Respetándonos

EL BLOC DEL CARTERO

Varias cartas hablan esta semana del respeto, principalmente para echarlo en falta o pedirlo allí donde se lo siente ausente. Dos cartas reprenden al cartero por publicar antes otras, cuyas opiniones consideran indignas de expresarse o publicarse. Hay dos cartas sobre el valenciano: una que lo considera una forma del catalán y otra que cubre de ignominia a quien tal sostiene. Las dos se refieren también al respeto, ya sea a una Historia cierta e inapelable, ya a las necesidades de esos de quienes se olvidan quienes toman decisiones uniformadoras: los que compiten en desventaja. Quiere el cartero señalar que sólo considera impublicables las cartas que buscan ofender a otro, y que este espacio existe para que aflore la diversidad del pensar y el sentir. Quizá, también, para que aprendamos a respetarnos mejor.

LA CARTA DE LA SEMANA

Preocupaciones

Como integrante de la llamada ‘generación millennial’ (aunque aborrezco el término), observo con intranquilidad la enorme influencia que ejerce por la información globalizada en nuestra mente, en nuestras costumbres, en nuestras aficiones y, lo que es más preocupante (bajo mi punto de vista), en nuestras relaciones. Con el tiempo hemos avanzado tecnológicamente, y disponemos de la información que solicitamos en cuanto la precisamos (por ejemplo, gracias a redes sociales llenas de anzuelos de colores). Sin embargo, tengo dudas sobre nuestra capacidad para integrarla. cuando percibo a mis amigos, compañeros y quintos indignados, encantados, entristecidos, agradecidos, divertidos o sorprendidos frente a la información recibida en sus teléfonos, me planteo cuánta de esa información es, real y pragmáticamente, útil en nuestras vidas (y cuánta, simplemente y sin más, toca nuestra fibra). Quizá, en nuestro entorno tenemos problemas, que producen menos reacciones visibles al gran público, y frente a los cuales sí podríamos actuar, si no nos distrajeran medios tan luminosos con problemas tan lejanos. Samuel García Moreno (Logroño)

Por qué la he premiado… Por el ejemplo de consciencia, el esfuerzo de remontarse sobre los estímulos inmediatos, la búsqueda de un sentido que trascienda el siguiente clic


A continuación el resto de cartas de la semana.

Dani, discriminado

A Dani lo conoce casi todo el mundo. Es uno de esos seres denominados Down. Y esto lo hace frágil y vulnerable aunque él no lo sienta. Dani siempre sonríe. A todos. Es generoso, galante, ordenado y leal. Es feliz, muy feliz. Pero no lo sería si fuera consciente de todas las trabas a las que se enfrenta día a día, motivadas por quienes presumen de ser los defensores de los más desamparados, frágiles y necesitados. Un ejemplo. Para las personas como Dani es difícil expresarse. Bastante hacen para hacerse entender. Al parecer, a nuestros dirigentes locales y regionales (a algunos) esto no los preocupa. Y por mantener la lengua valenciana (catalana, para ser más exactos) apartan de la circulación a un montón de disminuidos castellanoparlantes que, sin poder protestar, deben limitar su movilidad porque, por ejemplo, en los anuncios sonoros del metro de «próxima estación» omiten (creo que a propósito) informar en castellano. Y no desprecio el valenciano, que lo hablo y bien, sino que los discapacitados que hayan nacido fuera de la Comunidad o que sean de zonas de habla castellana no podrán ir solos en este medio de transporte. Carlos Parrado Otero (Valencia)


Vándalos con complicidad

La prensa internacional se hace eco de las acciones vandálicas contra el turismo en Cataluña, Baleares, Comunidad Valenciana y el País Vasco. Parece que la campaña ha surgido de grupos juveniles independentistas catalanes (próximos a la CUP), y no pasaría de la categoría de anécdota de no ser por la complicidad que ha encontrado en algunos dirigentes políticos. Todo ello coincide con la publicación de datos sobre empleo y crecimiento económico que muestran que España ha recuperado lo perdido durante la crisis en gran medida gracias al turismo, convertido en el primer sector económico nacional. Tal vez por eso desde algunos grupos radicales se promueven estos actos. Pedro García, Sant Feliu de Guíxols (Girona)


La tradición de quemar el monte

Un año más cumpliremos con las 40.000 hectáreas de monte quemado, una tradición ya. Alguien debería interpelar en el Congreso al Gobierno del por qué no se acaba con este terrorismo ecológico. No basta con echar la culpa a la falta de medios, a la sequía, a las altas temperaturas o al destino, máxime cuando más del 90 por ciento de los incendios son planificados para hacer daño y cuando ya el 70 por ciento del territorio nacional está en grave riesgo de desertización. La solución debería venir de una mayor implicación del Gobierno y de todas las fuerzas políticas, de una mayor prevención, limpiando el monte en invierno, creando más cortafuegos e imponiendo mayores penas para los incendiarios. No podemos dejar que se arrase la riqueza forestal de todo un país y que esto se normalice desde el fatalismo y la resignación. L. Carlos Núñez Gómez (Valladolid)


Decidir la propia muerte

De repente, la idea que todo lo cambia o bastante. Y un horizonte nunca previsto que se me abre. ¿Por qué no es posible elegir la propia muerte como uno quiera y cuando quiera? Sin pegas religiosas o sociales, al revés: con ayudas religiosas y sociales. Ochenta y cinco años. La muerte en perspectiva cierta es un lío. ¿Esperar mientras me ralentizo, me deshago, me discapacito? Vaya porvenir… Y para colmo tener que resolver ahora -misión imposible- la falta de medios para buscar y pagar cuidadores. Ya estoy satisfecho con lo mucho vivido. Qué bien si puedo planificar cómo marcharme despidiendo en paz y animando a familiares y amigos. Y de paso haciendo un favor al dejar de consumir en este mundo de pocos recursos. Es un sueño y mi solución y la de muchos ancianos. Por favor, rápido, libertad de elección de la propia muerte. Pablo Osés Azcona, Fuengirola (Málaga)


Reconocimiento de la lengua valenciana

En el XLSemanal del 6 de agosto leo con asombro e indignación que se atreve a premiar la carta Hermanados por los idiomas, en la que se comete la más absurda y dolorosa mentira de la Historia: que el valenciano y el mallorquín son una variedad del catalán. En Valencia llevamos décadas bajo la tiranía del catalanismo, que solo se cura leyendo y conociendo la historia de Valencia. El valenciano tiene un siglo de oro de literatura, cosa que jamás ha tenido el catalán; las dos lenguas vienen del latín y tienen la misma raíz, pero son absolutamente diferentes e independientes. Me duele que se menosprecie nuestro idioma rebajándolo a una variante de otro que nunca llegará a tener, en la historia verdadera, el reconocimiento de la lengua valenciana. Espero que entienda mi indignación y la de la mayoría de valencianos. Belén Moratal Hurtado (Valencia)


La falta de respeto es suya

Escribo en relación a la carta Cinismo gay de la revista nº 1551. La falta de respeto es suya, no nuestra, no de nuestra comunidad; que tenga el nervio de quejarse sobre eso… ¿Qué le da derecho? No tiene ni idea de lo que ha tenido que pasar esa gente con la que parece estar tan indignada sobre su actitud. Sí, la misma gente a la que le pide respeto hacia católicos, ha sufrido acoso, marginalización, falta de respeto, amenazas, palizas, han sido incluso asesinados por su querida comunidad en nombre de su querida Iglesia y creencias. Tampoco puedo creer que la revista haya publicado esa carta… Irene Martínez Yufera (Correo electrónico)


De aeropuertos y trenes

En estos días de verano los ciudadanos del primer mundo compartimos aeropuertos, trenes, estaciones… Pacientes, hacemos cola a la llegada a hoteles, bares y restaurantes. Cuánta importancia adquieren entonces las normas de educación y convivencia. Resultan básicas y rozan la obviedad, pero no para todos. Basta con que alguien tenga un gesto amable y qué clima tan agradable se crea alrededor. Dejar paso sin atropellar, pedir permiso para reclinar el asiento, encender una luz o abrir una ventana. He podido apreciar que resultan muy contagiosas. Me atrevo a animar a quien me lee a seguir poniéndolas en uso, que a nadie le amarga un dulce. Ana Millán Muñoz (Sevilla)


El derecho al respeto

Hace unos días, el médico le dijo a mi madre que a los 85 años uno, como mínimo, había ganado el derecho al respeto. Es deplorable y no hay calificativos para quienes pierden los papeles e insultan, gritan y degradan a personas mayores, de 85 y 90 años. Cuando los hechos vienen de alguien que en su jornada laboral representa al orden público, ahí me quedo sin adjetivos. Desde el dolor, y las consecuencias irreparables de esta actuación, me hago eco de las palabras de la doctora y reclamo, para todos nuestros mayores, respeto y dignidad; es lo menos que se puede exigir. Quiero agradecer de paso a esta doctora y a otros médicos su atención desde el cariño y la paciencia cuando más lo necesitan. También confío en que los agresores se miren al espejo, y sientan vergüenza de sí mismos. B. Álvarez L. (Bilbao)


Redes sociales

Han pasado solo unos años, pero recuerdo lo difícil que era para los que vivíamos en el extranjero enterarnos de lo que ocurría en España. Los periódicos locales apenas sacaban alguna información, y la poca prensa española que llegaba era atrasada. Hoy todo es más fácil. Pero estos avances, útiles a todas luces, han traído aparejados cosas más turbias. Las redes sociales, que sirven como plataforma para diarios y noticias, también lo son para las interacciones llenas de odio de muchos de los que deciden dejar allí sus comentarios. Una gran parte son insultos que buscan el enfrentamiento contra cualquiera. Por no hablar de la pésima ortografía que se utiliza. Los comentarios serios, serenos y sensatos de personas que leen y se informan se embarran con los que solo buscan volcar allí su frustración. La coherencia y la educación se difuminan entre los exabruptos virtuales. Leyendo los comentarios de ciertas noticas, se podría escribir un tratado sobre la inquina patria. Sin sentido crítico del mundo que vivimos, y sobre todo sin respeto a las opiniones de los demás, por muy contrarias a las nuestras que sean, las redes sociales no sirven de nada. Al menos no para lo que fueron creadas. Tal vez, deberían desarrollar unas redes sociables para aprender a comportarnos en las redes sociales. Que de eso tienen de verdad muy poco. Eduardo Fernández López, Villalpando (Zamora)