Unirse

EL BLOC DEL CARTERO

Mandan hoy aquellos que se separan o quieren separarse: los paladines del brexit, que ahora que tienen su trofeo le encuentran las verrugas y quieren cargárselas a otro; o los partidarios de la secesión de Cataluña, que no han llegado aún a Ítaca, pero se cuidan de anticipar escollos y más aún de inventariar las bondades (pasadas, presentes y futuras) de navegar en el mismo barco que la gente de Murcia o de Huelva. Frente a ellos, con su apuesta legítima, faltaría más, se alza la apuesta también legítima de una joven lectora que aprovecha el desencanto no para rendirse, sino para recordarnos, a los mayores que hayamos olvidado, todo lo que unirse en esta Europa insuficiente representa. Quizá falta alguien que ponga esa inteligencia en recordar lo que representa unirse como españoles.

LA CARTA DE LA SEMANA

Especialista en tropezar

Soy una especialista en tropezar y resbalar en la calle, pero hasta ahora mi edad y la vergüenza hacen que me levante antes de haber tocado el suelo. Algún día esto dejará de ser así y por eso soy muy sensible a las caídas de los demás, sobre todo de la gente mayor. Y esto me hace felicitar a todo aquel que con tanta facilidad se agacha y se acerca a quien, al igual que nosotros hoy, anduvo erguido, deprisa, con esa altanería que te da la juventud, la independencia de tu paso y la confianza en tus fuerzas. Todo nos parece fácil y posible. Pero llega un momento en que los años nos ponen freno y a veces caemos… nos volvemos a levantar y a caer; por esto me es tan fácil ayudar a quien se ha caído y acompañarlo, preguntarle: «¿Se encuentra bien?», y ante su mirada -lejana a veces y avergonzada casi siempre- decirle que no pasa nada, que estamos para llamar a un familiar, a un médico, que somos muchos y le vamos a ayudar. Y ese es el milagro: somos muchos y con el corazón en la mano, en un pañuelo, en el móvil; todo son bondades y soluciones. Hoy, que aún puedo levantarme sola, quiero agradecer a todos los que se agachen a mi lado cuando ya no pueda hacerlo. E. M. D. Pontevedra

Por qué  la he premiado…  Por apostar, para variar, por la solidaridad y no por la competencia, tan absurda, entre los nacidos en décadas diferentes


A continuación el resto de cartas de la semana.

¿Qué pasa en Cataluña?

Hijo de andaluces, vivo en Cataluña desde los seis años, en esta comunidad que nos acogió. Este fin de semana, por motivos familiares, me he desplazado a otra comunidad de España. Al sentarnos a comer, me preguntaban preocupados: «¿Qué pasa en Cataluña?». Nada. Es una comunidad como otra, con sus problemas sociales, económicos y de corrupción. Como cualquier otra. El mejor ejemplo, en los bares:  sigue entrando gente de todo tipo, condición y pensamiento; hablan de fútbol y de mujeres, la independencia es solo un tema más, y la diferencia de pensamiento se arregla bebiendo unas cañas. No queramos hacer creer a la gente en una Cataluña dividida y a punto de enfrentamientos entre familiares y vecinos. Lo que es una lástima es que haya unos políticos en España y Cataluña que no sean capaces de ponerse de acuerdo… Su incompetencia no es culpa de los ciudadanos. Rafael Acevedo Romero, Gavà (Barcelona)  


¡Más Europa!

Acabo de volver de celebrar el 60.º aniversario de los Tratados de Roma en la misma ciudad donde se firmaron. Pese a mis 21 años, me permito el lujo de usar esa palabra: ‘celebrar’. Porque es motivo de celebración volver a Alemania, donde estudio mi Erasmus, moviéndome fácilmente por el espacio Schengen; como lo es liderar la lucha contra el cambio climático, disfrutar de un mercado único, de políticas económicas armonizadas para una mayor igualdad de oportunidades, de una ciudadanía europea, de un plan de futuro común. La UE es el reconocimiento de esa identidad europea hija del Derecho romano, de la política y filosofía griegas, de las guerras de religiones, de múltiples corrientes de pensamiento; pero, sobre todo, es la respuesta a los destrozos de la guerra, al individualismo de los nacionalismos, al comunismo, a los totalitarismos. La UE buscó construir puentes donde hubo un muro  -perdón: donde hubo rencor-; mirar hacia fuera, no hacia dentro; hacia el futuro, no hacia el pasado. Nadie niega que la UE tiene mucho que mejorar, en lo efectivo y en lo afectivo; pero ello no implica desistir del proyecto. Al contrario: toca creer más, unir más, esforzarse más, y hacer más y mejor Europa. Ana Mañá Blanco (Madrid) 


El éxito  del ‘brexit’

En el reportaje sobre la localidad británica con mayor porcentaje de población a favor del brexit aparecían ciudadanos explicando lo que -a su juicio- había motivado su salida de Europa. En el fondo dan igual los motivos: Gran Bretaña jamás se ha sentido parte de la UE, pese haber sido siempre el ‘niño mimado’ de la Unión. Los políticos británicos han sido históricamente muy hábiles en las negociaciones, maestros en fingir que no necesitan lo que la otra parte tiene. Y la vieja y prudente Europa siempre ha caído en la trampa, cediendo negociación tras negociación. Ahora la UE tiene su última ocasión de demostrar quién manda, pero me temo que, como siempre, Bruselas nos venderá que se ha puesto muy dura frente al díscolo Reino Unido y, cuando toque cerrar el brexit, veremos que ‘la pérfida Albión’ nos la habrá colado otra vez. Me apuesto un eurazo o una libra esterlina. Pedro Pablo Pellón Pulido (Madrid)  


¿Por qué  y para qué?

Nuestros hijos necesitan encontrar el sentido a lo que hacen para estar motivados. El déficit de visión, pensamiento y causalidad matemática, científica e histórica que en ellos detectamos está relacionado con que suelen desconocer por qué y para qué abordan determinadas materias. Estas personitas que habitan el presente también necesitan encontrar el valor de todo lo que hacen, hallar respuestas a preguntas como: «¿Qué sentido tiene que haga operaciones matemáticas o que preste atención a tal o cual hecho histórico?». Y es que, cuando un ser humano encuentra sentido a lo que hace, se pone metas. Un niño o niña no solo se limitará a aprobar o a obtener una determinada calificación, para lo que está soportando una mayor o menor presión de su entorno, sino que en él o ella se despertará eso que se llama interés y curiosidad y se fijará metas, porque conocerá los «porqués» y «paraqués» de lo que hace. «La mente -creía Plutarco-no es una vasija por llenar, sino un fuego por encender». Ibon Usandizaga Elicegui (Bilbao)