Pájaros

EL BLOC DEL CARTERO

Se nos mueren los pájaros, los de pluma y trino, avisa uno de nuestros lectores, mientras proliferan los otros, los pajarracos de mala entraña y peor agüero, y los que solo son ceros y unos pintados de azul y sirven al desahogo de tantas miserias y al canto de tan pocas esperanzas. Un síntoma más de nuestra desconexión con el mundo que nos acoge, soporta y explica, con la vida que nos anima, multiplica e impulsa. El invierno cae sobre nosotros y, como decía aquella canción de Leonard Cohen, ya no podemos llevar la cuenta de los petirrojos caídos. Pero importa, y las cartas lo recuerdan, saber que todos dependemos de todos. Importa impedir que el alcohol nos aturda a la juventud, aprender a conciliar el laborar y el vivir, o algo tan sencillo, tan heroico, como trabajar y pagar los autónomos.

LA CARTA DE LA SEMANA

Un país en la botella. Decía mi madre que, cuando era mocita, algunos mozos se emborrachaban con vino y terminaban la noche rondando el balcón de alguna muchacha. Cuando yo era jovencita, las chicas debían estar en casa a las 10 y beber, poco. Cuando tuve a mi hija, ya estaba de moda salir por las noches, y pensé que no duraría. Cuando mi hija era una adolescente, no me preocuparon el alcohol ni las drogas, porque nunca dio muestras de que le gustasen; al revés, tuvo algún encontronazo con compañeros que bebían. Cuando un conductor borracho mató a mi hija, puse todo mi dolor y locura en concienciar y tratar de cambiar la costumbre de conducir bebidos. Me entusiasmé con la idea de que, en los colegios, los niños empezaban a aprender seguridad vial. Ahora, me pregunto. de qué sirve hacerlo si a los 13 años tomarán como costumbre emborracharse y nadie hará nada por evitarlo? Sí, siempre se ha bebido, pero nunca a tan temprana edad, de modo tan permisivo y con resultados tan escalofriantes. Ahora, me preocupan tus hijos, porque yo ya no tengo. Flor Zapata Ruiz (Correo electrónico)

Por qué la he premiado… Por el argumento, tan inapelable, contra una ligereza tan gratuita como inadmisible


A continuación el resto de cartas de la semana.

La resistencia a la conciliación

Das en la clave, Carmen Posadas. Lanzas el dardo donde más duele al «españolito de siempre». Ellos (casualmente masculinos) terminan su siesta o su infructífera comida de negocios cuando el resto de los europeos finaliza su jornada. ¿Por qué tanta resistencia a modificar nuestro horario laboral? Los datos están ahí: las empresas que concilian aumentan su productividad, el trabajador se siente más satisfecho y encuentra otros espacios donde desarrollarse. Estoy cansada de escuchar que «somos diferentes» o que nuestro clima impone otras costumbres. Españolitos, italianos, suecos… todos tenemos unas necesidades biológicas de sueño, de descanso y, sobre todo, de cultura. Está bien que algunos quieran renunciar a ello, pero dejemos la libertad de poder elegir. Nuestras madres nunca hubiesen imaginado cargar un carro de compra a las diez de la noche y, sin embargo, muchas cajeras de esos negocios sueñan con volver a casa y jugar con sus hijos o disfrutar de una ‘reposada’ cena familiar. Isabel Armendáriz (Correo electrónico)


Tú no pareces española

Es lo que me dice mi novio cuando conversamos de la vida, del trabajo. Tengo casi 29
años, llevamos 9 juntos y 4 intentando entrar al mundo laboral. Él, ingeniero, estudia oposiciones a Guardia Civil. «Ser funcionario en España es la única salida», me dice. Yo, puesto que de lo mío (psicóloga) hay escasas/nulas oposiciones, y tras años de voluntaria y trabajos temporales, me he lanzado a la aventura de ser autónoma. Tengo al corriente todos mis pagos y a mis pacientes, contentos. Algunos se ‘curan’ muy rápido; y hay quien me aconseja «aguantarlos más» para ganar más dinero. Pero soy honrada y el poco dinero que me genera mi negocio (300 euros al mes de media, gracias a los pagos que supone ser autónoma) lo invierto en seguir formándome con cursos, algún máster, idiomas… «Lo que tú haces no es normal, tienes mentalidad alemana o suiza,
allí estaríamos ganando bien, casados y con hijos», continúa. Yo también lo creo, solo parezco española porque sigo aguantando, como la mayoría de los jóvenes, a que España se recupere y mi generación perdida se encuentre. Ana Antelo López (Granada)


Matómela un ballestero

Seo Birdlife declara el sisón común ave de 2017. El anterior fue el gorrión, cuyas poblaciones han declinado más de un 60 por ciento en 30 años. Hoy solo prosperan los pájaros de cuenta extracontable, las aves de rapiña y los pajarracos trompeteros y moñudos que sueñan con paredes enormes contra las que arrojar sus tuits y sus deyecciones. En un país donde el 40 por ciento de su gente no vuela nunca con las alas de un libro, quién sabe qué estarán mirando los ojos amarillos del alcaraván del Alfanhuí, ese texto pajarero y feliz. En 10 años, el sisón podría desaparecer de nuestras llanuras. Se están muriendo nuestras aves y todo lo cubrirá un silencio tristísimo, una soledad senil. Dice la radio que llega una ola de frío. Voy a dejar mi balcón abierto y semillas. Por si mañana me visita un ave de paso con un pedazo de mundo en el pico. Javier Izcue Argandoña (Pamplona)


No todo ha sido malo

Leo en el XLSemanal del pasado 15 de enero lo que Julio Fontán dice: «El modelo educativo actual está hecho para un mundo que ya no existe». Cierto. Hay que cambiar la educación, todos de acuerdo. Hay que mejorarla. El señor Fontán critica los deberes, los exámenes y otras cosas del ‘viejo sistema’. Si algo bueno tiene el querer cambiar un sistema viejo por uno nuevo es que ya conocemos los defectos del viejo y podemos subsanarlos. Pero ojo con las ‘promesas’ de lo nuevo. Tranquilidad con los cambios y buena letra. Resulta que el viejo sistema educativo tan «absurdo y sumamente ineficiente» ha formado a muchas de las mentes más brillantes de la historia de la humanidad. Ni todo ha sido malo ni todo va a ser maravilloso y mejor. Esperemos los resultados para comparar. José Ramos Viva, Santander (Cantabria)