Espejismos

EL BLOC DEL CARTERO

 

¿Es la realidad mediada por las redes sociales un espejismo de nuestra mente que hemos dejado que otros manipulen en su beneficio, en el convencimiento ingenuo de que lo hacen por nuestro bien y para nuestra satisfacción? Es la parte que día a día vemos menos, cegados por ese espejismo, la parte del león en la que cada vez más se ventila todo, al margen de nuestra conciencia y, por tanto, exento de nuestra crítica e inmune a ella? En esta oscura dirección apuntan dos de nuestros lectores, que no necesariamente abonan con ella la teoría de una conspiración dirigida por una suprema mente rectora con una siniestra agenda oculta. Quizá sea peor: puede que esa mente rectora sea la suma azarosa de todas nuestras distracciones, de todas nuestras debilidades, de todos nuestros falsos valores asumidos.

LA CARTA DE LA SEMANA

Liliput. En 1726, Jonathan Swift relataba que los liliputienses se cuidaban de no poner cargos públicos en manos de gente sin virtudes morales, pues tal carencia no podía suplirse con dotes superiores de inteligencia; para aquellos seres, los errores cometidos por ignorancia con honrado propósito jamás serían de tan fatales consecuencias para el bien público como las prácticas del hombre inclinado a la corrupción. Se le antoja a uno pensar que dispusiesen de una diminuta máquina del tiempo con la que hubiesen viajado a la España actual y observado las desfachateces de Rato, Granados y demás. Quizá hubiese también entre ellos suscriptores de Forbes que, al leer a Mike Patton explicar por qué en solo 2 de los 21 países menos corruptos supera el paro el 9%, hubiesen extraído conclusiones. Jesús Manuel Suárez Liste, Santiago de Compostela (La Coruña)

Por qué la he premiado… Por saber alertar a aquellos que creen, ingenuamente, que poner coto a la corrupción es solo un empeño moral


 

Lo importante no se ve

La sociedad que presencio y de la que formo parte, aunque no me sienta parte del rebaño social mundial, es similar a un Iceberg cuya superficie es tratada de una forma desmesurada, obviando la parte bajo la superficie. Una sociedad que se deja llevar por lo que una mano invisible hace visible y que está sobre esa superficie que refleja lo que a no sé quién interesa. Todo está manipulado, adulterado y viciado. Si no afectara a nadie, me parecería perfecto, pero esas tonterías y cuestiones sacadas de contexto están creando una sociedad adormecida, atontada, como si arrastrase los efectos de un ansiolítico cuyo dispensador es alguien que manipula a su antojo, pero qué no logro saber quién es. Probablemente me muera sin descubrirlo, pero no pienso sucumbir a sus efectos, por mucho que sea gratuito y fruto de la demagogia, y aunque nos tengamos que mojar, quizá deberíamos sumergirnos para atacar los problemas importantes y de raíz de ese Iceberg. Beatriz Graus Gómez (Correo electrónico)


 

Atentados, redes sociales y algoritmos

Mientras Europa se tambalea entre atentados, devoramos cuanta información nos llega a través de múltiples y diversas redes sociales. Y es que en nuestro mundo globalizado las noticias corren por estos medios como la pólvora, tintadas tantas veces de las más variadas interpretaciones, sin filtros ni objetividades, y se nos presentan de acuerdo con nuestras reacciones ante ellas. Y nosotros, ora gustosos, ora encantados, otras veces indignados, en ocasiones agradecidos, y otrora entristecidos, reaccionamos alimentando el algoritmo informatizado que nos brindan estas páginas de Internet. Y así, bien surtidas de nuestras reacciones, esas redes nos brindan la información que nosotros mismos solicitamos inconscientemente, otorgándonos la posibilidad de recibir, además, las opiniones más afines a nuestro agrado, para que no se nos olvide que lo importante, más que actuar, es pasar (o perder) un tiempo extenso ‘nutriendo’ ese algoritmo que nos domina. Y nos radicalizamos. Y, a veces, hasta nos extraña. Samuel García Moreno (Logroño)


 

Ciclistas más cautos

En una ocasión vi que un ciclista se paraba en un semáforo en rojo y no pude por menos que felicitarle por su acción, cuando me respondió: «No, si he parado para ajustarme los pedales». Se los ajustó y se saltó el semáforo. Es una actitud incomprensible porque siempre tienen las de perder en caso de accidente. No digo que cedan en sus derechos, por supuesto, sino que deberían ser más cautos y respetuosos, que es lo que exigen a los demás, con toda razón. Haciendo yo un stop me han llegado a rebasar por derecha e izquierda y fue un susto porque no me lo esperaba. Por otro lado, muchos llevan cámaras para grabar incidencias y denunciar a vehículos que no cumplan las normas. Me parece bien, pero ¿no deberían llevar también algún tipo de identificación, como los demás usuarios, para actuar de igual manera si sucede lo contrario? No quiero quitarles derechos a los ciclistas, pero los que más tienen que perder deberían ser más cautos. ¿De qué les vale tener razón si acaban en un hospital? José Luis Pérez Zabala, Ontígola (Toledo)