Futurismos

EL BLOC DEL CARTERO

Hay quienes no son entre nosotros demasiado optimistas acerca del futuro que nos aguarda, y razones no les faltan para la inquietud. Una de ellas es la pérdida a un ritmo galopante de valores como la consideración hacia el trabajo ajeno, fenómeno del que un lector nos ofrece un ejemplo entre tantos otros. Otra es la aparición, casi cada día, de cacharros e invenciones que hacen innecesarios los oficios que servían a un buen número de personas para ganarse el pan y que ahora, como nos recuerda otro lector, ya solventan robots cada vez más perfeccionados y fiables, hasta hacernos temer que aprendan a inventar y a dejarnos atrás incluso en eso. Sin embargo, en medio del pesimismo, nos consuela, véanlo, el destello de la humanidad, gracias a un niño de apenas doce años que lo sabe todo de los dinosaurios.

LA CARTA DE LA SEMANA

Que nadie me diga que no se puede

Cada vez que alguien me dice que no se puede lograr una meta en la vida, les pongo el ejemplo de mi madre. Somos seis hijos y cuando tuvo al sexto tenía 42 años. Vio que con el sueldo de mi padre, funcionario, no daría para sacarnos adelante; tenía el certificado de estudios primarios y se puso a estudiar para sacar su plaza fija. Lo consiguió. Recuerdo a mi madre levantarse a las cinco para estudiar, ponía un radiador en invierno y a veces leía y planchaba a la vez. Salía de un curso y se metía en otro para así ir haciendo puntos (fue de las últimas personas que entró por puntuación en la Seguridad Social). Sacó su graduado escolar y FP, además de todos los cursos y cursillos que había en la rama sanitaria. Con sus certificados y diplomas, con sobresaliente y alguno con matrícula, tiene para forrar una habitación. Una persona con la preparación de la que partía, sin acceso a muchas cosas (a finales de los setenta), sin un hábito de estudio y un marido y seis hijos. Estudió con chiquillas con la mitad de años que ella y cero responsabilidades. Donde vivimos durante muchos años fue un ejemplo al que seguir. Nos ha enseñado a no darnos por vencidos jamás y a luchar por nuestras metas y que no importan ni la edad ni las circunstancias, solo hacen falta ganas y voluntad. Rosa Díaz López, Santander (Cantabria)

Por qué la he premiado… Por el ejemplo y el testimonio de carácter, en tiempos en que a muchos cuesta salvar obstáculos que no son mayores


A continuación el resto de cartas de la semana.

¿A dónde fue a parar nuestra educación?

Mi madre limpiaba oficinas, mi padre aguantaba golpes de mar. Consiguieron con su esfuerzo darles a sus tres hijos una educación y valores. No puedo sentirme más orgulloso. Quizá porque en mi profesión también me he visto alguna vez con una fregona en la mano o porque así creo que deben hacerse las cosas. Quién sabe. Bajaba por las escaleras del centro comercial, rodeado de desconocidos en fila de a dos. Una señora acababa de colocar al final del último escalón el letrero de «precaución, superficie mojada», mientras daba los últimos repasos con su fregona. Todos pasaron por delante sin prestar la mínima consideración, pisando y ensuciando de nuevo el suelo sin importarles su trabajo, tan digno como cualquier otro. No pude más que decirle: «Lo siento mucho, disculpe», para incredulidad y sonrisa burlona de mis congéneres de escalera. Y mientras me alejaba, fluyó por mi cabeza: ¿a dónde fue a parar nuestra educación? Óscar Camiño Santos (La Coruña)


‘Software’ versus trabajo

Me gusta estar al tanto de las novedades tanto de ciencia como de tecnología, pero últimamente algo me ha puesto los pelos de punta: existen, hasta donde he leído, dos prototipos, Pilot y Click, de auriculares inalámbricos capaces de traducir en tiempo real la friolera de hasta 37 idiomas. Me pregunto, cuando se comercialicen, qué ocurrirá con profesores, academias y escuelas de idiomas; o con las salidas profesionales de los futuros filólogos. ¿Será lo próximo un software que, mediante algoritmos, tras formular una serie de preguntas en causas criminales a investigados, testigos, acusadores y profesionales forenses, y tras implementar programas estocásticos periciales, imprima un veredicto inapelable? No hablemos ya de los robots que han ido sustituyendo a la mano de obra; por eso ahora se nos quieren ‘vender’ nuevas profesiones y hacer de la creatividad humana y el emprendimiento la panacea para lograr un empleo de calidad. No quiero ser agorero ni vidente, pero preveo oscuro futuro a las nuevas generaciones. Ojalá a alguien con peso específico se le ocurra algo: somos muchos millones los que tenemos la costumbre de comer todos los días. Desde ahora voy a estar más al tanto del arte, cine y literatura para no perder la esperanza. Vicente Palacios Asunción, Logroño (La Rioja)


He vuelto a creer en el futuro

He vuelto a creer en el futuro de la humanidad. Pero solo después de haber actuado como jurado en la Feria de la Ciencia de Santander, escuchando a niños de sexto de primaria explicar sus proyectos de investigación. Feria de la Ciencia, ese concepto que asociamos solo con colegios e institutos americanos, ocurre también en España. Aunque no fui capaz de encontrar a un solo periodista en el evento que pudiera hacer eco de aquella maravilla. Sin ciencia no hay futuro. Y en mitad del asunto se me ocurrió preguntar a un pequeño amante de los dinosaurios algo que solo sabe explicar el cinco por ciento de la población mundial. Y aquel niño, tras meditar treinta segundos, engranó perfectamente la respuesta. Bendita profesora de Ciencias que me ha hecho creer que con esos niños el futuro de la humanidad no corre peligro. José Ramos Vivas, Santander (Cantabria)


Hasta que se dijo ‘sí’

Desde las instituciones catalanas se exige un referéndum para que el pueblo decida si quiere ser un estado independiente. El primer paso es hacer una consulta en cuya pregunta se oculta deliberadamente que dicho estado quedaría fuera de la Unión Europea. En el caso de celebrarse, se reservarán el derecho a repetirlo periódicamente hasta obtener el resultado deseado. Una vez conseguido, se declararía la independencia. Pero, si al cabo del tiempo se alzan voces solicitando un nuevo referéndum para volver a la situación anterior, descubrirán amargamente la intolerancia y totalitarismo de esos políticos. Y que el derecho a decidir del pueblo catalán solo se respetó hasta que se dijo ‘sí’.  Juan Carlos Nieto Baleriola, Utebo (Zaragoza)