Ignacio

EL BLOC DEL CARTERO

Todos los argumentos pueden objetarse. Todos los alardes dictados por impulsos sospechosos (y hay unos cuantos: el resentimiento, la vanidad, la esperanza de premio, terreno o ultraterreno, entre otros) cabe cuestionarlos, no importa lo extremos que sean, ni siquiera que terminen con la vida de su autor. Hay algo, sin embargo, que no admite objeción ni cuestionamiento: el gesto de sacrificarse por otro, sin más motivación que procurar el bien de ese otro o impedirle un mal. Eso es lo que convirtió a Ignacio Echeverría en un ser humano inobjetable e incuestionable cuando andaba a otras cosas por las calles de Londres. No disponemos de palabras ni de recompensas para corresponder a lo que hizo por todos. Solo nos cabe constatar que era uno de los mejores. Y tratar de aprender algo de él.

LA CARTA DE LA SEMANA

Mujeres olvidadas. Muchas de las viudas mayores de 65 años están en situación dramática, sobre todo las que dejaron de trabajar para dedicarse al hogar y criar hijos; y más tarde, al cuidado de los nietos y los padres propios y políticos. Cuando se quedan viudas, solo reciben el 52 por ciento de la base reguladora de su cónyuge. Además de la falta del compañero, la precariedad económica conlleva problemas psicológicos, necesidad de asistencia social, abandono de actividades… Y la revalorización de las pensiones es solo del 0,25 por ciento, por lo que siguen perdiendo poder adquisitivo. Es necesario resarcirlas y que sus pensiones sean el 70 por ciento de la base reguladora -como mínimo el salario mínimo interprofesional- y actualizado cada año. Mientras, el dinero público ha acabado salvando bancos y enriqueciendo a corruptos. F. Serrano Echeverria (Éibar)

Por qué la he premiado… Por llamar la atención sobre una indigencia de la que difícilmente puede responsabilizarse a quienes la padecen


A continuación el resto de cartas de la semana.

Valientes

Dicen unos versos de Sabina: «Que ser valiente no salga tan caro / que ser cobarde no valga la pena». Cuando leí que el español que defendió a una mujer que estaba siendo apuñalada en el puente de Londres se contaba entre las víctimas mortales del atentado me vinieron esos versos a la cabeza. No lo conocía y no soy de los que tienen el sentimiento patrio a flor de piel, pero sí soy de los que piensan que, si todos hiciéramos nuestra parte, tal vez el mundo sería un lugar un poco mejor. Ese día, Ignacio Echeverría hizo su parte y lo pagó caro. Cuando días antes leí lo que había hecho, recordé una fábula infantil que de niño se me quedó grabada a fuego: mientras un bosque arde, huyen todos los animales menos uno. El que se queda intenta sofocar las llamas como puede. Mientras lo hace, otro que pasa a su lado le dice que no sea loco, pues él solo nunca podrá sofocar el incendio. Sin dejar su actividad, el primero contesta. «Es cierto, yo solo no podré apagar el fuego. Pero al menos estoy haciendo mi parte». Eduardo Fernández López, Villalpando (Zamora)


Le bastó su monopatín

A la Policía de Salamanca se le ha ocurrido que los hosteleros no monten copas ni cubiertos en mesas desocupadas, para prevenir atentados. Es de suponer que a esta feliz idea seguirá la de prohibir la venta de Tizonas, Coladas o Excalibures en las tiendas de recuerdos. Personalmente, considero más peligroso un hombre armado con una catana que con un tenedor. Poco puede un arma de fortuna cuando se enfrenta a un sanguinario asesino. Sin embargo, a Ignacio le bastó su monopatín para plantarle cara al terror y ese valor que impulsa a los héroes a correr hacia el peligro cuando todos huyen. Algo que siempre ha salvado a la humanidad y ante lo único que se puede decir es «gracias». Juan Manuel López Vallina (Correo electrónico)


El poder no educa

Observo tres acciones de tres políticos. Primera: un exalcalde asiste a un concierto. Finaliza y él y su troupe dejan las latas de cerveza tiradas en el suelo: presumen que alguien vendrá a recogerlas. Segunda: la alcaldesa alquitrana y riega a diario la calle donde vive su familia. Yo sorteo socavones en la mía. Tercera. voy al volante. En un cruce, alguien en un vehículo de lujo debe cederme el paso. Enseguida compruebo que es un concejal; va a gran velocidad y no me cede el paso. Le observo ir, gira a la derecha y está a punto de atropellar a una peatona en un paso de cebra. O es mucha coincidencia o el poder no educa. Gabriel Barbero Consuegra, Úbeda (Jaén)


Demasiado

Tan solo hay que prestar un poco de atención para darnos cuenta de lo inmersos que estamos en el mundo digital. Observo con estupor cómo los adultos se encuentran absorbidos por esa tecnología que los aparta de lo mundano y consigue esa sublimación hacia lo moderno y lo cómodo. Pero realmente grave es la mezcla de adultez, adicción y paternidad. Y, añadamos, estupidez. Eso sí que produce estupor. Padres y madres ensimismados en sus pantallas hasta ser incapaces de oír las demandas de sus infantes. Es demasiado. Pero podemos curar esta estampa. De momento, creo, estamos a tiempo. Fernando Roca Barba (Barcelona)