Inapropiados

BLOC DEL CARTERO

Recuerda una lectora al consejo socrático de abstenerse de difundir aquello de lo que no podamos afirmar, a la vez, que es bueno, verdadero y útil. Ese triple filtro del que hablaba el filósofo ateniense, aplicado por todo el mundo hasta las últimas consecuencias, haría descender dramáticamente el nivel de ruido de toda especie que padecemos a diario. Quizá hasta nos encontraríamos con momentos de silencio, que podríamos aprovechar para pensar, lo que somos y también lo que decimos. Una de las conquistas de la democracia es la libertad de expresión, que incluye, claro, el derecho a decir inconveniencias. Sin embargo, no estaría de más que cada cual se preguntase, antes de piar, si hace falta y si ayuda a alguien. Ser, en fin, nuestros propios detectores de mensajes inapropiados.

LA CARTA DE LA SEMANA

El futuro, que ya no será mío. En La carta de la semana leo textualmente: «… y entre tanto los corruptos y los defraudadores, libres. Sus delitos prescribirán o serán amnistiados». Y más adelante: «Sentimos que todo lo público es mentira». Admito que la irresponsabilidad de algunos políticos y su visión miope de la política, arrojándose, unos a otros, a la cara los casos de corrupción, en que todos han incurrido, ha llevado a una gran parte de nuestra sociedad a esta visión negativa de nosotros mismos, porque todos formamos parte de este país, en el que parece que ya no hay esperanza. Yo afirmo categóricamente que no es verdad. Hay políticos honrados, corruptos que son condenados, no se amnistía a todos los culpables y una mayoría de nuestra población que no sale a la calle a vociferar, romper y quemar. Muchos jóvenes estudian, se forman y encuentran su camino en la vida. Hay una mayoría silenciosa, porque su tiempo está ocupado en estudiar, formarse, trabajar o mantener una familia y no en “lamerse sus heridas”, que es la base de este país, que sí tiene esperanza. Tengo casi noventa años y prefiero ver el futuro, aunque ya no será mío, con optimismo. José Galeote Rodríguez. Estepona (Málaga)

Por qué la he premiado… Porque en todos los ámbitos de la vida es bueno que haya contrapesos y por querer esperar no para sí, sino para otros


A continuación el resto de carta de la semana

Estibadoras

Hay palabras que son como detallados planos de países que no existen: la palabra “estibadora” tiene un significado diáfano, pero una materialización imposible. El diccionario de la RAE recoge que existe la forma masculina y femenina aplicada al acto de estibar, pero acabo de descubrir, junto con millones de conciudadanos, que en el mayor puerto de España, el de Algeciras, con más de 2000 personas trabajando, no existe ni una sola estibadora, ni una sola mujer ha podido entrar en ese territorio férreamente endogámico y misógino. Para que algo así haya podido pasar, muchos silencios han sido cómplices de esta aberración. ¿Dónde están las manifestaciones de los sindicatos ocupando las calles y exigiendo el cese de esta vergüenza? ¿Dónde las declaraciones de los líderes políticos ante lo insoportable de esta situación? ¿Dónde las declaraciones de los organismos públicos creados para la promoción de los derechos de la mujer? Mientras quedan en nuestras retinas las imágenes de un grupo de hombres gritando triunfantes al saber que por el momento su situación no cambia: ¡ni un paso atrás!… Pues eso. Luis Barreiro Carballal, Santiago de Compostela


Cuando restar suma

Desde la cinta de correr me inquieto. En mi gimnasio, solo un cristal separa las máquinas de la calle y a veces me distraigo observando escenas cotidianas, o me conformo sirviendo de pasatiempo a los transeúntes. Esta mañana ha pasado una anciana cargando unas bolsas que le pesaban más que los años. Iba lenta, fatigada, a punto de desfallecer. Las piernas le reclamaban la poca energía que sus brazos se empeñaban en acaparar. En lo que tardaba yo en correr cien metros, ella apenas daba cuatro o cinco pasos. Ha sido entonces cuando me he dado cuenta de que estaba encarnando un simple ejemplo del funcionamiento más vil del ser humano: yo malgastaba energía en vano, estática, sin ningún fin ni destino, mientras delante de mí la abuelita las estaba pasando canutas para avanzar unos pocos metros. Imbéciles todos, que no vemos (ni queremos ver) que, quitando un poco de aquí y repartiéndolo allí, progresaríamos apaciblemente en la misma dirección. Pero no desesperen porque, aunque débil, siempre acaba asomando una sonrisa entre la negrura, un haz de luz al que aferrarse: mi sufrimiento ha tenido respuesta y una vecina ha salido del portal, ayudándola a entrar. Qué alivio. Irene Barceló Carceller, Tortosa (Tarragona)


Si no es verdadero, ni bueno ni útil…

Un día recibió Sócrates la visita de un amigo para contarle un chisme acerca de uno de sus discípulos. El gran filósofo interrumpió su discurso y le preguntó si había aplicado la fórmula de los tres filtros: verdad, bondad y utilidad. El hombre respondió que no y el sabio le contestó: «Si no es verdadero, ni bueno ni útil, ¿para qué contarlo?». En la sociedad existen personas que disfrutan con el cotilleo y buscan atención difundiendo rumores y habladurías. En este sentido, algunas redes sociales han tenido problemas para encontrar soluciones tecnológicas que frenen el acoso y los comentarios ofensivos sin vulnerar el principio de libertad de expresión. Instagram añadió el filtro “Ocultar comentarios inapropiados” para combatir a los trolls o usuarios que publican mensajes provocadores con la única intención de molestar. Twitter también se puso las pilas y desarrolló una función denominada “Palabras silenciadas”. Pero estas herramientas no son la panacea para eliminar el contenido ofensivo. Por ello, antes de publicar un comentario en una red social hay que preguntarse si se ha superado con éxito el examen de los tres filtros de Sócrates. Solo así podemos crear un lugar seguro para la autoexpresión. Paula Santolaya del Burgo, Pamplona (Navarra)