de la clase de mi hija mayor se ha reabierto el debate sobre si deben llevar falda de capa blanca con tela brillante y guantes blancos o solo un tutú con estrellitas y coleta con adornos de cintas en blanco y rojo. Las conversaciones se mezclan y puedes morir por una errata. La mediana cantará con una combinación de prendas en rojo, blanco y azul marino, colores lisos, no vaqueros, calzado oscuro, no deportivos. Mi móvil está saturado de fotos de ropas con precios, tallas, colores y tiendas. Mejor. Demasiada información para mi cerebro. De todas formas, cada uno actuará un día diferente y no podré ir a verlos, así que los vestiré, los dejaré en el colegio como cada día y me iré a trabajar para poder pagar los disfraces.
Juan José Pérez Pérez (Murcia)

Por qué la he premiado… Por echarle humor al percance, cada año más frecuente y acuciante, con la inestimable complicidad de la tecnología


A continuación el resto de cartas de la semana.

La misión de la enseñanza

Decía Freud que existen tres funciones imposibles: educar, gobernar y psicoanalizar. La enseñanza es, o debería ser, algo más que una función o una profesión. Debería volver a ser una misión de transmisión. Y la transmisión necesita, además de competencia, una técnica, un arte. Necesita lo que Platón ya había señalado como condición indispensable: el ‘eros’, que es a la vez deseo, placer y amor, deseo y placer de transmitir, amor al conocimiento y a los alumnos. Allí donde no existe amor no hay más que problemas de carrera, de dinero para el profesor y de fastidio para el discípulo. La misión es pues muy alta y difícil: supone arte, fe y amor al mismo tiempo. Gerardo Seisdedos (Correo electrónico)


Los que esconden

Mi hijo tiene 18 años, 19 cuando lean esto, y tiene leucemia. Está siendo atendido en la sanidad pública de mi comunidad. En los tres meses que lleva ingresado veo, cada día, la enorme cantidad de personal, recursos y material que son necesarios para afrontar con éxito la enfermedad. No soy creyente, pero tengo la necesidad de encomendarme a alguien, de dar las gracias, y lo hago a esta sanidad que tenemos, insuficiente a veces, pero que nos acoge y cuida en tantas otras. Por eso me pregunto si políticos corruptos, banqueros sin escrúpulos, empresarios defraudadores, deportistas y artistas a los que admiramos y esconden sus ingresos o los sustraen de donde no deben se han parado a pensar en el destino que podrían tener sus ‘desaparecidos’ impuestos y las cantidades indecentes de dinero malgastado o agenciado indebidamente. Pienso en educación, dependencia, pensiones… y en la sanidad, que salva vidas. F. D. N. (Zaragoza)


Cooperación o competición

Según el lugar en que uno viva, cumplir 68 años puede ser una utopía. En España quien los cumpliera comenzaría una merecida época de jubilación. Pero lo que ha cumplido esa edad ha sido la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y, lejos de estar por jubilarse, parece que ni ha iniciado su actividad. Llevamos 68 años de violaciones sistemáticas de los derechos que recoge. En sus dos primeros artículos comprobamos que son papel mojado. No todos los humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y no nos comportamos fraternalmente, como tampoco todos gozamos de los derechos y libertades recogidos en la Declaración sin que pueda haber distinción por cualquier condición. Hacia el sur ponemos vallas y abrimos la frontera hacia el norte, los países en guerra son un próspero mercado para quienes venden armas, y la miseria campa a sus anchas por muchos países productores de materias primas y minerales necesarios para el llamado ‘mundo desarrollado’. Hemos perdido la capacidad de cooperación y optado por una clara competición que hace de este mundo un campo de batalla y que nacer en un lugar u otro condicione nuestra vida. Es hora de comenzar todos a hablar el idioma común de la solidaridad o habremos iniciado el camino hacia nuestra extinción. Juan Fernando Ramón Sánchez, Torremayor (Badajoz)


 ¿Adiós a la muerte o a la vida?

El transhumanismo propone que, con ayuda de la tecnología, en algunos años podremos desarrollar una inteligencia por encima de lo soñado, pasar nuestra conciencia a un ordenador y con ello un bienestar mayor, pues engañaremos a la mismísima muerte. No, repito. No, acabará la vida, a lo largo de toda la existencia el ser humano ha demostrado que la fugacidad de la vida es algo que ocurre de forma natural e intrínseca en nosotros. Con el transhumanismo no solo le decimos adiós al carpe diem, sino también a cada cosa por la que vale la pena vivir. «Deja para mañana lo que puedas hacer hoy», ese será nuestro nuevo lema. «Total… tengo todo el tiempo del mundo». Con 16 años que tengo (ya con un pie en la tumba), más que una ‘revolución tecnológica’, parece que vivo el principio de Terminator. Vive, vive una que valga como diez. A. C. S. R., Aravaca (Madrid)