Ejemplarizar

EL BLOC DEL CARTERO

Tendemos a pensar que ‘ejemplarizar’ es lanzar un mensaje intimidatorio al personal arreándole en la cresta a algún díscolo. Sin embargo, lo que el verbo significa es ‘dar ejemplo’, acción que en primera instancia se logra a través del propio comportamiento, y no por la vía de corregir el ajeno cuando se considera inadecuado. Invita uno de nuestros lectores a dedicar más tiempo y más espacio a esas personas que ejemplarizan porque con sus actos nos ofrecen un referente valioso, virtuoso o simplemente inspirador. Es verdad, como dice, que ocupan más espacio aquellos que no se comportan como deben, o lo hacen de forma ruin o decepcionante. Y como referente positivo se nos suele presentar a quien tiene éxito. Ser ejemplo, sin embargo, es otra cosa. De hecho, a veces, nos lo da quien fracasa.

LA CARTA DE LA SEMANA

El ‘Homo videns’

Una imagen vale más que mil palabras, suele decirse, pero no es así según el pensador Giovanni Sartori, recientemente fallecido, para quien leer lleva a pensar, mientras que ver imágenes no lo facilita. Andamos escasos de lectores y sobreabundan los videntes, u Homo videns, contrapuesto al sapiens. Su tesis es que el hombre saturado de imágenes pierde el ejercicio de la abstracción -pensar mediante conceptos-, disminuye su racionalidad y se aleja de la cultura. ¿Quién es culto? Alguien que piensa no se conforma con lo inmediato, se libera de los emoticonos y tiene un vocabulario superior a tres mil palabras. Y es capaz de fundamentar sus opiniones y su concepción del mundo. Si destruimos los conceptos y abandonamos la lógica, todo se hace inestable y relativo. ¿Nos suena? Si llamamos ‘víctimas’ a los asesinos, ‘hombres de bien’ a los terroristas o ‘escrache’ al acoso, no hay modo de entenderse y desaparece la frontera entre lo beneficioso y lo perjudicial, lo justo y lo injusto. En suma: es preciso fomentar mucho más la lectura y despegarse más del televisor. Jesús Ortiz (Madrid)

Por qué la he premiado… Porque alguien tenía que decirlo, frente al engaño de esa sentencia nefasta que ha servido de coartada a tanta ignorancia


A continuación el resto de cartas de la semana.

La importancia del buen ejemplo

Me considero un ávido lector de periódicos y, como tal, soy consciente de las noticias de corrupción que, lamentablemente, ocupan de forma continua las portadas de este diario. Sin embargo, el motivo de esta carta no es la denuncia de tal abuso de poder, sino la reivindicación de algo que ha sido determinante en mi vida y que considero fundamental: el buen ejemplo. Utilizamos ejemplos como modelo que nos ayudan a resolver problemas matemáticos. Paradójicamente, no los utilizamos para resolver problemas vitales. Es importante que nos informen de los malos ejemplos, pero echo en falta noticias de buenos ejemplos, pues han sido estos los que más me han servido para crecer como persona, siendo aún alumno de bachillerato. Javier Gomá Arsuaga (Madrid)


Entre algodones

Sobreproteger a un hijo es ir más allá de cubrir y satisfacer sus cuidados básicos. Es pensar por ellos, tomar sus decisiones, solucionar todos sus problemas… El objetivo es evitar que el niño sufra. Algo muy noble, pero que les impide aprender de forma natural y fomenta inseguridades, dependencia, baja tolerancia a la frustración… Deberíamos aprender de Suecia, donde los niños reciben una amplia libertad para explorar. Ana, una madre española residente allí, se asustó la primera vez que vio a un niño de preescolar subido a un árbol. Entonces un padre saludó al pequeño, como si no pasara nada, y se dio cuenta de que era la única preocupada. «Me considero una madre de mentalidad abierta -afirmaba-, pero deseaba decirle que bajara del árbol». En contraposición, Ellen Sandseter, investigadora noruega, descubrió que dejar que los niños corran algún riesgo los mantiene más seguros y les hace conscientes de sus capacidades. Nuestro instinto es protegerlos alejándolos de todo. Sin embargo, «la mejor protección que podéis ofrecer a un niño es dejar que corra riesgos», explica. Dato curioso: Suecia, tiene la menor tasa de lesiones en niños del mundo. En conclusión; enseñarle, pero no lo hagáis por él. Permitirle experimentar, ir de acampada, pelar la manzana, aprender, cometer errores, vivir… Papás, no siempre vais a estar, hay que enseñarles a volar. Iván Escudero Adróver, Guarnizo (Cantabria)


El perro, el burro y el ciclista

Yendo el otro día en coche por una carretera comarcal de Granada, el vehículo que me precedía puso el intermitente a la izquierda indicándome que había un obstáculo que salvar, cosa que hice yo y el coche que me seguía con toda normalidad. El obstáculo era un perro que caminaba solo en la misma dirección pegado al arcén y que con esta maniobra, separándonos lo suficiente, impedimos atropellarlo. Actuamos como marca el reglamento vial y especialmente con humanidad. Un poco más allá, nos encontramos a dos ciclistas que marchaban igualmente por la línea del arcén y curiosamente el coche que iba delante no solo no indicó nada, sino que apenas se separó de ellos. No tuve ocasión de reprochárselo, para no crear un problema, dada la velocidad a la que íbamos. Me viene a la memoria un hecho que me sucedió hace años. Poco antes de llegar a Güejar Sierra, la carretera no es muy ancha, me pegué demasiado a una persona que caminaba a pie guiando un caballo y este le dio una coz al coche que sonó dentro como si hubiera caído un bomba. Me bajé a observar el daño (que por cierto fue enorme) y el propietario del animal, al ver mi cara de asombro, solo me dijo dos palabras que me dejaron perplejo: «El burro no tiene carné». Con qué pocas palabras me dijo ‘burro’ por no separarme suficientemente, hoy la ley obliga hacerlo a metro y medio de distancia. Cuántos burros circulan por nuestras carreteras con permiso de circulación y, lo que es peor, sin conciencia ni sentido común. Conductor, respeta a los animales y, si no tienes inconveniente, también a los ciclistas, cumpliendo con el reglamento de circulación. Antonio Martín González (Granada)