Doblaje

EL BLOC DEL CARTERO

Un lector británico deplora que los españoles sigamos doblando las películas y que seamos tan poco autocríticos con una práctica que vincula al interés de la dictadura por propiciar en la población la menor apertura mental posible, dificultando el aprendizaje de otros idiomas. Sin entrar en la réplica fácil que alguno dará al autor de la carta (a saber, que los británicos no se distinguen especialmente por su competencia en idiomas distintos del suyo), hay algo que da que pensar. Mientras en España se doblaba todo, creando, dicho sea de paso, una industria del doblaje con excelentes profesionales, nuestros vecinos ibéricos, los portugueses, no doblaban nada. El resultado: los muchos portugueses que hablan con soltura varias lenguas, incluida la española. Al final, la comodidad se paga y el esfuerzo renta.

LA CARTA DE LA SEMANA

La traición del sistema

En el puente de la Constitución, mi padre sufrió un ictus y pocos días después, debido a una complicación y a su casuística, se agravó y debió ser ingresado en la unidad de geriatría del hospital Gregorio Marañón: de las enfermeras y del personal auxiliar solo recibió mimo, cuidado extremo y maravillosas palabras de cariño. Nuestro total agradecimiento. Pero nos topamos con la frialdad y poca empatía de los médicos (no dudo de su profesionalidad), un muro realmente infranqueable: se le niega un tratamento fisioterapéutico debido a su edad, peso, poca colaboración; va a recuperar poco o nada… excusas que disfrazan una situación de pocas plazas y poco personal y porque este paciente (mi padre) no entra en el rango de edad que debe recibir ciertas ayudas y porque no está en su ‘código ictus’: si supera cierta edad, solo recibirá lo estrictamente necesario y ya. Este es el sistema que tenemos, un sistema timador que nos engaña y sangra durante toda nuestra vida y que, si no tienes posibilidades económicas y familiares, cuando realmente lo necesitas, te mueres de asco y de pena. Muchas gracias. Lola López Morales, Ciempozuelos (Madrid)

Por qué la he premiado…  Por mostrar el drama humano y la honda decepción que pueden llegar a producir ciertas decisiones técnicas y económicas


A continuación el resto de cartas de la semana.

China, el aceite y los olivos

«China planifica plantar su propio ‘mar de olivos’ con 59 millones de árboles», leí hace días. Lo harán en una zona fértil del país (orillas y valle del río Bailong). Este plan está ligado a una demanda creciente y China es ya el tercer país no mediterráneo en superficie de olivar. Esto demuestra, una vez más, que el aceite de oliva es una maravilla. Muchas veces no apreciamos lo bueno que tenemos.
Domingo Martínez Madrid, Baños de Valdearados (Burgos)


 El doblaje

En un país que ha realizado un esfuerzo elogiable para borrar todo vestigio de su antigua dictadura, me ha entristecido leer en XLSemanal un reportaje tan poco crítico sobre el doblaje del cine. Esta industria representa por excelencia la resaca del franquismo, una herramienta utilizada por el régimen para controlar el diálogo y a la vez desalentar al aprendizaje de idiomas y fomentar la pereza intelectual. España -es discutible si para bien o para mal- no combatió en la Segunda Guerra Mundial y, por lo tanto, tampoco participó en la paz de la posguerra. El país se quedó aislado y no se integró hasta mucho más tarde en las corrientes liberales y modernizadoras de Europa. Creo que un paso hacia delante para equiparar la imagen de España con la de la media europea, sobre todo en el contorno lingüístico, empieza por la supresión del doblaje. Jules Stewart, Londres (Reino Unido)


 El Yak-42  y el tiempo

«Todo sucedió hace muchísimos años», han sido las palabras con las que el presidente del Gobierno ha respondido a las preguntas tras el informe del Consejo de Estado en el que se concluye que, de haberse tomado medidas, el accidente del Yak-42 en Turquía podría haberse evitado. Y no le falta razón, pues los 62 militares fallecieron el 26 de mayo de 2003. Trece años y ocho meses después a los familiares los recibe la titular del Ministerio de Defensa, con el objeto de «cerrar de la mejor manera posible el caso». Lo cierto es que a la tragedia del accidentado retorno desde Afganistán, a la abrupta noticia a pie de pista y a la pérdida del ser querido se unió la entrega de restos mortales indebidamente identificados, la indiferencia institucional y la ausencia de depuración de responsabilidades. Y ante tal cúmulo de despropósitos, resulta sencillo entender que los segundos parezcan eternos; los minutos, interminables; y los días, perpetuos. Y todo esto, que fue así, se multiplica cuando nadie ofrece adecuadas respuestas ni nadie mitiga el profundo dolor de la pérdida. No duden de que todos los que los querían tienen la sensación de que todo sucedió ayer. Pues, a pesar del tiempo, han vivido con ello cada día. Luis Alberto Rodríguez Arroyo, Santo Tomás de las Ollas (León)


 Khaled, mi amigo de Alepo

En 1961 me encontraba en Alemania trabajando en una fábrica de alambre en las afueras de Colonia. Aquel alambre al rojo hacía que la temperatura subiera de tal forma que trabajabas una hora y descansabas otra. En tres meses bajé de 78 kilos a 65. Los que trabajábamos allí lo hacíamos por motivos diferentes. Yo, por pagarme mis estudios; y los más, por ahorrar para comprarse un piso en su país. Conocí a Khaled, un hombre sirio, alto, moreno y fuerte que enviaba todos los marcos alemanes que ganaba a Alepo, donde vivían su mujer y sus tres hijos. Hoy, la televisión me enseña Alepo. Viendo las casas derruidas, la ciudad arrasada. Y veo el que pudo ser el piso de Khaled, vacío, derrumbado. Lo que Khaled tardó cinco años de sacrificios en Alemania, aniquilado en un solo segundo. Antonio Sánchez Escudero, Oyarzun (Guipúzcoa)