Minimizando 

EL BLOC DEL CARTERO

Responde uno de nuestros lectores a la carta que semanas atrás denunciaba el empobrecimiento paulatino del lenguaje, reducido a su mínima expresión en los SMS con que las administraciones se comunican con los ciudadanos. Otro se refiere a las desoladoras estadísticas que señalan que cuatro de cada diez españoles no leen jamás un libro (y dos confiesan no leer porque no les interesa). Un tercero constata la pobreza de los contenidos que constituyen el grueso de los datos que circulan por las cacareadas ‘autopistas de la información’. Y un cuarto razona que no es extraño que en un país reducido a la hostelería, la gastronomía haya sido elevada a arte supremo. Puede que todo esté interrelacionado y que la minimización del lenguaje, que trae la del pensamiento, no sea casual.

LA CARTA DE LA SEMANA

Mi regalo de cumpleaños

Ha sido un mal año, me cuesta celebrar lo que viene. El tiempo es mi enemigo, triste reflexión en alguien que cumple los 32. Pero llevo un par de meses en los que, al levantarme, la primera media hora mis piernas parecen palos. No te preocupes, esto se pasa, desayuna y vete al trabajo. ¡Ah! No olvides tomar la pastilla, es magia. te mantiene ‘normal’; tu tercer tratamiento, los otros dos no fueron bien, bueno, este seguro que va mejor. Confías en ello, debes ser optimista. Pero no olvidas que la última vez que lo fuiste perdiste la sensibilidad de tu mano izquierda; es igual, aparta ese pensamiento. No lleva a nada, debes pelear. Cumplo 32 y parezco un viejo de 60. Otro año más como el 2016 y se me complicarán las cosas. Comento con un ‘colega de enfermedad’ lo bueno que puedes sacar de esto. él piensa que nada. Es cierto, salvo que te hace duro como una roca. Te enseña a relativizar los problemas, en cierto modo te simplifica la vida. Supongo que ese es mi regalo de cumpleaños, mi lección aprendida. J. N. (Burgos)

Por qué la he premiado… Porque quien sigue dispuesto a recibir regalos y aprender de la vida, y contarlo, es a la vez ejemplo y esperanza para todos


A continuación el resto de cartas de la semana.

Así es y así nos parece

Estimado M. P. de Burgos, pienso que es algo más que el ahorro de formalidad, respeto y verbos. Detecto una incapacidad de pensamiento consistente. Quien bien se expresa piensa bien. La recíproca no está demostrada, pero falta poco. La culpa debe de andar muy repartida. Esta revista con sus ‘firmas’ hace lo que puede y es mucho: sabemos que a nadie se le enseña nada si no quiere aprender. La cuestión sería averiguar por qué desprecian el lenguaje. Bertrant Foscmunt (Las Palmas de Gran Canaria)


Desperdicio de la información

«Las innovaciones acostumbran a ser preciosos juguetes que nos distraen de las cosas importantes… Hoy nos apresuramos  a tender una línea telegráfica entre Maine y Texas; pero puede que Maine y Texas no tengan nada importante que decirse». Lo escribió Henry David Thoreau en 1854 y sigue vigente cuando, además de algunas cosas importantes y/o urgentes, circulan por WhatsApp cantidad de chorradas. Nos encontramos con un uso masivo y perverso de las ‘nuevas tecnologías’. Se confunde medio y fin y se da salida a lo más superfluo e inútil de nosotros, caracterizando a nuestra era como la del desperdicio de la información. José Miguel Grandal (Cartagena)


 Leeremos

Según el informe La lectura en España, de 2017, realizado por la Federación de Gremios de Editores, cuatro de cada diez españoles no leen libros, aunque los que sí lo hacen leen con más frecuencia que en años anteriores. Además, desde 2005, ha bajado el número de librerías, quioscos y adquisiciones hechas por bibliotecas. En contrapartida, aumenta la oferta editorial y el número de clubes de lectura. Lo único que nos salva es que la buena literatura elige el mejor final. Y leeremos. Nada podrá quitarnos el deleite de escoger el título más adecuado. Devolver a nuestras manos esa adquisición por la que un día mereció la pena hacer un esfuerzo económico. Llevar nuestro presente a aquel pasado en el que hicimos su primera lectura. Que nadie se apene: el futuro estará lleno de nuevas oportunidades para volver a leer. Luis A. Rodríguez Arroyo, Santo Tomás de las Ollas (León)


¡Empachado de gastronomía!

Llevo años atónito ante la proliferación de espacios televisivos, artículos y libros que exaltan las excelencias gourmet o las ocurrencias de los cocineros de este país. Más me asombra ver a estos elevados a artistas o genios. El anuncio televisivo de una página web que facilita la búsqueda de trabajo me hace ver de pronto la luz: la sobreabundancia de información gastronómica busca familiarizar a nuestros jóvenes con el destino profesional que el mercado o nuestros aliados europeos les deparan: España ya no necesita ingenieros ni médicos ni profesores: solo camareros, jefes de sala, ayudantes de cocina o friegaplatos. Hemos dejado de ser la reserva espiritual de Occidente para ser su reserva gastronómica. ¡Qué gran logro! Íñigo Jáuregui Esquibela, (Logroño)