Silencios

EL BLOC DEL CARTERO

Una carta de un joven lector señala una realidad que nos concierne. Que concierne a quien gestiona este espacio, desde luego, pero también a todos si no queremos equivocarnos más de lo que ya lo hacemos cada día. Convivimos con multitud de silencios. de gente que no se expresa, a la que no se escucha o cuya voz se acalla inconsciente o deliberadamente. Cada silencio es una región de ignorancia, de probable maltrato, de casi segura injusticia. Nuestro lector se queja de que a los de su edad, los jóvenes, se les pregunta tan poco su opinión que han dejado de darla. Que su voz no está ni se la espera. Como todo, depende de dónde. Aquí hemos leído a muchos y premiado a bastantes. El cartero quiere reiterar que aquí tienen sitio; que asuman la responsabilidad de decir.

LA CARTA DE LA SEMANA

Mirarse el ombligo

Pertenezco a un partido que no es relevante nombrar para lo que quiero contar. Hablando sin testigos con un alto cargo de mi región, él se sinceró y salió de él -no sé si por una traición muy gorda del subconsciente- lo que era su proyecto inmediato: gestionar para un hombre/mujer de 40 años, sin hijos y con hipoteca. Punto. O sea, para él mismo y sus circunstancias. Me quedé en el sitio, nunca mejor dicho. Él tenía un acto y yo, apurando mi café, miré alrededor y vi una barra de bar con gente de entre 70 y 80 años (jubilados), unas adolescentes, una madre que no superaría la veintena con carrito incluido, el dueño del bar, la camarera rumana… y yo, madre de familia numerosa, en breve 45 años y sin hipoteca. Entonces entendí. el desprestigio de la clase política (no de toda), la falta de confianza hacia muchos dirigentes, la aparición de partidos-látigo… Si al que consideras amigo y político con ética te suelta esto, sin anestesia, ¿qué esperar? Al menos agradezco su sinceridad. ¡No es poco! R. F. S. Logroño (La Rioja)

Por qué la he premiado…Por la instantánea de la que es una de nuestras mayores disfunciones. que tantas veces decida quien no sabe sobre qué decide


A continuación el resto de cartas de la semana.

La mantita

La mantita que llegó a Siria. Sí. Es mi mantita. La que yo deposité hace unos pocos meses donde podría ser útil a quien la necesitara. Pensé que podría proceder de otro lugar, pero su dibujo no es habitual, por eso creo que es la mía. Estaba nueva, y era grande y suavecita. La que nos abrigó a nosotros y ahora cubre los cuerpecitos heridos y asustados de esos dos niñitos sirios a quien su madre protege como puede, con esa mirada de tristeza. Con qué poco podemos ayudar. M. D. G. vizcaya


Jóvenes silenciados

Los jóvenes somos vistos como gente a la que solo le importa pasárselo bien. Aunque esto es común, a la mayoría nos importan más cosas, no solo salir de fiesta. Esto ha provocado un silencio por parte de los jóvenes. Rara vez se nos pregunta nuestra opinión, y lo peor es que rara vez damos nuestra opinión. En esta sección, pocas cartas son publicadas por jóvenes como yo (espero que esta sea una de esas). Yo animo a los jóvenes a relatar sus problemas y experiencias al mundo como hacen los adultos, a relatar y a sentirse escuchados por una sociedad que nos infravalora. Ignacio Paniagua (Madrid)


Gólgota digital

Vaya por delante que hay que tener pocas luces para salir en una televisión autonómica lanzando insultos contra el resto de los habitantes del país días antes de estrenar tu última película. Pero que una turba oculta se lance a boicotear El guardián invisible porque Miren Gaztañaga, una de las actrices secundarias, no sea capaz de medir la repercusión de sus palabras me parece inaudito. Las redes sociales se han convertido ya en un Gólgota moderno en el que los inquisidores de hoy campan a sus anchas. Me parece ridículo que para criticar la actitud de una persona particular haya que boicotear a un colectivo, llegando incluso a hacer público el final de la cinta para evitar que los que no hayan leído la novela no lo hagan al ver destripada la historia. Manadas de lobos cibernéticos que no se conforman con escrachar al culpable de su enfado, sino que necesitan cobrarse una pieza, convertirlo en una victoria sin pensar en los cadáveres inocentes que dejan a su paso: compañeros de reparto, productora, director o escritora de la obra original entre otros. Yo, solo por darles en los morros a los nuevos inquisidores, iré al cine. Eduardo Fernández López, Villalpando (Zamora)


El movimiento, andando

No suelo coincidir con la opinión de Juan Manuel de Prada, pero ante su artículo Pobres refugiados me quito el sombrero. La crisis económica y, más recientemente, la crisis de los refugiados han traído un auge de las movilizaciones sociales, lo cual es, desde luego, una buena noticia, siempre y cuando esas movilizaciones centren sus esfuerzos en organizarse para ayudar colectivamente a los mayores perjudicados por la economía o la guerra. A las iniciativas que han surgido por ese camino les debo todo mi respeto. Por desgracia, da la impresión de que la mayor movilización social está encaminada a protestar al Estado para que se ocupe de los demás, en una suerte de postureo filantrópico en el que muchos pretenden ser mejores personas por salir a la calle con pancartas, sentarse en las plazas o hacer huelgas de hambre. El movimiento se demuestra andando, no con pancartas y reivindicaciones vacías de compromiso. Tomás Ezquerra López-Asiaín, Tres Cantos (Madrid)